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Santiago Díaz (Madrid, 55 años) no escribiría si no se divirtiera e hiciera que los demás disfrutaran con sus novelas. Cuesta imaginar a qué se dedicaría entonces porque, asegura, no vale para otra cosa: “Me pides que te cuelgue un cuadro y se te cae la pared. Para lo demás soy un inútil”, cuenta a EL PAÍS un martes de finales de abril en un céntrico hotel de Madrid. Su última novela, El amo (Alfaguara), lleva unas semanas en el mercado, colocada, como las anteriores, entre los primeros puestos de lo más vendido. Díaz no se esconde: “Si consigues hacer un poco de mejor literatura o dejar una huella, genial, pero mi finalidad, mi ambición y mi objetivo es que la gente se lo pase bien. Busco momentos espectaculares y giros inesperados”.

Padre de familia se estrenó el siglo pasado. Era enero de 1999, el mismo año que empezaron Los Soprano, 7 vidas o Digimon. Pero, a diferencia del resto y como también sigue haciéndolo Mariska Hargitay en Ley y orden: Unidad de víctimas especiales, los Griffin han seguido apareciendo casi ininterrumpidamente en los televisores de todo el mundo desde entonces. La serie no solo ha sobrevivido a una cancelación, sino que ha superado cualquier mal de la televisión tradicional y ha triunfado y crecido en la era de las plataformas.
Juan Antonio Carbajo y Francis Pachá
Javier A. Fernández
Adolfo Domenech
Juan Mayordomo
Enrique Oñate, Alberto Gamero, Diego Martínez
En septiembre de 2024, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció el arranque del programa Colegios Compartidos, para que los alumnos de colegios e institutos públicos pudieran disfrutar de actividades artísticas o deportivas que se programen en otros centros escolares de la región. El proyecto, según lo anunciado, no solo facilitaba la conciliación de los progenitores. También fomentaba que se conocieran niños de barrios y municipios distintos. Y de alguna manera, democratizaba las extraescolares, al permitir el acceso a las mejores instalaciones deportivas o de música, rompiendo barreras e igualando oportunidades. Primer problema: el programa no arrancó, como se había anunciado, en el curso 2024-2025. Segundo problema: tampoco lo hizo en el 2025-2026. Tercero: ya está en el horizonte el inicio del tercer curso desde que se anunció el proyecto, y su comienzo sigue en el aire.
Un día cualquiera en Londres a mediados de los noventa. George Michael (1963-2016) acude a un restaurante en compañía de la maquilladora Sali Hughes, hoy escritora y columnista de belleza en el diario The Guardian. Michael y Hughes tienen una breve conversación con la camarera que atiende su mesa, una joven que, según les explica, está haciendo horas extras para costearse los estudios de enfermería.
No debe ser fácil ser Britney Spears. Nunca ha debido serlo. Siempre hay una sonrisa en su cara, siempre parece tener ganas de bailar, siempre prevalece la dulzura, la impostada inocencia que la coronó en la música y en el universo pop hace más de 25 años. Pero ya no hay engaño. Se entrevé, al fondo, el dolor. Lejos de cerrarse, las grietas de la artista, de 44 años, son cada vez más visibles, por mucho que se esfuerce en sonreír y negar. Las dos últimas han sido evidentes, y con apenas unas semanas de diferencia. A principios de marzo, fue detenida por conducir con más alcohol en su organismo del permitido cerca de su casa de California. Apenas un mes después, la princesa del pop, ganadora del Grammy, con 150 millones de discos vendidos, ingresaba en una clínica de rehabilitación. Por su propio pie. Y sin decir una sola palabra. Las señales del dolor eran evidentes.
¿Os acordáis de ese cuento de Andersen? Un emperador pasea desnudo por las calles y todo el mundo aplaude su traje invisible porque nadie quiere ser el único que no lo ve. El miedo a parecer tonto es más fuerte que la evidencia delante de los ojos. El miedo a ser el primero, a las represalias… pero todo el mundo es consciente de que en realidad el emperador vive en la locura.

Soy una periodista con casi 20 años de experiencia en el sector tecnológico y, durante este tiempo, he elaborado reportajes, artículos y todo tipo de contenidos relacionados con los más variados aspectos relacionados con la tecnología. Además, durante los últimos años me he especializado en el análisis de productos y he tenido la oportunidad de analizar cientos para distintos medios, entre ellos El País: desde los smartphones más económicos hasta los modelos más avanzados del mercado, ordenadores, sistemas de sonido, televisores… También dispositivos relacionados con el cuidado personal o el hogar. Mi compromiso con el lector es sencillo: independencia, rigor y utilidad. Independencia, porque mis opiniones no están condicionadas por marcas ni intereses comerciales. Rigor, porque cada producto se prueba en condiciones reales, durante el tiempo necesario para detectar tanto sus virtudes como sus limitaciones. Y utilidad, porque el objetivo final no es impresionar con especificaciones, sino ayudar a tomar decisiones informadas.













La maternidad real dista mucho de la imagen perfecta que durante años se ha vendido: una madre capaz de llegar a todo, siempre disponible, siempre paciente y siempre feliz. Frente a ese ideal imposible, la psicóloga perinatal y divulgadora Mamen Jiménez (Lucena, Córdoba, 45 años), conocida como Lapsicomami por un blog que abrió en 2015 y en el que hablaba de salud mental, pareja y crianza, pone el foco donde rara vez se pone: en la mujer que hay detrás del rol materno. En Mi diario de autocuidado (Lunwerg, 2026), su cuarto libro, propone ejercicios, preguntas y herramientas prácticas para desmontar mitos, aliviar la culpa y recuperar espacios propios, sin caer en fórmulas vacías ni en la presión de “hacerlo todo bien”.
A falta de resultados, a Stefanos Tsitsipas siempre le quedará el amor. No es menor el consuelo. “Me encanta verla apoyándome cuando estoy pasándolo mal en la pista. Ella [su pareja actual, extenista universitaria e influencer] entiende la psicología de este deporte”, comentaba estos días en la Caja Mágica, precisamente el escenario donde hace seis años se destapó a lo grande. Aquella noche, 2019, un griego de 20 primaveras tumbó a Rafael Nadal con aires desafiantes, descaro, táctica y un delicioso revés a una mano que prometía hacer estragos. Y así fue, los hizo. Pero allá quedaron. Ese talento que aparentemente había llegado para derrocar a los tres gigantes es hoy un tenista extrañamente indefinido y estancado. Con rumbo hacia donde nadie sabe.
El pupilo actual de Ivanisevic, Arthur Fils, mantiene el buen rumbo adquirido recientemente en Barcelona y venció al estadounidense Emilio Nava por 7-6(2) y 6-3. El campeón del Godó enlaza siete triunfos y se enfrentará a Tomás Martín Etcheverry en los octavos.
Por otra parte, el dúo formado por Marcel Granollers y Horacio Zeballos se despidió a las primeras de cambio del torneo. El español y el argentino, ganadores hace un año, cedieron ante los monegascos Valentin Vacherot y Romain Varneodo por 2-6, 6-1 y 10-6 (tras 1h 12m).
Granollers y Zeballos no cedieron un solo set en la pasada edición, pero esta vez no terminan de cogerle el pulso a la tierra batida. Antes cayeron en la segunda ronda de Montecarlo y en el estreno de Barcelona. La derrota les costará la pérdida del número uno y el dos que defendían en dobles.
Además del Mérida-Tsitsipas, este lunes contará con la intervención del malagueño Alejandro Davidovich, citado a primera hora del día (11.00, Tdp y Movistar+) con el defensor del título, el noruego Casper Ruud. Habrá otros alicientes como Sabalenka, Gauff, Zverev o Medvedev.