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Cuando apenas había transcurrido media hora de la importante cumbre del miércoles en Mérida sobre la negociación del Gobierno extremeño, Vox envió un comunicado a los medios enumerando sus demandas dirigidas al PP. “Prioridad de los españoles en sanidad”, rezaba de forma genérica una de las condiciones para investir a María Guardiola. El Partido Popular niega que ese tema estuviera sobre la mesa en la reunión a la que acudió su secretario general, Miguel Tellado, hace tres días. Pero al ser necesario su apoyo también en Aragón y en Castilla y León —comunidades donde Santiago Abascal hace valer su aumento de voto prolongando el bloqueo y donde extenderá los requisitos ya enunciados en Extremadura—, los ultras arrastran inevitablemente a Génova al debate de restringir la sanidad a los inmigrantes, uno de los principales puntales del discurso de la extrema derecha.
Caras nuevas y dirigentes más jóvenes con experiencia de gestión, pero continuismo en las políticas y los equipos del área económica del Gobierno para consumar la recta final de la legislatura. La nueva remodelación del gabinete forzada por la convocatoria de las elecciones andaluzas y la salida de María Jesús Montero, una pieza fundamental del engranaje del Ejecutivo los últimos ocho años, proyecta un Gobierno más técnico para hacer frente a las secuelas de la guerra de Irán, pero sin romper con el pasado. Al contrario. Montero, que desde este viernes ya aparece en el Boletín Oficial del Estado como exvicepresidenta primera y exministra de Hacienda, sigue siendo número dos del PSOE y se mantiene su impronta en la cúpula del ministerio.
El Ministerio de Sanidad tiene preparado un nuevo Manual de Buenas Prácticas en Eutanasia para mejorar los procesos que llevan a la muerte digna, acortarlos en caso de urgencia y dar más protagonismo al papel de la enfermería. El documento se iba a votar este viernes en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), un día después de la mediática muerte de Noelia Castillo por este procedimiento, pero no es consecuencia del caso: surge de años de trabajo de la dirección de Salud Pública.
Informes médicos, procedimientos judiciales, declaraciones públicas. Durante dos años, la vida de Noelia Castillo fue objeto de un doloroso torbellino. Muchas personas hablaron sobre ella, pero la cuestión es cuántas estaban dispuestas a aceptar que la decisión sobre su propia vida le pertenecía a ella. ¿Por qué cuando alguien habla desde el daño su juicio se interpreta como incapacidad, especialmente si es una mujer? La voz de Noelia era —y es, porque su voz no ha muerto― moral y autónoma, pero su dramática historia, su diagnóstico y sus intentos de suicidio fueron usados para decir que su voz no era válida porque era la de un sujeto roto. Carol Gilligan lo llamaba “la voz silenciada”, no porque no hable, sino porque quienes la reciben no la escuchan como lo que es: un juicio moral válido sobre la propia experiencia. El daño se utiliza como un argumento contra la voz, un círculo perfecto de invalidación. Noelia lo atravesó durante 601 días siendo mujer, joven, sin familia que la apoyara, con un diagnóstico psiquiátrico y una historia de agresión sexual. Y cada uno de esos elementos fue usado contra ella para decir que su voz no valía. A los hombres que toman decisiones desde el dolor se les dice héroes, valientes, lúcidos. A las mujeres nos vuelven incapaces.
Las olas de calor ya forman parte de una nueva realidad en Alemania: los veranos son más largos, calurosos y secos. Para hacer frente al calentamiento del planeta, Berlín va a plantar miles de árboles hasta el año 2040 para tener de media un árbol cada 15 metros en las calles, siempre que sea posible, y desarrollará proyectos para transformarse en una ciudad esponja para recoger y almacenar el agua de lluvia.

Hay dos tipos de personas en el gimnasio. Los que llegan cuando aún no ha amanecido, con el café en la mano y la determinación intacta. Y los que aparecen al caer la tarde, cuando el cuerpo parece por fin haber despertado del todo. Y ambos creen tener razón.
Desde hace algo más de dos años separo siempre los restos de comida del resto de la basura: en la localidad donde vivo existe un programa municipal de procesamiento de residuos orgánicos para crear compost, que se reparte entre todas las personas que colaboran en su elaboración.
Atraído por el misterio de lo cotidiano, el periodista Javier Cáceres lleva dos décadas persiguiendo a futbolistas profesionales retirados, leyendas eternas, respetables especialistas, próceres de barrio o memorables cromos perdidos, para someterlos al autoanálisis que supone toda discriminación: “¿Podría usted pintarme su gol más importante?”. Al cabo de más de 150 encuentros con las deidades, el autor publica El gol de mi vida (Libros Cúpula), una selección de dibujos única, obra hilarante, fronteriza entre el álbum de anécdotas y el tratado de antropología.

He pasado unos días de gran intensidad a la caza de un viejo nazi. En un ejemplo de nuevo-nuevo periodismo me he hecho acompañar de la IA, pero he de decir que las cosas no han ido como yo pensaba: hay que ver cómo la lía la IA. Todo vino de la lectura de La venganza de Odessa, la secuela póstuma de la célebre novela de Frederick Forsyth y también de haber pillado en Netflix una vieja película de 2001 en la que un tipo bastante patoso se recicla como periodista.

