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El actor y presentador Antonio Garrido visitó Santiago de Compostela con sus hijos y tuvo una mala experiencia con la comida: según su propia versión, las alitas de pollo que le sirvieron en una famosa multinacional de comida rápida “sabían a podrido”, algo que difícilmente habría ocurrido en A Noiesa, O Sendeiro o Casa Marcelo, por poner solo tres ejemplos de la siempre valorada gastronomía gallega. Salvando todas las distancias, algo parecido ocurre con el Barça de Flick, a quien muchos aficionados siguen reclamando una versión más industrial con la que asaltar los grandes mercados europeos, a costa, claro está, de vender su alma expresionista al diablo.
La lechuga y el atún o el bonito hacen buena pareja, y eso lo sabemos desde que se inventó la ensalada mixta allá por el Pleistoceno. Nada que objetar a ese clasicazo, que nos ha acompañado en tantísimas comidas y siempre funciona cuando está bien hecho, pero como también estamos por la innovación, reivindicamos a la vez las fórmulas que se salen de lo corriente. Hace unos años ya publicamos tres ensaladas de lechuga que no son la de siempre. Hoy volvemos a la carga con una receta que une esta verdura con sus amigos el bonito y las aceitunas, y la refresca con un aliño de limón y tomillo.

Octubre es el mes de la concienciación sobre la dislexia, una oportunidad para poner el foco en una dificultad específica del aprendizaje que todavía está rodeada de mitos y confusión. “Soy estúpida. Nadie dirá nunca que tengo un talento brillante con las palabras. Me esfuerzo. Pero eso no se nota”, comienza un poema que se hizo viral en redes sociales en 2016 y que refleja algunas de las ideas negativas que pueden acompañar a quienes padecen dificultades lectoras. Más allá de esas percepciones, la dislexia puede afectar a la precisión, la fluidez y la comprensión lectora, y su detección temprana resulta clave para poder intervenir.

Este octubre se cumplen seis meses desde que el PP inaugurase la segunda ronda de Gobiernos autonómicos con Vox. María Guardiola, baronesa extremeña, cedía de nuevo ante la extrema derecha incluyéndola en su Ejecutivo y desataba la caída del resto de fichas del dominó: Aragón, Castilla y León y Andalucía. En todas los pactos, los populares dieron cancha a la formación de Santiago Abascal, cuya agenda ultra ha ido avanzando en los boletines territoriales desde entonces hasta hoy. Medidas que se han acelerado con el inicio del curso político, así como con la paulatina aprobación de los Presupuestos autonómicos en plena precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre en la que, según las encuestas, la alianza de PP y Vox puede alcanzar una mayoría de gobierno.
Las infecciones de transmisión sexual (ITS), que llevaban una década disparadas en España, remitieron en 2025. El último informe del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), que adelanta EL PAÍS, muestra una leve caída de la sífilis y del linfogranuloma venéreo, una estabilización de casos de gonorrea y una subida moderada de clamidia. El documento no refleja el VIH, que se mide en otro informe independiente y que lleva unos años estabilizado.
La carrera por liderar la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha comenzado. Entre los siete candidatos propuestos por los países para sustituir a Tedros Adhanom Ghebreyesus como director general de este organismo de la ONU está la española María Neira. Esta médica fue durante años directora del Departamento de Salud Pública y del Medio Ambiente de la OMS y ha centrado una parte importante de su labor en poner el foco en los vínculos entre la salud y el medio ambiente.
Paco Rabal (Águilas, Murcia, 1926-Burdeos, Francia, 2001) podía llenar una pantalla con la voz y la presencia física. Fue uno de los grandes actores españoles del siglo XX, capaz de trabajar con algunos de los cineastas más importantes de su tiempo sin olvidar sus orígenes. Detrás de aquella figura rotunda había un hombre que entendía la interpretación como un oficio y mantuvo hasta el final la curiosidad de quien todavía tiene algo que aprender. Esa es la imagen que reconstruye 200 vidas. Paco Rabal, el documental dirigido por Vanesa Benítez (Osuna, Sevilla, 46 años), que llega a los cines este viernes, en el año del centenario de su nacimiento.

Con un par de asesinatos truculentos comienza Una tumba en Al Ándalus (Tusquets), la tercera entrega del escritor que, con el seudónimo de Lorenzo G. Acebedo, novela al poeta medieval Gonzalo de Berceo como investigador de crímenes y dotado de un humor sarcástico. Aparentemente, se trata de muertes perpetradas por gente de baja estofa, pero en realidad orbitan sobre ellas los más altos poderes de la época. Así sucedió ya en los títulos precedentes de esta serie, La taberna de Silos (2023) —un éxito de crítica y ventas—, y La Santa Compaña (2024). Dos thrillers que cuentan con el atractivo de retratar la vida de los monjes medievales peninsulares e ilustrar sobre el arte románico.

Netflix necesita más y más youtubers para que la llama siga ardiendo. Este lunes, la plataforma de streaming anunció que retransmitirá en exclusiva La velada del año de Ibai Llanos hasta 2029, pero el español es solo el último creador de contenidos de la plataforma de Google al que Netflix ha echado el guante en su estrategia de los últimos meses. Llanos es parte de un engranaje que va mucho más allá.
“¿Qué os preocupa a vosotras?”, preguntó el tiktoker CharlyOkei a tres muchachas jovencísimas. “¡Ceuta!”, contestó rauda una. “¿Sabrías situarla en un mapa?”, continuó el entrevistador. Ante su titubeo, otra se adelantó: “Claro, al lado de la Antártida”. Confieso que durante nanosegundos dudé si sería una metáfora del aislamiento que la muchacha considera que sufre la ciudad autónoma. No tardó en despejar mi duda: “Claro, está Ceuta, Melilla y la Antártida”, sentenció. “La Antártida está arriba”, corrigió la que permanecía callada. Conocimientos de geografía cero, pulseritas tres. Porque todas lucían pulsera de España, obvio. Las ves y das por sentado que quienes las portan tienen un conocimiento del país medio alto, pero no, solo es parte del outfit, como los que llevan camisetas de los Ramones porque las vende Zara, pero no diferencian a Joey Ramone de Ramón y Cajal.