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“Si pasas suficiente tiempo rodeado de gente muy rica hoy en día, la conclusión es evidente, antes la gente no tenía este aspecto porque, por naturaleza, no es posible tenerlo”, escribía hace unos días la periodista y escritora Amy Odell en una columna en The New York Times. En el texto resaltaba un hecho, cómo a los ultrarricos ya no solo no les preocupa esconder la evidencia de sus cirugías y tratamientos, sino que presumen de ellos. Esas intervenciones se han convertido en otra manera de ostentar riqueza: “El atractivo implícito de los tratamientos estéticos radica en que no se trata simplemente de verse ‘mejor’, de ‘arreglar’ algo (...) se trata, más bien, de disfrutar de un tipo particular de autocuidado basado en la experiencia, infinitamente personalizable y accesible únicamente para un grupo selecto”, apuntaba la escritora.
Hay un instante preciso, justo cuando el avión toca pista en el destino estival de turno, en el que el pacto de veracidad que ya a duras penas mantenemos con el espejo de casa también se va de vacaciones. De repente, el pragmatismo que rige el armario doméstico —ese uniforme más o menos calculado que se adapta a las vicisitudes del quehacer diario— salta por los aires. En su lugar, la maleta escupe una colección de túnicas vaporosas, linos que se arrugan con solo mirarlos y sombreros de paja de dimensiones extraordinarias. No, no se trata de ropa para vestir; son prendas para disfrazarse de uno mismo en modo deslocalizado (fuera de lugar, esto es). He ahí la cuestión: ¿por qué al cruzar una frontera geográfica decidimos ataviarnos como si fuéramos extras despistados de El talento de Mr. Ripley, Mamma Mia! o Sexo en Nueva York?

Los trabajadores se están plantando con más frecuencia ante sus empleadores para reivindicar mejores condiciones laborales. En los cinco primeros meses de 2026, 323.400 afiliados a la Seguridad Social han ido a la huelga, lo que ha supuesto una pérdida de 649.600 jornadas de trabajo. Es un incremento muy notable respecto a las cifras del año anterior, de 2025, con 87.500 participantes en huelgas y 204.700 jornadas perdidas. Es más del triple en cada variable, un ascenso que los sindicatos relacionan con dos factores clave: el aumento de la conflictividad en dos sectores concretos, la sanidad y la educación; y el que no haya un nuevo acuerdo nacional de convenios, lo que desanima la actualización de muchos acuerdos colectivos y fomenta las protestas de los trabajadores.
Tres asesinatos en menos de 24 horas, las que van de la mañana del lunes a la de este martes. Primero fue en Antequera (Málaga): la Policía Nacional tardó poco en conectar el suicidio de un hombre y el hallazgo del cadáver con heridas de arma blanca de una mujer. A las 05.16 de la madrugada ya de este martes, el Servicio de Urgencias y Emergencias 112 de Castilla-La Mancha recibió una llamada de Alameda de la Sagra (Toledo): encontraron a otra mujer a la que fue imposible reanimar, también con heridas de arma blanca. Y ocurrió lo mismo poco después en Benahavís (Málaga): el aviso de un vecino llevó a encontrar el cuerpo de una tercera en su casa, con una herida de arma blanca en el cuello. Los dos primeros casos ya han sido confirmados por el Ministerio de Igualdad como crímenes machistas; y el tercero, el de Benahavís, se investiga como violencia de género, aunque aún se busca al agresor.

Alcanza, con frecuencia, los 10 centímetros de diámetro hasta convertirse en una de las mayores de su especie. Tiene ondas en su concha y vive en las rocas expuestas al oleaje. Cuando se hace adulta, se aferra a ellas y rara vez se desplaza más allá de un metro antes de volver, siempre, al lugar donde reside. Las lapas ferruginosas (Patella ferrugínea) son un animal singular. Tanto, que está en peligro de extinción. Endemismo del Mediterráneo, su presencia es escasa. Y la Demarcación de Costas de Málaga se ha visto obligada a trasladar 40 ejemplares antes de acometer la ampliación de una de las playas más conocidas de la ciudad, los Baños del Carmen, en la zona este. Era requisito indispensable, aunque ecologistas y especialistas han mostrado sus reticencias porque están convencidos de que las mudanzas sientan mal a estos moluscos y la mayoría de individuos morirá. La Junta de Andalucía ha dado su visto bueno.


La misma especie de lapa que protagoniza el traslado en Málaga ha frenado, de momento, la ampliación del Puerto de Melilla. El Ministerio de Transición Ecológica emitió hace unas semanas una declaración de “impacto ambiental desfavorable” para la actuación urbanística, valorada en 300 millones de euros, al “haberse identificado la posibilidad de impactos negativos significativos sobre el medio ambiente” y porque las medidas correctoras “no suponen garantía suficiente para su adecuada prevención, corrección o compensación”. Una de las claves es precisamente la Patella ferrugínea, ya que algo más de 22.000 ejemplares viven en la escollera del dique noroeste del recinto portuario, el 20% de la población total de la especie en la costa española. Y, según el Gobierno, los trabajos en el puerto acabarían con entre el 85% y el 99% de la colonia. Según recoge Melilla hoy, el consejero de Medio Ambiente y Naturaleza, Daniel Ventura (PP) de la Ciudad Autónoma aseguró que allí la especie “no está en peligro de extinción” y que hay “excedente” de lapas.
Tras la vorágine de 104 partidos en apenas 39 días de competición en el Mundial 2026, coorganizado por Estados Unidos, México y Canadá, es hora de comenzar con los preparativos para la próxima Copa del Mundo. En 2030, España, Portugal y Marruecos acogerán una cita mundialista histórica como es la del centenario, pero que está repleta de incógnitas por resolver. Cuáles serán las sedes definitivas, en qué estadio se jugará la final, cuántas selecciones participarán... Aunque hay una certeza clara, y es que España será la primera selección campeona de la historia de la Copa del Mundo que defenderá el título en casa.
“La final del Mundial pasa por La Masia”, publicó el Barcelona en un vídeo difundido en sus redes sociales horas antes del partido. Casi dos décadas después de aquella viral fotografía de Leo Messi bañando a un bebé llamado Lamine Yamal, ambos se encontraban por primera vez sobre el terreno de juego en lo que terminó como un traspaso de legado del argentino al catalán. Las miradas estaban sobre ellos, y ambos eran las estrellas de sus respectivas selecciones. Más allá de los inevitables paralelismos en sus trayectorias, existía un hilo conductor más sólido: La Masia. Ambos, portavoces de la cantera azulgrana, sus mayores exponentes. Messi representa su pasado; Lamine Yamal, el presente y el futuro. Pero el relato de la final no terminaba en ellos. La presencia de La Masia también atravesaba a la selección española, un equipo coral, pero con la influencia de la cantera azulgrana. Un escenario que, inevitablemente, evocaba, salvando las distancias, a otro Mundial, el de Sudáfrica 2010, cuando España conquistó su primera estrella con una columna vertebral nacida en los campos de entrenamiento de Sant Joan Despí. En aquel momento lo hizo con un gol de Andrés Iniesta. Este año, de nuevo, el gol decisivo llevó sello azulgrana: el de Ferran Torres.
Un entrenador que lee a Marco Aurelio, una selección generosa y humilde, una federación eficaz y de bajo perfil, un equipo campeón. Todo ello atípico e infrecuente en el contexto actual que impera en el fútbol masculino, donde el exceso de ego es habitual.

El Mundial de Fútbol ha dejado algunos detalles que trascienden lo deportivo y dejan constancia de las imperfecciones humanas, incluso de algunas de sus actitudes patológicas.
Para conservar la financiación estadounidense en medio de la oleada de recortes iniciada el año pasado por el Gobierno de Donald Trump, muchas organizaciones que combaten el VIH tuvieron que elegir entre amoldarse a las nuevas reglas de Washington ―que limitan programas relacionados con diversidad e inclusión o servicios que, supuestamente, apoyen el aborto― o dejar de trabajar. Un nuevo estudio, publicado este martes por investigadores de la Fundación para la Investigación sobre el SIDA (amfAR) y otras instituciones en la antesala a la 26ª Conferencia Internacional sobre el SIDA, ha revelado que el 77% de los gobiernos, ONG y empresas que recibían recursos del PEPFAR, el Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para el Alivio del Sida, recibieron órdenes de restringir sus actividades para cumplir con las nuevas políticas de EE UU. El resultado, según los investigadores, ha sido una respuesta al virus más limitada.