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Llega con un clasificador azul lleno de fundas de plástico transparente y un bloc de pintura el mismo día que su hija cumple 7 años. Dentro está todo lo que ha ido guardando desde hace meses: las transcripciones de las conversaciones con ella, de los vídeos y los audios que le ha grabado mientras la niña le explicaba cosas que recordaba, dibujos que ha hecho en los que hay un hombre con sangre en la boca y al que se le distingue claramente la bragueta del pantalón que parece semiabierta, otro en el que aparece una mujer con una soga, o uno con una niña en una jaula, u otra rodeada de medicamentos y utensilios médicos. Están también todos los documentos policiales, médicos, judiciales y legales, todo lo que esta mujer de poco más de 40 años y su marido han entregado a su abogada, a la policía y al juzgado.
Frente a una película que se adelantó a todos los tiempos, a los cambios del lenguaje, a la diversidad y a la reivindicación; frente a una película insólita, esquiva pero meridiana, críptica pero brillante; frente a una película fuera de cualquier tiempo, pero también producto de su tiempo, solo cabía una nueva versión presidida por la coherencia. La coherencia de seguir la senda de la luz y de la libertad abierta por dos hombres capaces de enfrentar a la censura franquista y a los españolitos de a pie con lo indecible. Y también la coherencia de verbalizar, de aclarar, de concretar, de reivindicar lo que antes era no solo impensable, sino imposible. A la maravillosa, inigualable y extraordinaria (en cualquier sentido: el cinematográfico, el cultural, el político, el social) Mi querida señorita del año 1972, creada por Jaime de Armiñán, desde la dirección y el guion, y José Luis Borau, coescritor y productor, le sucede ahora Mi querida señorita, versión 2026, aunque ambientada entre 1999 y 2000, escrita por Alana S. Portero y dirigida por Fernando González Molina.
Dirección: Fernando González Molina.
Intérpretes: Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu, Eneko Sagardoy.
Género: drama. España, 2026.
Plataforma: Netflix.
Duración: 112 minutos.
Estreno: 1 de mayo.

Cuando María Lamela (O Santo, Lugo, 34 años) recibió la llamada para proponerle presentar Supervivientes desde Honduras, dudó si aceptar. Llevaba ocho años trabajando en La Sexta, y decir que sí suponía cambiar de cadena a Telecinco, dejar la actualidad por el entretenimiento y viajar a otro continente. Pero decidió aceptar el reto. “La vida son dos días y es para los valientes”, dice. Ahora, su rutina ha cambiado. Ha empezado a hacer deporte cada día para aguantar las exigencias del clima y el programa. Y cuando no tiene que conducir tres o cuatro horas de directo desde los Cayos Cochinos, aprovecha para hacer excursiones por la naturaleza o pintar, una de sus aficiones. A punto de cumplir dos meses en el programa, se conecta a la videollamada con EL PAÍS desde su habitación de hotel con la cara lavada y mostrando esa cercanía y naturalidad que despliega en las galas de los martes, jueves y domingos. Son las 17.00 en España, las 9.00 en Honduras.



Son las 5.30 de la mañana y un grupo de hombres vestidos con jalabias blancas sale de una mezquita de El Haj Yousif, un barrio ubicado en la periferia de Jartum. Hace un año, estas calles estaban totalmente ocupadas por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), el grupo paramilitar que hace tres años atacó la capital de Sudán y a las fuerzas gubernamentales y dio inicio a una cruenta guerra civil que ha sumido al país en la peor crisis humanitaria del planeta. Rami oye nuestras voces y sale al portal, apoya su espalda contra el muro exterior de su casa y dice: “Hace un año, esto no podríamos estar haciéndolo”. Miro a izquierda y derecha, y le pregunto qué estamos haciendo exactamente. “Esto, estar aquí, charlando en la calle”, responde.

Si hay un lugar en el mundo acostumbrado a vivir momentos especiales, ese es el Paseo de la Fama de Hollywood. Estrenos, fiestas y celebraciones han ocurrido desde hace décadas sobre sus losetas de terrazo gris. Pero este jueves, a las once y media de la mañana (hora de Los Ángeles), se producirá un momento realmente único: dos actores recibirán, a la vez, una estrella en el Paseo. Y, además, son tanto compañeros de trabajo como familia, una combinación poco habitual. La londinense Emily Blunt y el neoyorquino Stanley Tucci recibirán sus honores en el 6930 de Hollywood Boulevard, a las puertas del emblemático hotel Roosevelt. Lo celebrarán, previsiblemente, entre compañeros, pero también en familia: son cuñados desde hace más de una década.
Al planificar un viaje por los lagos canadienses, lo difícil no es el itinerario, sino asumir una escala difícil de comprender: solo en la provincia de Ontario, fronteriza con Estados Unidos, hay más de 250.000 lagos. Aquí, en la región de los Grandes Lagos —donde se concentra una quinta parte del agua dulce del planeta—, las distancias dejan de medirse en kilómetros. Enlazando viajes desde el lago Ontario al Superior, pasando por Muskoka, la bahía Georgiana o el remoto norte, aquí todo es inmenso, silencioso. Todo un privilegio para viajar de otra manera.
Más información en la guía Canadá de Lonely Planet y en en la web lonelyplanet.es.

Dentro de la categoría de postres con frutas, el crumble –o crisp en inglés estadounidense– es el rey. Se trata de una base de fruta horneada dulce, pero con su toque ácido, cubierta de una capa crujiente que suele prepararse con harina, azúcar y mantequilla, aunque en nuestro caso añadimos también un poco de avena para darle todavía más textura.
Hay misterios que acompañan a la humanidad desde siempre. Algunos son mayúsculos, casi filosóficos, y otros mucho más domésticos, pero igual de persistentes. Quién construyó las pirámides, qué hay en el fondo del océano, por qué a algunos rusos les dio por los emplatados locos y qué demonios lleva la salsa blanca del kebab.




Durante tres décadas de negociaciones en la ONU, ha sido prácticamente imposible llevar a los acuerdos que salen de las cumbres climáticas la realidad de lo que le ocurre al planeta: el ser humano lo está sobrecalentando hasta unos peligrosos niveles con la quema continuada de los combustibles fósiles (el petróleo, el gas y el carbón). Trasladar esta evidencia científica a los textos de las cumbres ha sido imposible por el veto firme de los principales países productores a cualquier mención a los combustibles. “Hemos estado tratando los síntomas y nunca hemos dicho que los combustibles son la causa principal de este cáncer y es lo que tenemos que atacar”, ha resumido Juan Carlos Monterrey, enviado especial de Cambio Climático de Panamá.