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En una de mis tiras favoritas de Calvin y Hobbes, el pequeño Calvin está jugando en un arenero cuando Hobbes le pregunta si no debería estar haciendo una redacción para clase. Entonces Calvin se pone entre melodramático y trascendente (me encanta cuando toma esa actitud) y responde que la creatividad no es un grifo que se abre y cierra a voluntad, sino que para poder escribir hay que encontrarse en el tono adecuado. Cuando el tigre de peluche le pregunta cuál es ese tono, Calvin responde: el pánico del último minuto.
“Buenas tardes, tengo 84 años y toda mi vida ha estado definida por la bomba”. Mitoe Matsumoto tenía tres años y cuatro meses el 9 de agosto de 1945, cuando a las 11.02 de la mañana estalló sobre Nagasaki la segunda bomba atómica que lanzó Estados Unidos contra Japón al final de la II Guerra Mundial. Se trataba de una bomba de plutonio, más potente que la de uranio, que tres días antes había explotado sobre Hiroshima. Nagasaki no era el objetivo y tampoco el barrio sobre el que fue lanzada. Pero el piloto del bombardero B-29 Bockscar vio un claro entre las nubes y decidió soltar el proyectil, cuyo nombre en clave era Fat Man, contra el valle de Urakami, donde vivía una importante población cristiana, unos cuatro kilómetros al norte del centro de la ciudad.
Nigel Farage lleva tres décadas agitando el debate público británico, hasta haberse convertido en el político más popular (por conocido) del Reino Unido. Amado y odiado a partes iguales, el único consuelo de sus detractores es que a lo largo de este tiempo ha subido como un cohete y se ha estrellado contra el suelo como un coco maduro en más de una ocasión.

La convocatoria de elecciones anticipadas para el 29 de noviembre ha pillado por sorpresa a la derecha. Sus dirigentes más osados que ya se ven en la Moncloa han dicho lo que piensan con desparpajo. No argumentan. Descalifican con trazo grueso sin más. Según Vox, “el sistema de pensiones es un zombi. Lo han quebrado”, y defiende “un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual”. Para el Partido Popular, “el sistema tal y como está, no funciona y va a petar”. El mensaje ha puesto en guardia a los pensionistas de la Seguridad Social (9.537.978). Las matizaciones posteriores a toda prisa carecen de credibilidad dado el historial de la derecha en legislación social.

“Hace ocho años que no veo a mi mamá, que está muy mayor. Pedí un crédito en mayo para viajar ahora a Buenos Aires y verla, pero me han anulado el vuelo y no responden a las llamadas ni a los correos. Estoy desesperada”, dice entre lágrimas Viviana Coria, argentina de 52 años y residente en Tenerife. Como ella, miles de personas se han visto afectadas —la compañía no precisa cuántas— por la anulación de vuelos de Plus Ultra de Madrid a Argentina y Colombia. Las rutas a este último país cesaron en junio y muchos de quienes se quedaron sin volar llevan meses esperando el reembolso. Los perjudicados se organizan en grupos de Facebook y WhatsApp para reclamar y denunciar su situación, mientras la aerolínea asegura que ha pagado ya el 78% de los billetes anulados.

Nube, un perro mestizo de tamaño mediano, de cabeza blanca y cuerpo atigrado, lleva la mitad de su vida en una protectora en Las Rozas (Madrid). Fue rescatado hace dos años, cuando el animal, considerado como potencialmente peligroso, fue encontrado encerrado en un piso pequeño, atado al pomo de una puerta y con un bozal de nailon roto. No tenía agua para soportar los cuarenta grados de temperatura y acababa de morder a su dueña. Hoy, sus cuidadoras lo describen como “bueno de carácter, enérgico y muy manso con las personas”. Aún así, nadie pregunta por él.
Solo se tardan ocho minutos en llegar al espacio y cuando lo alcanzas, la cara se te hincha, las piernas se te quedan enclenques y te sientes raro, como si estuvieras resfriado. Es por la sangre, que sin una gravedad que ejerza de brújula se desparrama por el cuerpo. Un poco como cuando haces el pino. La astronauta Jannicke Mikkelsen contaba el domingo la anécdota en la Plaza de la Candelaria, en Santa Cruz de Tenerife, y la cabeza de la niña que había hecho la pregunta parecía hincharse también un poco. Mikkelsen estaba haciendo una ronda de preguntas con sus colegas astronautas Sian Proctor y Julie Payette, y la plaza escuchaba atenta. Había turistas, curiosos, familias que habían salido a tomar el vermú y los centenares de asistentes del festival Starmus, que se celebra hasta el 22 de octubre en la isla.

Desde este lunes y hasta el jueves, hay nueva Fiesta del Cine, en su edición otoñal. Durante esos cuatro días de la XXVII edición, en la mayor parte de las salas españolas, unos 330 complejos cinematográficos, se puede ir al cine por 3,50 euros.
Al escritor chileno Roberto Bolaño (Santiago, 1953-Barcelona, 2003) se le ha adaptado en el teatro en diferentes ocasiones y versiones. Sin embargo, sus atmósferas y el lado ominoso de su literatura no han tenido el mismo eco en el audiovisual: durante años se habló de una serie basada en Los detectives salvajes, proyecto que no cuajó, así como de una versión de La pista de hielo por parte de la chilena Valeria Sarmiento, que ha anunciado su retirada sin acometer esa producción. Por eso es tan especial que la cineasta Alicia Scherson (Santiago, 52 años) haya tomado una de las novelas póstumas de Bolaño, El Tercer Reich, para llevarla al cine. Solo otro de sus libros, Una novelita lumpen, acabó en la gran pantalla. Y fue en el filme El futuro, también de Scherson, quien, sin quererlo, se ha convertido en la adaptadora de Bolaño. No volverá a pasar.

“Si el gotelé fuera cine, se llamaría Tesis”. Eso escribió Jordi Costa en su cómic Mis problemas con Amenábar, publicado originalmente en el fanzine Mondo Bruto y compilado en 2009 por Glénat. Costa estuvo prácticamente solo en su apreciación de Tesis. Le concedió una sola estrella en Fotogramas y al mismo tiempo, le puso cinco estrellas a Fotos, el inclasificable primer filme de Elio Quiroga. El cómic relata cómo un —por aquel entonces— jovencísimo Alejandro Amenábar le recriminó la puntuación recibida.