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El Partido Socialdemócrata de Dinamarca logró en las elecciones parlamentarias celebradas este martes una clara victoria con un cierto sabor a derrota. La formación liderada por la primera ministra, Mette Frederiksen, cosechó el 21,9% de los votos y fue la fuerza más respaldada por una amplia diferencia, pero su resultado fue el peor desde 1903 y perdió 12 de sus 50 escaños. Los comicios dejan un escenario político incierto, con un Parlamento profundamente fragmentado y unas negociaciones para formar Gobierno que se prevén largas y complejas. No obstante, la líder socialdemócrata se perfila como la candidata con más opciones de encabezar el próximo Ejecutivo del país escandinavo.

Es difícil ver a Pau Cubarsí con el rostro serio, mucho menos perder su habitual tranquilidad. Hasta que se enfrenta a la prensa. “No es que me ponga nervioso, pero me cuestan más las entrevistas que jugar con 80.000 personas mirándome”, explica. Como si saliera del pasado, al central del Barcelona y de la selección española le interesa el fútbol, no la fama. Sin tatuajes ni pendientes, asume su rol de referente, pero no olvida que nació hace 19 años en Estanyol, un pueblo de cerca de 200 habitantes en la provincia de Girona, donde sus padres regentan una carpintería familiar. Seguramente por su personalidad, también por su actitud, todos en Las Rozas y en Sant Joan Despí coinciden en que Cubarsí es un chico normal.

Fueron apenas nueve golpes. Un driver, dos maderas tres, un sandwedge, un chip y cuatro putts. Poco movimiento. Y no en un campo de golf real, sino en una combinación de un green físico y un simulador en una Liga virtual (TGL) en Florida. Pero suficiente, en cualquier caso, para afirmar que Tiger Woods volvió a jugar públicamente por primera vez desde que falló el corte en el Open Británico de 2024. Y para alimentar la gran pregunta que se hace el mundo del golf: ¿Jugará el próximo Masters de Augusta?
Al ver aparecer a Simon Chevrier (Saint-Nazaire, 1992) en un bistró del barrio parisiense de Belleville, con una mezcla de aplomo y timidez, viene a la cabeza aquella famosa estirpe de nerviosos, “magnífica y lamentable”, de la que escribió Proust. Alto, enjuto y de mirada intensa, el escritor francés parece uno de esos seres para quienes todo sucede demasiado cerca de la piel y que, precisamente por eso, perciben con nitidez lo que a los demás se les escapa.

Entre 1973 y 1983, Salvador Dalí se encontraba en plena madurez artística y desbordado por el ansia de experimentación con la que vivió casi toda su vida. Aunque la pintura fue el soporte estelar de su extensa carrera, cada año jugaba con varias esculturas que le proporcionaban el placer de ensayar algo diferente. En esa década trabajó con composiciones a la cera a las que trató de dotar de una tercera dimensión. Realizó alrededor de 50 esculturas que vendió a dos amigos coleccionistas, Isidro Clot y Juan Quirós. Fundidas en bronce, han pasado décadas hasta que la Fundación del artista ha regularizado su situación. Una parte notable de la colección se expone de manera permanente en el palacio Gaviria de Madrid bajo el título de Salvador Dalí infinito. Las 14 esculturas están acompañadas de dibujos preparatorios, obra gráfica y fotografías del artista tomadas durante sus actividades cotidianas.
Escribir Para toda la humanidad es como inventarse un libro de historia que nunca sucedió. La serie, que comenzó su sinopsis en 1969 con los soviéticos adelantándose a los estadounidenses en la llegada a la Luna, alcanza en su quinta temporada ya el año 2012, un hito en 50 capítulos que la hace un proyecto sin parangón en televisión. Como si fuera el Cuéntame de una tierra alternativa, la serie de ciencia ficción ha repasado el devenir global durante cuatro décadas, y no piensa quedarse ahí, sino que en su sexta y última temporada alcanzará un presente paralelo al nuestro.

Con la tendencia que el género cultiva en torno a libros intercambiables y con cierta planicie literaria, cuando no ausencia de cualquier estilo, vamos en esta ocasión con cuatro apuestas que están en las librerías y que nos prueban que hay mucho más allá. Y no dejan de ser novelas muy bien hechas y que les robarán horas de sueño. Casi todas han salido en las últimas semanas, porque si no seguiría hablando de Mr Fox de Joyce Carol Oates o de la última entrega del gran Ricardo Cupido a manos de Eugenio Fuentes, por ejemplo, o de El rey de las cenizas, de S. A. Cosby (en la lista larga de finalistas del Pen Faulkner, ya que hablamos de literatura). Pasen y lean.
Mientras sonaba la elegante música de Bruce Broughton y los créditos finales de El secreto de la pirámide se deslizaban por la pantalla, veíamos un carruaje avanzar sobre la nieve, el mismo carruaje desde el que su protagonista, un joven Sherlock Holmes, se había despedido del fiel Watson. O eso creían los espectadores despistados. La sorpresa llegó cuando, tras adentrarse en un hotel, contemplábamos por fin el rostro del viajero y leíamos su firma en el registro de huéspedes: Moriarty. Un caramelo para cualquier seguidor de la obra de Conan Doyle, que acababa de descubrir el origen de un personaje esencial. ¡El enemigo de Holmes no había muerto y además se iba a convertir en su futura pesadilla! ¿El problema? Que en ese momento la mitad del público había abandonado la sala.

En términos de comodidad en calzado, gran parte de la población ya ha entrado en el universo de zapatillas barefoot. Su éxito va de la mano de un confort difícil de igualar gracias a su enfoque en la salud del pie.


El experto en seguridad iraní Ali Vaez (Shiraz, 46 años) está convencido de que la ruptura del pacto nuclear con Irán por parte del presidente Donald Trump fue un error que abrió el camino a la guerra que ahora han desatado Estados Unidos e Israel contra Teherán. El acuerdo limitaba el programa nuclear iraní a cambio de levantar las sanciones económicas al país. Vaez, físico nuclear en el exilio, participó directamente en los esfuerzos para tender puentes entre la República Islámica y las potencias que negociaron el acuerdo en 2015.