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En 2019, un fuerte temporal marítimo desenterró un pecio del siglo IV d. C. a solo 65 metros de distancia de la playa de Ses Fontanelles (Mallorca). Así, a dos metros de profundidad, se hicieron visibles los restos de una embarcación de 12 metros de eslora y cinco de manga que transportaba en dos niveles 320 ánforas perfectamente conservadas. Seis años han tardado los arqueólogos en descubrir quiénes fletaron aquel barco que naufragó próximo a la costa balear, qué productos transportaba, de dónde partió y hasta cuánta gente participó en el etiquetado de los envases. El estudio Epigrafía anfórica del pecio tardorromano de Ses Fontanelles (Mallorca) califica el hallazgo de “extraordinario, pues nunca hasta ahora se había encontrado un pecio con el material in situ en un estado óptimo de conservación que ofreciera la posibilidad de estudiar el cargamento anfórico engranando múltiples piezas, que normalmente nos llegan fragmentadas y dispersas en los yacimientos subacuáticos”.



El cine brasileño disfrutó en los años sesenta de esa cosita tan vistosa pero también efímera llamada moda. Y recuerdo haberme sentido impresionado (todavía era sensible a las críticas de cine y al nacimiento continuo de cinematografías exóticas que iban a revolucionarlo todo) por Dios y el diablo en la tierra del sol. Por si acaso, no he vuelto a verla, admitiendo su exotismo y su militancia. También recuerdo haberme aburrido notablemente con otras. Y después, en los años setenta, ese país sufrió una dictadura, tan asquerosa y salvaje como todas ellas, y consecuentemente también prohibió el cine que intentara hablar del estado de las cosas. Pero no pudieron anular la maravillosa música que se creaba en ese país. Ahí estarán para siempre las canciones de Caetano Veloso, Vinicius de Moraes, Chico Buarque, Antônio Carlos Jobim.
Dirección: Kleber Mendonça Filho.
Intérpretes: Wagner Moura, Tánia Maria, Hermila Guedes Kaiony Venâncio, Udo Kier.
Género: drama. Brasil, 2025.
Duración: 161 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
El fantasma de mi mujer, la nueva película de María Ripoll, es una comedia loca de enredos de cama e infidelidades que parte de buenas ideas pero no logra ir más allá de sus intenciones. Sin un colchón perfecto, propio de las grandes películas de este género, es difícil soportar el peso que implica la comedia disparatada. El reto es dar con el tono, ese intangible capaz de provocar carcajadas con la mezcla de gags excesivos y chistes rijosos.
Dirección: María Ripoll.
Intérpretes: Javier Rey, Loreto Mauleón, María Hervás, Macarena Gómez, Marcos Cáceres.
Género: comedia. España, 2026.
Duración: 95 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Entre las cinco candidatas al Oscar a la mejor película de animación siempre se han colado títulos ajenos al puro entretenimiento, al cine de multisalas y palomitas, al espectáculo de masas que, con más o menos arte (normalmente, con bastante o mucho arte), arrasa en taquilla. Pero en los últimos años, junto a las inevitables Disney, Pixar y DreamWorks, grandes productoras animadas estadounidenses quizá lejos de su mejor forma, los nominados foráneos con un mundo y un estilo más adulto y complejo, además de creativo, se han hecho aún más constantes.
Dirección: Maylis Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang.
Género: drama de animación. Francia, 2025.
Duración: 77 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Del Nuevo Hollywood de finales de los años sesenta y setenta solemos recordar algunos de sus grandes hitos en sus diversas vertientes, de El graduado a Tiburón pasando por El padrino. Pero, en los 14 años que básicamente duró el mejor periodo histórico del cine estadounidense (y mundial), hubo un enorme número de títulos, mucho menos conocidos para el gran público y quizá más desequilibrados, que en cambio enarbolaron la bandera de la autenticidad, la cercanía, la energía y la madurez a través de relatos protagonizados por gente vulgar y corriente, y dirigidos por cineastas que solían llevar su cámara y ejercitar su mirada como si te estuvieran apuntando a la cabeza con una pistola a centímetros de distancia.
Dirección: Bradley Cooper.
Intérpretes: Will Arnett, Laura Dern, Andra Day, Ciarán Hinds, Bradley Cooper.
Género: drama. EE UU, 2025.
Duración: 124 minutos.
Estreno: 20 de febrero.
Desde 2026 es difícil acercarse sin cierta suspicacia a temas tan manoseados por la ficción como el machismo en el ámbito legal o en la historia queer. Allí donde nos habían prometido una relectura lúcida de opresiones vividas, nos han colado demasiadas veces una trama netflixera de superación banal. En Un asunto de familia, la primera novela de Claire Lynch, esta voluntad de rescatar realidades marginales del olvido es evidente: estamos en los años ochenta y Dawn, una mujer casada, se enamora de otra mujer y deja a su marido. Con este ejemplo ficticio la autora rememora los procesos humillantes que se daban en este tipo de divorcios y, como en este caso, a menudo acababan con la mujer obligada a abandonar a los hijos. Pero la gracia es que el resultado del juicio es conocido desde el principio de la novela (desde la contraportada, de hecho), no es una conclusión trágica. La historia se intercala con el relato del 2022, cuando a la hija, Maggie, que es una mujer adulta y muy unida a su padre, Heron, le llega el momento de desenredar la historia familiar que le han ocultado. En este doble tiempo está toda la profundidad de la novela: el pasado reciente queda tan lejos, en un sentido moral, que la incomprensión es absoluta.



El Desafío Semanal es un reto para los lectores de EL PAÍS, con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales del periódico. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones y sugerencias en los comentarios de esta noticia o escribiendo al correo juegos@elpais.es.
La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), una de las organizaciones que en los últimos años ha marcado el discurso de la derecha ultraconservadora, llega este viernes a un día crucial: la apertura del proceso de canonización de su fundador, el sacerdote jesuita Ángel Ayala. Es decir, el inicio del camino para reconocer “la santidad” de Ayala y elevarlo a los altares. Es una iniciativa ambiciosa, pues estos procesos son largos y deben cumplir unos requisitos exigentes, regulados por el Dicasterio de la Causa de los Santos. Pero, por otra parte, es una oportunidad que, de cumplirse, colocaría a la ACdP en la primera división de los movimientos y asociaciones laicales del mundo cuyos fundadores son santos.

Las universidades públicas madrileñas no tienen tiempo que perder, no. En un año en el que hay más estudiantes de Medicina matriculados en universidades privadas, pagando una media de 20.000 euros anuales, que en universidades públicas, el tiempo se agotó. Cuando Madrid sigue siendo la comunidad con el profesorado peor pagado, con tasas de temporalidad que doblan las del maltrecho sector hostelero, con las matrículas más altas, con menos becas por estudiante, que menos invierte en ciencia, que más talento expulsa, cuando todo eso ocurre en la comunidad más rica de España y en una de las más ricas de Europa, y cuando pese a esa asfixia una única universidad madrileña, la Complutense, produce más tesis doctorales que 46 universidades privadas, todas las de España, juntas, entonces se puede decir, sí, que el tiempo se ha acabado. Se acabó en realidad hace mucho tiempo, pero cristaliza hoy con la caída de una consejería casi al completo.
A la lingüista Emily M. Bender (Washington, 52 años) y la ingeniera, matemática y socióloga Alex Hanna (California del Sur, 40 años) les une un sentimiento mutuo: su “deseo de desinflar el bombo que se le está dando a la inteligencia artificial (IA)”. Así lo declaran en las primeras páginas de La estafa de la IA, que Paidós publica en España esta semana. El libro surgió como una respuesta a la continua exaltación de las capacidades y virtudes de la IA, a la que las autoras prefieren llamar “máquinas generadoras de contenidos sintéticos”.