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Hay días en que uno apaga la televisión y también salen tertulianos. El doctor Cabrera es uno de ellos. Es un personaje televisivo que lleva más de una década opinando sobre sucesos y casos mediáticos. Pero —siempre hay alguno que otro cuando se opina— desde que Horizonte se ha metido en la batalla política de las tertulias nocturnas, sus intervenciones se han vuelto cada vez más polémicas y virales que nunca.
El riesgo cero no existe, repiten rotundos los expertos, y menos ante un desastre como el causado en la provincia de Valencia por la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó 233 fallecidos, precipitaciones extraordinarias de más de 771 litros por metro cuadrado en apenas horas y caudales superiores a los 2.200 metros cúbicos por segundo —varias veces el caudal del río Ebro—, bajando a toda velocidad por ramblas y barrancos. El resultado fue una gran ola que se llevó todo por delante en la zona cero, un territorio densamente poblado y vulnerable por su alto riesgo de inundación. Después ha habido más danas y episodios de lluvias torrenciales y en todas ellas la población ha revivido el miedo a que una tragedia así se repita. “Queremos un futuro mejor y que los proyectos se hagan. Nos interesa estar en un horizonte seguro”, reivindica Salvador Piqueras, miembro de uno de los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción (CLER), creados tras la dana para dar voz a la población damnificada por la riada.

El diputado Carlos Mazón no hace vida de pasillos, no se le ve en la cafetería, no participa en los debates, no hace declaraciones, no asiste a las comisiones, ni presenta iniciativas parlamentarias. Llega al pleno de Les Corts Valencianes en su coche oficial de expresidente de la Generalitat, a menudo acompañado por el que fuera su jefe de gabinete y ahora asesor, José Manuel Cuenca; saluda, se sienta en su escaño de la última fila, saca su ordenador, se pone las gafas, aplaude a sus correligionarios del PP, charla con los diputados o consejeros que se le acercan y vota. Normalmente, se ausenta durante las intervenciones de la oposición, que, sin embargo, no dejan de mencionarlo.


María todavía no ha podido pasar página de la tragedia que fue la dana del 29 de octubre de 2024. Aún se encuentra inmersa en un proceso tan sensible que ha pedido no publicar su identidad real, por lo que este es un nombre ficticio. Dos años después de que sucediese la riada más fuerte del siglo XXI que dejó 233 muertos, esta mujer sigue luchando para que reconozcan a su madre como una víctima más de las inundaciones. Su progenitora era una de las usuarias de la residencia Savia de Paiporta, donde el agua irrumpió aquel día y dejó, según especifica el sumario de la causa, al menos seis fallecidos. La madre de María estaba también allí, pero no murió esa tarde porque fue rescatada por los trabajadores del centro. Permaneció durante horas mojada y cogió una neumonía que acabó con su vida en un hospital de Valencia cuatro días después. “Estoy con mucha ansiedad y con tratamiento psicológico porque es un proceso muy costoso y muy doloroso hasta que esto se averigüe”, explica la hija.

La Tierra se mueve de tres maneras: sobre sí misma, con la rotación; alrededor del Sol, con la traslación; y oscilando como una peonza, en un lentísimo movimiento que tarda en completarse unos 26.000 años y que se conoce como precesión. Debido a su existencia, el cielo de hoy es distinto al que vieron otros hombres y mujeres a lo largo de la historia. Con el esoterismo europeo de la primera mitad del siglo XX se popularizó la idea de que las eras astrológicas marcaban el signo de los tiempos, según donde estuviera el Sol en el primer día de primavera: la Antigua Grecia y la República romana coincidieron con la era de Aries, el cristianismo con la de Piscis y pronto llegará la de Acuario, si no lo ha hecho ya. La New Age se subió al carro, y Raphael se desató cantando aquello de Aquarius. Los 2.000 años de duración de cada era son flexibles: Carl Jung, por ejemplo, situaba el inicio de Acuario entre 2000 y 2200. La astrología tradicional, que prefiere medir los cambios de época con las conjunciones de los señores del tiempo, Júpiter y Saturno, que se unen ópticamente en el cielo cada 20 años, dice que el momento importante fue el 21 de diciembre de 2020, cuando se produjo la primera “gran conjunción” en Acuario desde la Edad Media. Las redes pensaron que, esta vez sí, iba a comenzar el nuevo tiempo, pero muy alejado de la paz y el amor que profetizó la interpretación hippie. Simbólicamente, Acuario es la ciencia y la tecnología, el progreso, la inteligencia, la comunidad y la revolución, pero todo ello de una forma desapegada y etérea, incluso implacable, porque es un signo de aire. El wifi de casa, por ejemplo, sería muy Acuario.
La anunciada reanudación de las conversaciones entre Rusia, Ucrania y EE UU para finalizar la guerra iniciada por Vladímir Putin podría alimentar unas esperanzas de paz hoy por hoy ilusorias. El presidente ruso, que envió sus tropas a la conquista del país vecino el 24 de febrero de 2022, ha reiterado recientemente que desea el fin de las hostilidades bélicas en Ucrania, pero su idea de “paz” consiste hasta ahora en satisfacer unas exigencias inalterables, incompatibles con el futuro de Ucrania como estado independiente y amenazadoras para la seguridad de sus vecinos occidentales europeos.

A de La asesina ilustrada: la novela nació de la idea de un libro que mata a todos sus lectores. B de Bartleby, el escritor que no escribe: un diagnóstico que inauguró una taxonomía de enfermedades literarias. C de citas: todas las citas son falsas y todos los recuerdos son inventados, incluido este. D de Marguerite Duras: casera de Vila-Matas en París. Su joven inquilino le preguntó qué le hacía reír. Las caídas por pisar pieles de plátano, soy muy clásica, dijo ella. E de escribir, también de Duras, y su frase: “Escribimos para saber lo que escribiríamos si escribiéramos”. F de F for Fake, una de sus películas preferidas: su obra está llena de imposturas, falsificaciones, fetichistas e imitadores (y paranoia). G de Gombrowicz, el escritor al que quiso parecerse antes de leerlo. H de Historia abreviada de la literatura portátil, donde inventaba una sociedad secreta, de la que formaban parte Duchamp, Fitzgerald, Vallejo y Georgia O’Keeffe. Ahí arrancan su canon excéntrico y su mundo literario. I de identidad: carga pesadísima. J de Julien Gracq y su La littérature à l’estomac. K es de Kafka, que durante mucho tiempo aparecía en las portadas de todos los libros de Vila-Matas. Algunos textos suyos tienen algo de versiones de la Carta al padre: a veces le da la razón al hijo y a veces al progenitor. L por literatura: “Yo no escribo sobre literatura, soy literatura”, dijo una vez, y se quedó tan ancho. M por El mal de Montano, preocupante enfermedad libresca. N de no, por los escritores del no y su renuncia radical. Ñ por la lengua española: un castellano elegante y de oraciones largas, con un humor entre Dalí y Buster Keaton y frases que funcionan como leitmotifs. O por la orden del Finnegans. P de Perec, escritor lúdico y triste, agotador de plazas y hospitalario dueño de una cafetería en París, que no se acaba nunca. Q por cucaracha, que según Sergi Pàmies es el animal favorito de Vila-Matas, porque fusiona lo mexicano y lo kafkiano. R de Rilke en Ronda; de Rosa Schwarzer, que vuelve a la vida; de raro. S de Tristram Shandy, que leyó en la traducción de Javier Marías, y que le inspiró una conspiración y el dibujo de las dedicatorias. T de tímido: La timidez es una máscara y el humor es otra, no dejes que te quiten las dos al mismo tiempo: una idea de Monterroso que cita Vila-Matas. U de unión de narración y pensamiento. V es inicial del apellido, de viajes y de vida, y recurre sospechosamente en los títulos. La W es de Robert Walser y su Jakob von Gunten. X de exploración y extraño. Y de yo: “Soy el que se desconoce”. Z, de tapiz que se dispara en muchas direcciones.
La campaña electoral discurría por los derroteros de la frivolidad, hasta que otra tragedia nos recordó para qué sirve votar. Mientras algunos se dedicaban a la virtualización política, hablándonos de partidos útiles, de jugadas maestras o de cómo sacar más escaños fusionándose en una misma candidatura electoral, la realidad llamó a la puerta. Una setentena de españoles perdió la vida en el choque de trenes en Toledo. Sin embargo, no esperen que el poder político asuma tampoco esta vez ninguna responsabilidad.
También en la televisión hay que saber cuándo parar. American Horror Story debería haberlo hecho hace tiempo, pero en su temporada número 13 el ridículo ha alcanzado niveles celestiales. Ryan Murphy y su equipo querían presentar este año un evento especial con el regreso de sus primeras espadas interpretativas y algunos de los personajes más recordados, pero todo ha quedado en una historia sin rumbo ni sentido y a mayor gloria de una exagerada Jessica Lange, en la piel de cinco personajes.
En la década de 1980, Dick Eussen trabajaba como jefe de un equipo de bomberos en el Parque Nacional de Kakadu, en el norte de Australia. Un día trataban de impedir que un incendio de pastizal cruzara una carretera cuando apareció un nuevo foco al otro lado. Eussen se acercó para apagarlo y entonces vio pasar frente a él a un milano silbador. Entre las garras llevaba una rama humeante. El ave dejó caer el palo sobre la hierba seca y empezó a salir humo.