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No era el planeta Coruscant, era Madrid. El director Jon Favreau aterrizó este jueves desde el Hollywood más tecnológico a una siempre tumultuosa plaza de Callao que parecía, en víspera de festivo, un parque de atracciones. Entre un puesto de perfume con la imagen de Rosalía, turistas y colas para un evento pop-up de una cadena de cosméticos, se asomaban un Chewbacca gigante, cascos mandalorianos y la legión de soldados imperiales que llevan en Star Wars desde hace casi cinco décadas. Fans e influencers se reunían para ser los primeros del mundo en ver los 27 minutos iniciales de The Mandalorian and Grogu. Ni siquiera era la película entera, que se estrenará el 21 de mayo, pero sí la prueba palpable de que ahora sí, tras siete años, el universo galáctico de George Lucas está a punto de volver a donde siempre perteneció, a la pantalla grande. Incluso si es con un dúo de personajes inventados para la televisión.

La visita de este jueves de Jordi Évole a La revuelta fue un hecho histórico dentro del programa de TVE. El presentador de Lo de Évole fue la primera persona de Atresmedia en acudir al formato de La 1, como se encargaron de destacar desde su aparición sobre el escenario. “Temía que viniese un helicóptero de la fuerza aérea de Antena 3″, bromeó Broncano cuando Évole, que acudía a promocionar el documental Sidosa, ya estuvo sobre el escenario del programa.
Casi 27 años de negociaciones entre la UE y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) para llegar este viernes a una meta: la creación de un mercado de más de 700 millones de habitantes con la entrada en vigor provisional del acuerdo comercial. El camino hasta llegar a este momento ha sido complicadísimo. El último obstáculo llegó en enero, justo después de la firma oficial, la Eurocámara reclamó la opinión del Tribunal de Justicia de la UE y paralizó su ratificación. Pero la Comisión decidió echar mano de su prerrogativa para activar el acuerdo de forma provisional.
Algunos llegaron en coche con guardaespaldas, como los expresidentes del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Otros en taxi y sin más compañía, como la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena y la deportista Ana Peleteiro. Otros acompañados de sus asistentes, como el pintor Antonio López y la modista Sybilla. Hubo quien vino acompañada de su pareja, como la astronauta Sara García Alonso, y quien lo hizo acompañado de su hermano, como el cineasta Pedro Almodóvar. El cocinero Ferrán Adrià llegó solo y caminando. Y todos, sin excepción, llegaron a las distintas redacciones de EL PAÍS en Madrid, Barcelona y Ciudad de México como lectores del periódico, que ahora cumple 50 años, y como rostros famosos que han conseguido carreras muy relevantes en sus disciplinas profesionales. Y también todos los protagonistas de esta serie de entrevistas para hablar de su relación sentimental con EL PAÍS llegaron a nuestras distintas redacciones con una sonrisa y ganas de desempolvar sus recuerdos para poner en valor cómo este diario entró en sus vidas.
Vinton Cerf es el más elegante de la oficina. Luce un impecable traje de lana fría de tres piezas y muestra con orgullo unos gemelos dorados, con una representación del sistema solar. A sus 82 años, parece un personaje de alguna de las novelas de Amor Towles. Un caballero, con estilo distinguido. Visto así, con sus ojos vivaces y su arreglada barba blanca, nadie diría que es uno de los informáticos más relevantes de la historia contemporánea. Cerf (New Haven, EE UU, 1943) es, junto a Robert Kahn, Lawrence Roberts y Tim Berners-Lee, uno de los padres de internet, la red global de dispositivos interconectados que permite transmitir datos para compartir información y servicios a escala mundial. Su creación, que acaba de cumplir 50 años, ha cambiado la sociedad, el modo en que nos comunicamos y nos relacionamos e incluso la forma de pensar.

La historia no avanza sola. Detrás de cada hito hay figuras que moldean el devenir de las sociedades. Para bien en muchas ocasiones; también para mal. En cualquier caso, el mundo sería diferente si estos hombres y mujeres no hubieran nacido. Con motivo del aniversario de EL PAÍS, nos propusimos elaborar una lista con las 50 personalidades que más han influido en este tiempo. El resultado debía ser fruto de un intenso debate editorial, una lista con perfiles diversos que representaran ámbitos que fueran desde la política a la ciencia, la cultura, el deporte, la tecnología o el emprendimiento, que tuviera en cuenta que somos un diario español y latinoamericano, y que no cayera en la trampa de pensar que lo último es siempre lo más relevante. Debíamos mirar estos 50 años desde cierta altura. Es nuestra propuesta, la que EL PAÍS hace tras consultar con especialistas de la Redacción y pasar por varias cribas hasta rematarla en un comité creado ad hoc. Entre otros apasionados debates, se discutió sobre si debíamos buscar la paridad, pero forzar la historia nos pareció mala idea. Sobre la persona más influyente en estos 50 años, en cambio, hubo mucho consenso desde el principio: Gorbachov.
Asumió el gobierno de una Unión Soviética estancada económicamente que arrastraba décadas de represión política y social. Su voluntad era la de mejorar el sistema y democratizar el imperio. Pero fue arrollado por las reformas que él mismo puso en marcha.
El ingeniero inventó la World Wide Web y ya nada volvió a ser lo mismo. Renunció a enriquecerse con ello.

Nadie ejemplifica la lucha por un mundo justo y libre de la opresión racial como este político y activista, que estuvo 27 años encarcelado por el régimen del apartheid y llegó a presidir Sudáfrica.

Los dos científicos establecieron los fundamentos que hicieron posible desarrollar vacunas contra la covid poco después del inicio de la pandemia. Salvaron vidas con una investigación que la industria había ignorado.
El líder comunista fue el artífice de la China actual. Puso las bases para que el país se convirtiera en la mayor fábrica del mundo. Sus grandes errores fueron la represión en Tiananmén y la política del hijo único.
La mandataria británica abanderó la doctrina neoliberal hasta convertirla en hegemónica.
La estrella televisiva convertida en presidente de EE UU hizo saltar por los aires el tablero geopolítico.
El fundador de Apple transformó la informática, la telefonía, el consumo de música y el cine de animación. Tan clarividente como insufrible, canalizó el deseo de miles de millones. Su influencia cultural fue enorme.
El fundador de Inditex ha revolucionado el negocio de la moda con Zara y erigido un imperio inmobiliario global.
El escritor influyó tanto en la literatura de varias generaciones como en numerosas causas políticas.









































“Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo”, canta Pedro Quevedo (Madrid, 24 años) en El Baifo, su disco más esperado. Nada más publicarse ha reventado, de nuevo, las listas de éxitos. Las 10 canciones más escuchadas de España en Spotify son suyas. Pero son solo números: “Mi meta es ver que pasa el tiempo y se quedan”. Su vida también es una dualidad constante. Es Pedro y Quevedo. El chico normal que aparece y desaparece de su casa, en Canarias, y la estrella internacional. El veinteañero al que la fama arrastró y “el puto amo” de sus canciones. El arrogante y el humilde. El introvertido y el dulce. El artista que mira a los ojos y contesta, sin vacilaciones ni cortapisas, a todas las preguntas de la entrevista y el que llega acunado por su mánager, un jefe de prensa, un videógrafo, una estilista y una maquilladora.


Un hombre de 40 años, sin antecedentes judiciales y padre de dos hijos, ha sido acusado formalmente por haber violado y abusado sexualmente de 34 menores de entre tres y nueve años entre 2020 y 2024 en Lucenay, un pueblo de poco más de 2.000 habitantes cerca de la ciudad de Lyon (Francia). Filmaba y fotografiaba a las víctimas, compañeros de colegio de sus hijos, y cometía los actos cuando los menores iban a jugar con estos últimos a su casa en las llamadas “fiestas de pijamas”.
Desde que comenzó el año, los médicos españoles han estado llamados a una huelga nacional un total de 14 días laborables distribuidos en tres semanas; la última, esta misma. Pese a que las comunidades autónomas han reportado seguimientos discretos (entre el 5% y el 25%, en función del territorio), los actos médicos cancelados que informan las consejerías se cuentan ya por millones, aunque no hay una estadística nacional que permita precisarlo.