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La computación cuántica, todavía en fase experimental, está llamada a revolucionar la informática. Se supone que multiplicará exponencialmente la capacidad de cómputo de los ordenadores. Eso es una muy buena noticia para la investigación y los desarrolladores, pero también tiene algunas implicaciones en el campo de la seguridad: los ordenadores cuánticos serán tan potentes que, presumiblemente, serán capaces de romper el cifrado (es decir, conseguir la clave) de muchas de las comunicaciones consideradas hoy bien protegidas. Este problema lleva tiempo anticipándose en el campo de la ciberseguridad, que busca estrategias para desarrollar sistemas de criptografía que puedan resistir a ordenadores cuánticos.
Esos pliegues tallados como si estuviesen mojados hasta dibujar el ombligo; la torsión de la cadera; ese mármol blanco de fina factura. El investigador Diego Romero Vera ya intuía que ese trozo de piedra que encontró arrumbado en el patio de un convento de Lebrija (Sevilla), maltratado por el verdín y el cemento, no era un bloque de acarreo cualquiera.
En 1815, Napoleón Bonaparte regresó a Francia después de huir del exilio en la isla italiana de Elba. Llegó a Golfe-Juan, cerca de Antibes, en la costa sur de Francia. Desde Cannes, emprendió una ruta hacia los Alpes franceses y luego hacia París. Cuando llegó a la capital dos semanas y media después, recuperó el poder y retomó el mando militar.
Más información en la guía Provenza y la Costa Azul de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.
La dibujante Bea Lema (A Coruña, 1985) ha trasladado al cortometraje su libro El cuerpo de Cristo (Astiberri), por el que recibió el Premio Nacional de Cómic en 2024. La película se proyecta la semana que viene en Madrid, en el marco del Festival Anfibia.
Detrás de los números a veces se esconden verdades desoladoras. El 1, por ejemplo, es con el que los telediarios bautizaron a José Fernández en la noche del 29 de octubre de hace dos años, mientras una dana terminaba por arrasar Valencia. El primer muerto conocido por las inundaciones, así lo definieron numéricamente. Fernández tenía 64 y aquella tarde estaba con su mujer Isabel en casa, en un cuarto piso de un edificio de Massanassa. Sobre las 18.00, bajó al garaje para sacar el coche, ante el miedo de que se inundase el trastero. Isabel, mientras, se puso a tender la ropa. Y en un momento, al asomarse a la ventana, contempló con pánico cómo una ola grande recorría la calle con coches flotando. Fue a buscar a su marido, pero se había quedado atrapado en el ascensor. Le escuchó pedir auxilio una y otra vez. “Pero ¿cómo podía ayudar? Nadie en ese momento podía ayudar. No tienes los medios. Es una situación de impotencia”, explicó entonces Isabel. Ambos desconocían la magnitud meteorológica ni tampoco recibieron una alerta en sus móviles que les advirtiera de los peligros de estar en plantas bajas o salir a la calle. El ES-Alert, de hecho, tardaría en llegar dos horas después de que Fernández bajara al garaje. A las 20.11, cuando sonó el primer mensaje masivo, 182 de las 233 víctimas mortales de la dana ya habían fallecido y la situación de decenas era insalvable.

Estamos en esa época del año en la que cuesta acertar con el conjunto para no pasar ni mucho frío ni mucho calor. Una buena opción estos días es vestir por capas, recurriendo a una chaqueta ligera, una sudadera o una americana para esas franjas horarias en las que bajan las temperaturas.









“Abrimos las puertas de nuestro primer restaurante con un cocinero novato. Yo atendía las mesas y servíamos pescado y arroz. O ese era el plan. Empezó a entrar mucha gente y yo quise asegurarme de que la cocina estaba controlada. Así que le dije al cocinero: ‘dos mesas de ocho han pedido arroz. ¿Hay algún problema?’. Y el tipo me contestó: ‘no, no, tira’. Al cabo de unos minutos volví a preguntar: ‘hay otra mesa de seis y también quieren arroz. ¿Algún problema?’. ‘No, no, tira’, insistió. Media hora después y al ver que no salía nada de la cocina, fui a mirar: el delantal estaba allí bien colocado, pero del cocinero no había ni rastro. Se había largado”. Lo cuenta riendo Jordi Millán (1981, Barcelona) quien junto a su mujer Sara Martín (1983, Barcelona) lleva desde 2014 poniendo patas arriba la capital catalana.




San Judas Tadeo, conocido como el patrón de las causas perdidas, ha reunido a miles de personas en el Templo de San Hipólito y San Casiano, el principal centro de culto a la imagen de este santo en el centro de Ciudad de México desde la noche del martes y a lo largo del miércoles 28 de octubre, día en que los fieles acuden a expresar su devoción y fervor.


