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Como después de un truco mágico de David Copperfield en el que desaparece un edificio de la línea del cielo de Manhattan, un día —no sabemos si “un buen día”—, las recolectoras palestinas de flores en los invernaderos israelíes, los prisioneros palestinos, los conductores palestinos de autobuses en Tel Aviv, los propietarios palestinos de pequeños locales de hummus, desaparecen de Israel. ¿Será una huelga, una maniobra política por parte de la resistencia, una estrategia del ejército israelí, una conspiración? Existe una oposición dentro de Israel contra los desmanes de su gobierno a la que esta novela da voz; sin embargo, aquí la voz fundamental es la de los israelíes para quienes la desaparición constituye una ofensa y un alivio. Ibtisam Azem reflexiona sobre la usurpación de bienes, memoria y discurso; sobre la imposibilidad de asumir la franja gris en determinadas circunstancias históricas y políticas; sobre cómo se pervierte la racionalidad y se devalúa el significado de palabras como democracia. Lo más inquietante es que este libro fue publicado en 2014. Entonces, el pueblo palestino ya contaba con argumentos para denunciar una situación que, como poco, se remonta a 1948 con la creación del estado de Israel y la Nakba, la Catástrofe, que supuso la expulsión de más 700.000 palestinos. Hoy, en pleno genocidio, la lectura de El libro de la desaparición nos alcanza con pertinente vibración ideológica para recordarnos la dimensión ética y la oportunidad política de los textos literarios.


No hay duda de que el café forma parte de la rutina de muchas personas, pero también está claro que no todos lo preparamos de la misma manera. Mientras que hay quienes disfrutan del ritual de hacerlo en una cafetera italiana o, incluso, en una prensa francesa; otros, prefieren la comodidad de pulsar un botón y tenerlo listo en segundos. También los hay que necesitan preparar varias tazas a la vez o que buscan una opción portátil para disfrutar del café fuera de casa.








La celebración de Halloween el 31 de octubre, que los más viejos del lugar solo veían en las películas estadounidenses de los ochenta y los noventa, se ha instalado ya en el calendario español como una fiesta más. Hay quien disfruta con ella -los adultos más abiertos a las modas foráneas y la práctica totalidad de los niños-, y quien refunfuña llámandola costumbre invasora, para después insistir en que lo nuestro es Todos los Santos, el magosto o la castanyada.





Tres semanas antes de conducir a España a ganar su segundo Mundial y transformarse en uno de los personajes más populares del país, Luis de la Fuente recordó lo lejos que había estado de todo esto, este lunes mejor entrenador en la gala del Balón de Oro. El Alavés lo despidió en el otoño de 2012, al poco de comenzar la temporada y comenzaron semanas y semanas de preocupación creciente de parado. “El mes que viene me llamará alguien”, pensaba. “Y llegaba el mes siguiente y no me llamaban”. Pese a las circunstancias, él seguía empeñado en su camino y pasaba los ratos muertos en Lezama, mirando trabajar a Bielsa al mando del Athletic. “Estuve cinco o seis meses viendo los entrenamientos de Marcelo. Tengo todos grabados”, contó la víspera de enfrentarse al argentino, que dirigía a Uruguay.
¿Qué tienen en común Papá Noel, Pippi Långstrump, Björk y el Jamón de Teruel? Que todos ellos vienen del frío. En el caso del jamón, que cuenta con Denominación de Origen Protegida, el frío es una marca de identidad: las temperaturas bajas y el clima seco de Teruel hacen que se cure lentamente, y gracias a ello, es suave, equilibrado y con el punto justo de sal. Tanto el jamón como la paleta son perfectas para tomarlas solas, pero también para incluirlas en distintas elaboraciones.
“Es una revolución”, asegura Rogelio Enríquez, presidente de la Academia Madrileña de Gastronomía, cuando se le pregunta por esa línea de cocidos que pone en valor el origen de los ingredientes y va mucho más allá de los dos y tres vuelcos tradicionales. Ahora mismo, en Madrid, la receta vive una nueva edad dorada, con aproximaciones que están elevando el plato de toda la vida —que, evidentemente, continúa en su formato más tradicional y accesible en los menús del día, las casas de comidas y los restaurantes especializados—. “El cocido es el primer menú degustación de la historia”, defiende Enríquez. La demanda, además, atraviesa un buen momento. “La gente cada vez cocina menos en casa. Entonces, ir a comer un cocido es ya un hito en sí mismo”. Como cocidos inquietos, hoy ya desaparecidos, Enríquez indica el de Iván Sáez en Desencaja, hoy en el Club de Campo, “muy historiado, con las carnes muy trabajadas”; o el que hacían Manuel Domínguez y Mary Morales en Lúa, “un cocido gallego con un punto de sofisticación y ceremonia”.
Los rumores han quedado despejados. El próximo 14 de febrero de 2027, el rapero Jay-Z, de 56 años, será quien le ponga música al intermedio de la Super Bowl. La final número 61 de la liga nacional de fútbol americano de Estados Unidos (NFL, por sus siglas en inglés) estará protagonizada, además de por los dos equipos que logren llegar a la última instancia, por el cantante y empresario, que es además el propietario de Roc Nation, la empresa encargada de organizar el evento.
Después de conquistar su primer Balón de Oro, Alexia Putellas recibió una carta. Era de Luis Suárez, hasta el 29 de noviembre de 2021 el único español de nacimiento que había ganado el premio de la revista France Football. El texto, una mirada al pasado de cuando el gallego lo levantó en 1960, encerraba un mensaje de futuro: “Este trofeo debe ser la base de tu salida, no tu meta”. A la futbolista catalana, hija de la ambición, la frase se le quedó grabada. Y así se lo hizo saber al exjugador del Barcelona y del Inter cuando le respondió agradecida.