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Compromís ha denunciado que el Gobierno valenciano ha renovado hasta 2031 los conciertos educativos de 7 colegios vinculados al Opus Dei que, aunque “intentan justificar artificialmente” que no segregan por sexo, en la práctica siguen separando al alumnado entre niños y niñas. La coalición exige que se revoquen estos conciertos, a los que, según recalcan, la administración destina 72,6 millones de euros, o acudirán a los tribunales porque se trata de “una ilegalidad”. Así lo han expuesto este lunes el síndic de la coalición en Les Corts, Joan Baldoví, y el portavoz de Educación, el diputado Gerard Fullana, que han denunciado esta “mala praxis”.
Indudablemente, Eurovisión —que marcó el año pasado una excelente audiencia media de 50,1% de cuota de pantalla y 5.884.000 espectadores en su final en La 1— ha dejado un gran hueco en la programación de TVE, pero la corporación pública ya tiene un sustituto para la noche del próximo sábado 16 de mayo. Para la ocasión, ha creado una alternativa musical: el segundo especial de La casa de la música.
Quizá, de todas las características unívocas de los videojuegos, la resurrección sea la más diferencial. La resurrección, que ha derivado en el importantísimo concepto de ensayo y error (que los videojuegos han conseguido exportar a un montón de campos conceptuales) se ha convertido en la piedra angular desde la que se ha cimentado la experiencia del videojuego para un jugador. Uno se pone a jugar a un juego y al perder felizmente descubre que los errores no se pagan. Mejor dicho: se pagan —con tiempo y esfuerzo— pero no con la irreversibilidad; cuando en una serie, libro o película un personaje muere, muere para siempre. En el videojuego la muerte del protagonista es solo una etapa más en el proceso narrativo. Una etapa que, afortunadamente, los mejores diseñadores han sabido aplicar con mucha astucia.

Alcossebre es una pedanía costera que se asoma al Mediterráneo en el norte de Castellón, entre calas, pinares y urbanizaciones de baja altura. Pertenece al municipio de Alcalà de Xivert, y aunque cuenta con alrededor de 7.500 habitantes censados, en los meses de julio y agosto la población se multiplica. Es un destino clásico del veraneo valenciano, donde la vivienda turística marca el pulso del mercado inmobiliario. Tener casa aquí es, para muchos, una forma de asegurarse un refugio junto al mar. Un enclave de atractivo incuestionable, especialmente para jubilados que buscan comodidad y buen clima.


Dentro del variado catálogo de ofertas museísticas hay una especialidad que cada día cuenta con más devotos. Son los conocidos como museos de autor, creados en el mismo lugar donde el artista vivió y creó su obra. La recreación más o menos realista de estos espacios cautiva a un público cada vez más numeroso, porque no solo están llenos de claves que enriquecen el conocimiento de los investigadores. También los visitantes consiguen una experiencia que les hace sentirse más próximos a la obra del artista.
Era cuestión de tiempo que la complejísima obra de David Robert Mitchell (It Follows, Under the Silver Lake), repleta de capas, pura posmodernidad cinematográfica, inspirase, o se convirtiese en el punto de partida de un nuevo tipo de terror —y no solamente terror—, uno nuevo en un sentido clásico, poderosamente estético y narrativamente saturado. La primera muestra, y muy brillante, es la miniserie-milagro de Haley Z. Boston, Algo terrible está a punto de suceder (Netflix). Hay en ella el plano fijo y lejano de John Carpenter (Halloween) que David Robert Mitchell reinventó en It Follows, conversaciones aparentemente absurdas que sin Tarantino (Reservoir Dogs, y, sobre todo, Kill Bill) no existirían de la forma en que lo hacen, y el alma de todo el terror escrito (y dirigido) por mujeres este siglo XXI.