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El acuerdo alcanzado por Partido Popular y Vox para las listas del Senado surge en respuesta a los pactos alcanzados por las fuerzas progresistas para la Cámara alta. Vox renuncia a concurrir en 14 circunscripciones y en otras 14 presenta un solo candidato. El PP, por su parte, hará lo mismo en tres, Gipuzkoa, Girona y Tarragona, un alto precio para un partido de Estado que ha gobernado España más de 13 años y aspira a volver a hacerlo.
El viejo dicho cobra hoy más relevancia que nunca en el contexto del proceso de selección de quién sucederá a António Guterres al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas.
La huelga de educación de la Comunidad de Madrid llega a su tercera semana sin que ni siquiera haya empezado una negociación entre los profesores de las enseñanzas no universitarias y la Consejería de Educación. Miles de profesores —en Madrid hay unos 65.000, según datos de 2024 del Ministerio de Educación— han secundado la huelga indefinida desde que comenzó el 14 de octubre. En las escuelas se mantienen los servicios mínimos, y las clases pueden sufrir alteraciones dependiendo de cada centro. Estos son los seis puntos principales que los profesores reclaman:

El mundo literario en español vive estos días una crisis nueva, que otros oficios llevan años afrontando: la llegada masiva de la IA y cómo convivir con ella. EL PAÍS reveló este viernes que Pangram, uno de los detectores mejor valorados, había detectado que el 99% de la novela Donde el agua trabaja, de David Silva Rojas, era texto generado con IA.
Cuando escucho al Apretao de Amurrio decir con el pecho p’afuera que él se llevaría los desfiles del Orgullo a un polígono industrial y al Lupitas asturiano, con esas ínfulas de dandy negrero, atreverse a cuestionar las sacrosantas pensiones, no sé ni lo que siento: una cosa que pasa mucho con este neofascismo de horteras hiperbólicos que nos ha tocado vivir es que se quedan cortas no ya las palabras sino también las emociones; tanto que deberían hacer una tercera parte de Inside Out, esa película que explicaba a los niños la alegría, la tristeza, la ira, el miedo y el asco. Necesitamos pistas sobre qué es esta mezcla de estupor y despersonalización que sobreviene cuando se escuchan esas burradas que insultan primero a muchos de nuestros amigos y luego a nuestros padres. Pero no hay tregua. Aparece el destructor de Os Peares, cada día más sinsonio, opinando sobre el aborto de las niñas de 16 años y queda claro que la cosa es grave, muy grave, no solo porque de nuevo hay retrógrados queriendo adueñarse de nuestros coños sino porque me siento incapaz de darle importancia a qué llevan puesto: echo de menos cuando los vestidos de Melania eran herramienta de comunicación y Pablo Iglesias, quien presumía de sus camisas de Alcampo, se hacía un esmoquin a medida en las páginas de Vanity Fair. Ahora me doy cuenta de que aquel margen para el soft power era síntoma de salud democrática. Pero estamos a las puertas de los años treinta, y conforme a una tradición capitalista instaurada hace cien años, en esta década el sistema peta porque los billonarios se lo quedan todo, el consumo se gripa y muere el optimismo. Los vaqueros que Pedro Sánchez llevaba otro día eran espantosos y baratos, eso sí lo percibí, lo que me dio paz porque le conferían pinta de hombre normal. Iba con ellos puestos cuando una mujer maravillosa con modos de cupletista le llamó “Pedra”. Fue muy gracioso pero yo no pude reírme porque últimamente no sé ni qué siento.
La ratificación parlamentaria en Libia de un acuerdo firmado con Turquía para delimitar sus Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y su plataforma continental ha resucitado el conflicto por el control del Mediterráneo oriental, que hace un lustro provocó graves encontronazos entre los países implicados y sus aliados. Grecia, Chipre y Egipto han rechazado este acuerdo, que reduce significativamente sus pretensiones sobre estas aguas. Y la Unión Europea ha condenado su ratificación.

Jaime Martínez Porro (Palencia, 37 años) llegó a Berlín hace una década para estudiar el Irán antiguo, su especialidad académica. Terminó dedicándose también a la política e incluso entrando en la dirección de Die Linke, el partido de la izquierda radical que hace solo dos años parecía condenado a desaparecer y hoy se dispone a gobernar la capital alemana tras ganar las elecciones regionales de septiembre.

Cuando ETA anunció, el 20 de octubre de 2011, el “cese definitivo” de la violencia terrorista, 703 de sus miembros estaban encarcelados. Tres lustros después, ese número se ha reducido a 110 presos etarras ―un 85% menos― tras la salida de la cárcel el pasado 13 de octubre de Roberto Lebrero Panizo, el último hasta ahora en quedar en libertad. Un acusado descenso del número de reclusos que, sin embargo, refleja solo una parte de la profunda transformación que ha vivido este colectivo desde que la organización terrorista anunció que abandonaba las armas.
“Visto a posteriori, estaba demasiado cansado para hacer ese vuelo”. Es lo que reconoce la mitad de los pilotos que han respondido a una encuesta de la European Cockpit Association (ECA), la federación europea de asociaciones de pilotos, que preguntó este verano a más de 7.000 comandantes y segundos cómo gestionan la fatiga sus aerolíneas. El 52% se dio cuenta de que, al menos una vez en los tres meses anteriores, había volado cuando estaba demasiado cansado para hacerlo. Uno de cada cuatro (24%) va más allá: cuando está demasiado cansado, lo normal es que vuele igualmente. Entre los pilotos de aerolíneas españolas, esa proporción llega al 42%, la más alta de todos los países analizados. Destacan también por malos los datos de las aerolíneas de Malta e Irlanda, según refleja la encuesta a la que ha tenido acceso EL PAÍS antes de su publicación. Los resultados apenas han cambiado desde la anterior edición, fechada en 2023.