Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
La locución “buen provecho” atrae ciertas connotaciones sonoras. El Diccionario del Español Actual (1999), que dirigió el académico Manuel Seco, le otorga al mencionado sustantivo entre sus significados la equivalencia de “eructo”, como uso coloquial y “normalmente referido a niños”, con la variante “provechito”. En el María Moliner no figura nada sobre este particular asunto gástrico. O gásico. Y, por su parte, el Diccionario de las academias define “provecho” en la cuarta acepción como “eructo de un lactante”, pero lo circunscribe al español de Argentina y Uruguay. Sin embargo, desde mi infancia burgalesa yo también asocio el término con el regoldar de los infantes, y hasta el de los adultos que lo lanzan sin voluntad, para su propia sorpresa.
La victoria de la ultraderecha de Giorgia Meloni en Italia en 2022 significó la llegada al poder de un grupo político que siempre había estado alejado de él, incluso marginado en la vida pública. Por eso lo vivieron con euforia como la hora de una revancha histórica con un objetivo ambicioso: derribar la teórica hegemonía cultural de la izquierda e instaurar y reivindicar una propia. Comenzó entonces una guerra cultural en toda regla, en busca del patriotismo, la tradición y los valores conservadores, basada en la colonización de las instituciones con personas afines ideológicamente. Casi cuatro años después se puede constatar su fracaso, señalado incluso por autores respetados del mundo conservador. “Solo vagos anuncios, mucho humo, un poco de retórica de mitin y alguna hipocresía”, denunció el pasado mes de diciembre en un sonado artículo el filósofo conservador Marcello Veneziani, referencia cultural de la derecha.
Esteban Fernández encarnà un personatge a la recerca de guionista. Argentí d’origen, representava la Mercedes Benz a Catalunya als anys trenta. I de seguida s’incardinà en la clientela, la burgesia catalana, sobretot barcelonina. Intrèpid, capriciós i exquisit, tenia la fal·lera de pilotar. El 1933 es va fer construïr a la Garriga una elegant casa d’estiueig racionalista: amb hangar per a la seva avioneta, encara existent. I va fer condicionar un aeròdrom familiar, a la finca de Can Rosanes. Amb la guerra va ser clau per a l’aviació republicana, així que els bombarders italians s’hi van dedicar a tort i a dret.
En el tercer episodio de Yo siempre a veces, la serie creada por Marta Bassols y Marta Loza, Laura, la protagonista, les pide a sus amigas que, aunque hayan organizado una fiesta, no consuman drogas ni se emborrachen en la casa donde conviven con su bebé. Cuando algunas incumplen, Laura se enfada y siente que ella misma ya nunca más será capaz de disfrutar así de esos excesos. En este caso, las circunstancias y la mirada de Laura han cambiado debido a su reciente maternidad. Pero a veces la situación personal varía por el efecto negativo de algunos consumos: los problemas familiares, sentimentales o laborales o las alteraciones de salud, además de unas resacas cada vez más largas, son las consecuencias de una vida nocturna demasiado intensa, y quien las padece siempre se plantea bajar el ritmo.
La estadounidense Caro Claire Burke ha debutado a lo grande con su novela Yesteryear (AdN), protagonizada por una tradwife famosa en internet. Como todas las influencers ultraconservadoras, vende una imagen idílica de un pasado que no existió, algo que descubre cuando un día se despierta en 1885. El libro es mordaz y adictivo y con él la autora ha logrado ganar tanto o más dinero que aquellas a las que retrata a través de Natalie, su antiheroína. La venta de los derechos de publicación alcanzó siete cifras en la puja entre editoriales y ya está en proceso de adaptación al cine con Anne Hathaway como Natalie, el personaje principal. Más allá de cualquier crítica literaria, ya es uno de los títulos del año.
Una persona envía un mensaje y se queda mirando el móvil esperando una respuesta que no llega. Pasados unos segundos, lo guarda en el bolsillo. Pasan cinco minutos y lo vuelve a mirar. Diez, lo mismo. Media hora, otra vez. No hay respuesta y esa espera activa un mecanismo mental que seguramente les suene a muchos. “¿Habré hecho algo mal?”, “Mi mensaje estaba bien, ¿no?”, “¿Le habrá pasado algo?”. El cerebro del que espera comienza a elaborar teorías más o menos descabelladas para intentar explicar el silencio, para rellenar el molesto hueco que la incertidumbre crea en su interior.

Hubo un tiempo en el que en la muy verde Gran Bretaña surgió un grupo de escritores, dramaturgos, artistas y cineastas que decidieron poner la casa patas arriba. Les llamaron “los jóvenes airados”, jóvenes que, naturalmente, tiempo después fueron absorbidos por el sistema con su tradicional eficacia. De la ira al confort, una evolución que resulta atractiva para quienes llegaron después.
No es la primera vez que Antonio Maíllo (Lucena, 59 años), candidato de la coalición de izquierdas Por Andalucía, se enfrenta como cabeza de lista a una campaña en la comunidad. Lo hizo en 2015, ante un Podemos en auge y tras el final abrupto del Gobierno de coalición en la Junta con el PSOE de Susana Díaz. Ahora el político cordobés se dice “tranquilo”. La experiencia y el cáncer de estómago que superó hace unos años han puesto todo en perspectiva. Después de dos debates televisivos en los que se ha esforzado en diferenciarse de Adelante Andalucía, el coordinador federal de IU reivindica la utilidad de su papeleta, liga su futuro a lo que pase el 17-M y tiene claro que lo que suceda en Andalucía será “determinante para las generales” .


La primera vez que entré en este hospital para cuidar de mi hijo hacía mucho frío. Recuerdo que las auxiliares nos daban calor con detalles como ofrecernos más mantas o preguntarnos simplemente si necesitábamos algo. Hace unas noches volví a entrar y se repitieron escenas similares: desde estar pendiente de ti en cada suspiro hasta calentarte la cena guardada cuando subes muy tarde del quirófano.

En su último libro, La respuesta (Destino), el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, madrileño de 71 años, recorre los momentos estelares de la evolución humana. Están los vivos —nosotros—, los desaparecidos —como los neandertales—, y los que están a punto de desaparecer —los grandes simios como chimpancés, orangutanes y gorilas—. Al contrario que otras veces, el codirector de Atapuerca se moja: dice claramente su opinión sobre múltiples teorías que intentan responder las preguntas más importantes: ¿quiénes somos?, ¿por qué estamos aquí?, ¿hacia dónde vamos? Contra todo pronóstico, es un libro luminoso, que rezuma admiración por nuestra propia especie (posiblemente el producto más rápido, sorprendente y temible de toda la evolución), y amor a la naturaleza. A pesar de nuestras agresiones, Arsuaga cree que tenemos futuro: “Algo maravilloso va a ocurrir”, escribe. Estos días prepara una gran exposición sobre evolución humana —Crania, cráneos— que se inaugurará en septiembre en Burgos. Dice que no se jubilará hasta que lo hagan Bruce Springsteen, Matías Prats y Marie Claire-King.

