Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia

Alcossebre es una pedanía costera que se asoma al Mediterráneo en el norte de Castellón, entre calas, pinares y urbanizaciones de baja altura. Pertenece al municipio de Alcalà de Xivert, y aunque cuenta con alrededor de 7.500 habitantes censados, en los meses de julio y agosto la población se multiplica. Es un destino clásico del veraneo valenciano, donde la vivienda turística marca el pulso del mercado inmobiliario. Tener casa aquí es, para muchos, una forma de asegurarse un refugio junto al mar. Un enclave de atractivo incuestionable, especialmente para jubilados que buscan comodidad y buen clima.



Los ingresos que entran cada año en los hogares españoles suelen venir de fuentes tradicionales como los salarios, las pensiones y las actividades profesionales. Sin embargo, existe una vía que a menudo pasa desapercibida para el gran público, pero que ha cobrado un protagonismo inédito en el último ejercicio. Son las rentas del capital. Este concepto, que engloba beneficios económicos, intereses, dividendos y ganancias obtenidas por la tenencia o venta de activos, ha alcanzado máximos. La estadística publicada recientemente por la Agencia Tributaria, correspondiente a 2025 y todavía provisional, refleja que los contribuyentes ganaron el ejercicio pasado más dinero que nunca a través de esta vía, registrando un alza anual del 14% y superando con holgura la barrera de los 100.000 millones de euros. El tirón de la Bolsa y el calentamiento del mercado inmobiliario, tanto de la compra como del alquiler, explican la mayor parte del alud de dinero.
En las cafeterías que rodean el lago de la Casa de Campo en Madrid, las mañanas de domingo reúnen a corredores y ciclistas que llenan las terrazas para reponer energía tras recorrer los caminos. Al llegar la hora de pagar, en las mesas la expresión se repite: “Pago yo y me hacéis un Bizum”. En los últimos años, se ha convertido en el lenguaje habitual para saldar deudas de bajo importe entre amigos y familiares, desplazando al efectivo en la vida cotidiana de millones de españoles. A partir de la tercera semana de mayo, hacer un Bizum dejará de ser solo la forma de pagar una cena a medias para convertirse también en un gesto en el supermercado, la farmacia o la tienda de ropa. Se trata del movimiento estratégico más ambicioso desde la creación de la propia plataforma en 2016 y que llevará a Bizum a convertirse en un medio de pago total para competir con los gigantes que dominan el sector: Visa, Mastercard, Apple Pay y Google Pay.
Robert Millar fue, en la España de los 80, el escocés del pendiente, una expresión homófoba que justificaba, hace 40 años, la tirria que se le tenía durante la Vuelta al ciclista de Glasgow, porque nuestro héroe, Perico Delgado, no lograba derrotarle en la Vuelta. Lo consiguió solo a costa de una gran coalición de todos los equipos españoles capitaneada desde las ondas por José María García, que renunciaron a sus objetivos particulares por un bien mayor y volvieron loco al equipo Peugeot de Millar en la travesía de la sierra de Navacerrada. Perico ganó la Vuelta y Millar encontró aún más razones para alimentar su bien ganada fama de borde y arisco.
Era cuestión de tiempo que la complejísima obra de David Robert Mitchell (It Follows, Under the Silver Lake), repleta de capas, pura posmodernidad cinematográfica, inspirase, o se convirtiese en el punto de partida de un nuevo tipo de terror —y no solamente terror—, uno nuevo en un sentido clásico, poderosamente estético y narrativamente saturado. La primera muestra, y muy brillante, es la miniserie-milagro de Haley Z. Boston, Algo terrible está a punto de suceder (Netflix). Hay en ella el plano fijo y lejano de John Carpenter (Halloween) que David Robert Mitchell reinventó en It Follows, conversaciones aparentemente absurdas que sin Tarantino (Reservoir Dogs, y, sobre todo, Kill Bill) no existirían de la forma en que lo hacen, y el alma de todo el terror escrito (y dirigido) por mujeres este siglo XXI.
Thalía tiene 18 meses y gatea a toda velocidad por la cama en la que descansa su hermano Neizan, de seis años. La niña le abraza y da dos besos antes de mirar con una sonrisa radiante a quien graba la escena. “Lo adora. Con lo pequeñita que es, impresiona ver el cariño que le da y cómo lo mima. De alguna manera, es como si ya fuera consciente de todos los cuidados que él necesita”, explica Andrea Téllez mientras muestra, en el salón de la casa en la que vive con sus padres en Massamagrell (Valencia), las imágenes de sus dos hijos.

La previsión social colectiva (PSC) es un paraguas para tus empleados que incluye una serie de seguros (riesgo, vida, accidentes y enfermedad), planes de pensiones de empleo, planes de previsión social empresarial y los nuevos planes de pensiones de empleo simplificados, enfocados a su protección y bienestar. “Es una herramienta estratégica, no un beneficio accesorio que combina protección, salud, ahorro y fidelización, y un diseño correcto importa tanto como el producto”, concreta Ricardo Ruiz, responsable de desarrollo de ventas EB.
Nadie entendió el regalo porque parecía que no había nada que entender. Una camiseta negra. Letras blancas. Sin dibujo, sin ironía. Bonita. No parecía esconder una historia. Pero la camiseta era de Vetements, de aquella época en que la marca —bajo la dirección de Demna antes de ser el director creativo de Gucci— convirtió la tipografía industrial y las referencias privadas en alta costura. El texto decía: FICKEN 3000. SHARE THE BLAME. Ficken significa follar en alemán. Comparte la culpa es una contraseña. Vetements entendió antes que nadie que lo contemporáneo no era provocar, sino no traducir. Eso era la camiseta: negra, letras blancas y la referencia directa al club gay de Berlín Ficken 3000. Fue mi primer regalo a Javi Calvo como ex. En su primer cumpleaños separados.
Suena el timbre y los pasillos del instituto público El Ravatxol, en Castellar, una pedanía de Valencia que linda con los campos de arroz de la Albufera, se van llenando de chavales que salen de clase. Algunos llevan mochilas, libros, bocadillos envueltos en papel de plata, pero no se ve ni un móvil. “Antes era tremendo, hemos tenido que bregar mucho, pero la prohibición de no sacar el teléfono en el centro se cumple de forma general. Lo tienen asumido, aunque aún confisquemos alguno”, afirma la directora, Belén Marzá. En pleno debate sobre la implantación de otra restricción en el uso de los dispositivos por parte de los adolescentes, los 16 años como edad mínima para estar en redes, el ejemplo de los institutos muestra que las prohibiciones pueden funcionar, al menos en una institución acostumbrada a hacer cumplir reglas como es la escuela.
Los alquimistas medievales persiguieron una quimera durante siglos: la piedra filosofal, un material capaz de transformar metales corrientes, como el plomo y el hierro, en el codiciado oro. El físico español Pablo Jarillo Herrero está en las quinielas del Premio Nobel porque ha descubierto algo parecido: una “piedra filosofal inversa”. No es una sustancia que transmuta cualquier elemento banal en una joya, sino un material inverosímil que “se convierte en todas las cosas”, según expone el científico.
