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En el IES Val Miñor, en Nigrán (Pontevedra), esta semana se parece poco al final de curso que recuerdan muchos universitarios que hicieron la selectividad a finales del siglo XX. África Álvarez, alumna de segundo de Bachillerato, encadena en pocos días seis exámenes de 90 minutos diseñados para reproducir el formato de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). “No tengo la sensación de ‘limpiar’ contenido al aprobar. Siempre tengo en la cabeza que volveré a examinarme de lo mismo”, explica. Los simulacros sirven para trabajar algo más que los contenidos: la gestión simultánea de varias materias, el ritmo del examen y la familiaridad con un modelo que lleva meses repitiéndose. “En realidad, todo segundo de Bachillerato está totalmente enfocado a la preparación de las pruebas”, resume.
En Castilla-La Mancha proliferan los aeródromos privados vinculados a la caza. Solo la provincia de Ciudad Real cuenta con al menos cinco pistas de vuelo de este tipo, algunas a solo 30 kilómetros entre ellas. Y habrá otra más si el Gobierno regional autoriza la que la empresa Nortia proyecta levantar en la finca El Molinillo, en Retuerta del Bullaque, junto al Parque Nacional de Cabañeros.
Quince minutos en televisión es mucho tiempo, pero en una vida son un suspiro. Sucedió hace una semana, cuando faltaban dos minutos para la una de la noche. A esa hora, en Telecinco, estaba ¡De viernes! y la entrevistada era María José Giaever, conocida como Makoke, para contar parte de lo que vivió con Kiko Matamoros, el padre de su hija.

La plaza del Mercado Central de Valencia, hoy ocupada por terrazas y turistas que fotografían su cúpula modernista, fue durante siglos uno de los principales escenarios de la trata de personas en la ciudad. Los archivos lo documentan con precisión: desde finales del siglo XV, este fue uno de los puntos de entrada de africanos esclavizados. A pocos metros, en la desaparecida Posada del Camell, llegaron a hacinarse más de un centenar de personas encadenadas, a la espera de ser subastadas. Y, sin embargo, no hay una sola placa que lo recuerde.

Federico de Madrazo retrató a Isabel II 28 veces, pero en ninguna de ellas la reina aparece con un ejemplar de la mariposa Graellsia isabelae engarzado entre esmeraldas, como aquel que lució en una recepción poco después de su descubrimiento en 1849. La reina de España, la alada, había sido hallada en los Pinares Llanos de Peguerinos (Ávila) por Mariano de la Paz Graells, catedrático de Zoología en el Museo de Ciencias Naturales y director del Jardín Botánico de Madrid, quien enseguida se la dedicó a la otra, la coronada, añadiéndole a su nombre el apellido isabelae. Isabel II acabó en el exilio. La mariposa isabelina, sin embargo, sigue siendo la más bella de España y de toda Europa, la reina indiscutible de las noches de primavera, que es cuando aparece buscando consorte en los bosques de pino silvestre de la sierra de Guadarrama, a caballo entre las regiones de Madrid y Castilla y León, y de cuatro sistemas montañosos más.