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La historia empezó como empiezan siempre estas historias, sin que nadie se dé cuenta. O, al menos, el que tenía que estar al loro. El 11 de diciembre de 1997 los abogados Joan Laporta y Sebastià Roca presentaron un documento con la firma de 150 socios para promover una moción de censura contra Josep Lluís Núñez, en el cargo desde 1978. Histórico. La avanzadilla de un desembarco. La fuerza de una plataforma llamada Elefant Blau, iluminada por Armand Carabén, desafió luego el orden establecido. O sea, 22 años de nuñismo más tres de propina con Joan Gaspart. Aquella votación la perdió 40/60, como se pierden y se ganan siempre en el Barça (veremos el domingo). Pero alumbró una fuerza antisistema en el club liderada por un personaje salido de una novela de Juan Marsé.

Después de ver en televisión que venden cursos para sobrevivir a una hecatombe, decidí que, entre saber abrir un cerrojo y beber agua de una piscina sin morirme, prefiero casarme con un desconocido, así que opté por ver Casados a primera vista, en Telecinco. Espóiler: no lo intenten en sus casas, ni lo uno ni lo otro.
La palabra amor suena bien en todos los idiomas, porque nombra un sentimiento esencial ligado a nuestra idea de felicidad. Pero el amor no es un regalo de los dioses, por más que se le represente como un caprichoso Cupido, sino un misterio insondable, un propósito de largo alcance que exige grandes esfuerzos. Un impulso complejo que el filósofo británico John Armstrong analiza en casi todas sus vertientes en su libro Los requisitos del amor. Una filosofía de la intimidad, salpicado con ejemplos de la literatura universal, de la pintura, la música y hasta la ciencia y la política. Armstrong se confiesa, con todo, un perdedor en la batalla por conquistar el amor duradero, lo que no le impide estudiar su fisonomía al detalle.

Regresan los tipos duros. Al menos, al terreno de la política y no solo a los partidos más de derechas, de los que (caballos, chuletones y simbología guerrera mediante) nunca se marcharon. Desde hace algunos años ganan presencia en espacios de izquierdas, y lo suyo no es tanto un desplazamiento ideológico como una estrategia comunicativa. Hoy muchos líderes y referentes progresistas buscan proyectar una imagen disciplinada y agresiva mediante una estética que no se desvía un milímetro de aquella masculinidad más ortodoxa o tradicional que hasta hace poco era cuestionada.
Dos ciudadanos franceses secuestrados en el Sahel están a punto de ser liberados tras varios días de cautiverio. Antes de dejarlos ir, los terroristas les piden un favor: ¿pueden evaluar su experiencia? Uno de ellos, algo avergonzado, apunta que le hubiera gustado tener un colchón solo para él. La escena ficcional y caricaturesca de la serie francesa Bajo control (2023) condensa un rasgo de la actualidad: hoy, prácticamente cualquier experiencia puede ser reseñable.
La mecha la prendió una publicación en redes sociales. A comienzos del mes de febrero, Jason Ignacio White, exjefe de fermentación del restaurante Noma de Copenhague, compartió en su perfil de Instagram un comentario en el que explicaba una situación que presenció mientras trabajaba en el multipremiado establecimiento danés. Según White, una estudiante en prácticas se quemó la cara con vapor al abrir el horno y, en lugar de prestarle ayuda inmediatamente, parte del personal de Noma se rio de ella. A este testimonio le siguió una avalancha de historias de abuso sufridas por estudiantes y trabajadores del restaurante, protagonizadas, en su mayoría, por su jefe de cocina y propietario, René Redzepi (hay varios testimonios que apuntan a otros miembros de Noma que ocuparon puestos de responsabilidad y que también exhibieron comportamientos abusivos hacia el personal).

Hace calor en el pabellón de Matadero Madrid donde la pintora Nieves González (Huelva, 29 años) expuso sus obras la semana pasada, en el marco de la feria de arte contemporáneo CAN Art Fair. Pero la onubense no duda en posar delante de ellas ataviada con un voluminoso plumífero azul eléctrico. La elección de la prenda no es casual, remite directamente a un símbolo recurrente en sus cuadros: el plumas a todo color como artefacto capaz de dinamitar la imagen que tenemos arraigada de las santas barrocas. Cuatro siglos después, González revisita este arquetipo y las presenta como mujeres dueñas de sus destinos. “El plumas es un paralelismo con las ropas de Zurbarán, esos volúmenes barrocos de la nobleza y la realeza, tan exuberantes”, explica. “También hace referencia a los materiales de hoy en día, no solo a nivel visual, sino simbólico, porque el plástico nos representa muchísimo, también como sociedad”.
El azul no es un color que se use mucho en los pueblos de España, y menos en los del interior. Pero hay tres vistosas excepciones. Está el azul añil con el que tradicionalmente se han decorado en La Mancha zócalos, fachadas, puertas y ventanas. Está Júzcar, en la serranía de Ronda (Málaga), que se pintó de azul en 2011 para promocionar la película Los Pitufos y así se quedó. Y está Chelva, la capital de la comarca valenciana de Los Serranos o del Alto Turia, una belleza antiquísima y montaraz a la que cada vez más viajeros se acercan atraídos por sus ojos y sus afeites azules.
El 4 de septiembre de 1882, el Bajo Manhattan —hoy, una de las zonas más populares y acaudaladas de la ciudad de Nueva York— abandonó el parpadeo ámbar del gas por el brillo blanco de la incandescencia. Allí, en Pearl Street, la Edison Illuminating Company, creada por Thomas Alva Edison, comenzó a generar electricidad, alimentando unas 400 bombillas y brindando servicio a unos 80 clientes. La instalación se convirtió en la primera planta de energía central de la historia, gracias a seis dinamos jumbo (los primeros generadores que convertían la energía mecánica en eléctrica) alimentados a carbón y convertidos en el corazón de la estación. La maquinaria, sin embargo, no era nada sin los 24 kilómetros de cableado subterráneo, que exigieron una inversión que superó el coste de todo el sistema. En las entrañas de los filamentos de esta red se utilizó cobre —el segundo metal (después de la plata) con alta conductividad y maleabilidad— que, siglo y medio después, se ha consolidado como un recurso estratégico.

Estamos en temporada reina de la enemiga número uno de los niños, la primera planta de la que aprendimos el nombre. Tienes diez años y vas a la velocidad de la luz, levantando polvareda y dando botes cuesta abajo, con la bici fuera de control. Ante ti, el dilema: estamparte en el margen izquierdo, frondoso de zarzas, o en el derecho, verde de ortigas.