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“Jay Shetty era un niño tímido e introvertido que siempre anheló dejar una huella positiva en el mundo”, dice el apartado dedicado a la biografía del británico de ascendencia india en su página web. Suena a inicio de un cuento infantil, a principio de un relato en el que el niño retraído crece, evoluciona y acaba cumpliendo sus sueños. Y, por cursi que parezca, eso es justamente lo que representa la vida de Jay Shetty (Londres, 38 años). Aquel muchacho “tímido e introvertido” es ahora un “autor de éxito mundial, presentador del galardonado podcast On Purpose, director de propósito de Calm [cargo que se explicará a su debido tiempo], emprendedor con una visión clara y antiguo monje que ha dejado una huella imborrable en los corazones y las mentes de personas de todo el mundo”, según se enumera en el mismo apartado.
El despido se abre con una cita de Henry James en la que nos recuerda que la novela aspira a representar la realidad sin pedir disculpas. Cuando la novela no aspira a representar la realidad, incurre en una imperdonable dejación de funciones que deposita exclusivamente en manos de los economistas de la Escuela de Chicago la legitimidad para explicar qué pasa en el mundo. Donald E. Westlake no parece dispuesto a permitirlo. El narrador protagonista de El despido, Burke Devore, varón de mediana edad, despedido de su trabajo en una papelera, decide suprimir a sus competidores para ocupar un puesto que va a quedar vacante porque el propio Devore se encargará personalmente de que así sea.

A la espera de la evolución de Oriente Próximo y del estrecho de Ormuz, epicentro geopolítico de los últimos tres meses, los inversores vuelven la mirada hacia Estados Unidos, donde la esperada reducción del balance de la Reserva Federal gana peso como factor de riesgo para los costes de financiación. Una semana después de que el Banco Central Europeo haya optado por subir tipos por primera vez en casi tres años, la Fed dará a conocer sus decisiones. El mercado no espera cambios, por lo que la atención se centrará en el mensaje de su nuevo presidente, Kevin Warsh, en su primera reunión al frente del organismo.

Martin Pimentel (35 años, República Dominicana) tiene lo que en términos anglosajones llamarían street cred. La expresión, que se podría traducir algo así como ‘crédito callejero’ define a aquellos que han vivido mucho, oído mucho y visto mucho. Con raíces mallorquinas, familia en Italia y Galicia, pero nacido en la República Dominicana, este emprendedor que le saca lustre a la palabra desde hace ya más de una década en Barcelona lleva abriendo garitos de todo tipo y pelaje desde que le picó el gusanillo de la restauración. “Seguí al pie de la letra las instrucciones de mi abuelo, al que le gustaba la idea de tener un lugar al que poder acudir con los amigos”, bromea.




Antes de dejar Bagdad, Zaid Aldabawee ya había construido un negocio de restauración de éxito, abriendo dos grandes comedores en la capital iraquí. Enseña un vídeo reciente que le han enviado sus familiares desde su país, en el que se ven multitudes de clientes haciendo cola fuera de uno de ellos. “Es lo que conozco, y conozco bien este negocio”, dice. Su tercer proyecto de restaurante lo llevó a Alemania, pero la experiencia fue breve. “Después de un año, no podía más”, recuerda. “Así que me vine a España. La gente es más cálida y acogedora, y prefiero el clima”.
El ramillete de nueve autopistas de peaje licitadas, construidas y puestas en servicio con José María Aznar (Partido Popular) al frente del Gobierno, y que tuvieron que ser rescatadas de la quiebra entre 2018 y 2019, cumple ya los 20 años de operaciones muy lejos de alcanzar las expectativas iniciales. Han llegado a la madurez sin visos de generar grandes beneficios a las arcas públicas ni de atraer una demanda aceptable. Las radiales R2 (Madrid-Guadalajara) y R4 (Madrid-Ocaña), también la AP-36 (Ocaña-La Roda), están por debajo de los registros de tráfico previos a la crisis financiera. El que pasa por el mayor fiasco en el sector de las infraestructuras se ha enquistado ahora en manos del Estado.

Donde mejor se estaba en Dallas era dentro del estadio, el de los Dallas Cowboys (NFL), otro espectacular recinto cubierto donde protegerse de un calor que consume las reservas de agua del ser humano. Allí dentro se pasó del sopor a la expansión, un viaje que acabó con Holanda todavía peor que como empezó. No aprovechó las dos ventajas que tuvo ni media hora de juego decente.