Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Hay algo revelador en cómo tres proyectos tan distintos —uno sobre barrios invisibilizados, otro sobre música clásica y una revista digital ya en marcha— terminan contando la misma historia: la de un periodismo que busca su sitio en un ecosistema en transformación constante. Esa búsqueda tomó forma el pasado 25 de marzo en la sede de UNIR en Pozuelo de Alarcón (Madrid), donde siete alumnos del Máster en Proyectos Periodísticos Digitales Avanzados de UNIR y EL PAÍS presentaron sus iniciativas ante un jurado de profesionales.
El futuro de las redes sociales se está decidiendo en los tribunales. Y pintan bastos. La semana pasada, Meta recibió dos importantes reveses judiciales. El miércoles, un jurado de Nuevo México determinó que la empresa matriz de Facebook, Instagram o WhatsApp es culpable de engañar a los consumidores sobre la seguridad de sus plataformas y por poner en riesgo a menores de edad, priorizando los ingresos a la integridad de los niños. Horas más tarde, Meta y YouTube (de Google) perdían en Los Ángeles un juicio clave que las declara culpables de generar adicción entre menores y de usar el diseño de sus plataformas para causar dependencia.
Almudena Valdespino, una mujer trans panameña de 39 años, llegó a España desde su país en 2014. Le dijeron que venía a trabajar, pero nunca imaginó que eso a lo que llamaban trabajo implicara ser explotada sexualmente. “Me engañaron y fui víctima de trata”, relata. A Valdespino le costó más de un año salir de esa situación. “Pedí asilo y me lo denegaron. Luego ya obtuve mi permiso de residencia y de trabajo, pero aún no he podido adecuar mis documentos”, explica Valdespino, que reside en Albacete y estudia Trabajo Social. Así, en la mayoría de documentos oficiales figura su deadname ―el nombre que tenían antes de transicionar―, lo que le genera diversos problemas, desde laborales hasta sanitarios. “En algunos aparezco como Almudena; en otros, con mi deadname: Esteban”, incide: “Estoy en un limbo”. Para la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+) esto “vulnera los derechos de alrededor de 65.000 personas trans migrantes; las deja en una situación de inseguridad jurídica permanente”.

El culto a la tradición y el cumplimiento estricto de las costumbres han sido durante décadas los principales argumentos que se han esgrimido en las localidades guipuzcoanas de Irun y Hondarribia para impedir que las mujeres participasen en igualdad de condiciones que los hombres en el Alarde de armas. Es una fiesta popular de larga historia que relega a ellas a un papel secundario. Nadie había cuestionado esta antigua usanza hasta que a finales del siglo pasado varias mujeres alzaron la voz con valentía contra la discriminación femenina. Reclamaron su derecho a igualarse con los varones y acabar con el veto que recaía sobre ellas. Esto desembocó en graves enfrentamientos y disputas incluso familiares que se han ido suavizando durante los últimos años, aunque la celebración de la fiesta no ha conseguido aún ser plenamente igualitaria. El Ayuntamiento de Hondarribia (17.000 habitantes) aprobó el pasado jueves el II Plan de Igualdad con 124 medidas que persiguen acabar con la desigualdad de género y, también, “avanzar en la resolución del conflicto en torno al Alarde”.


Cuando Maravilla ve al biólogo Plácido Rodríguez extiende sus alas a modo de saludo, danza y le acerca el pico. Esta hembra de cisne enviudó (muchas de estas aves muestran comportamientos monógamos) hace un año por un accidente de su pareja y su cuidador es hoy su principal referente de vida. Maravilla es uno de los ejemplares de las más de 180 especies que habitan La Cañada de los Pájaros, la primera reserva concertada de España y santuario para las aves a las puertas de Doñana. Este refugio, que ha servido de tabla de salvación para varias especies amenazadas o en declive (focha cornuda, cerceta pardilla, porrón pardo y malvasía) está hoy en peligro de extinción. “Si no queda otra, nos marchamos”, lamenta Maribel Adrián, también bióloga, cofundadora del centro y esposa de Plácido Rodríguez.






Cuenta la psiquiatra Gemma Parramon (Campdevànol, Girona, 54 años) que un día, cuando apenas era una residente de primer año y estaba empezando su andadura en la medicina, un ginecólogo le dijo: “Mira, yo en cuanto las pacientes entran por la puerta de la consulta, ya sé si son histéricas o no”. Esa escena, sintomática de una medicina históricamente androcéntrica y abducida por los roles de género, se le quedó grabada. Tanto, que vuelve a ella, 25 años después, para ilustrar cómo los sesgos machistas y la mirada patriarcal de la ciencia han construido, hormonas mediante, la percepción social sobre la salud femenina.

Luo Minmin, director del Instituto Chino de Investigación Cerebral (CIBR, por sus siglas en inglés) de Pekín, desgrana detalles sobre uno de los implantes cerebrales más avanzados que están desarrollando. Mientras habla de electrodos y neuronas, una pantalla a su espalda muestra el vídeo de uno de los ensayos que han llevado a cabo en monos: el macaco, inmovilizado en un laboratorio, tiene la tapa de los sesos abierta y unos cables conectados al cerebro; los sensores detectan sus impulsos neuronales a medida que sigue con sus ojos grandes de primate un círculo rojo en un plasma que tiene delante; los datos de su cerebro son procesados al instante, de modo que, con algo que se podría denominar “pensamiento”, es capaz de mover un cursor en la pantalla. La acción, a su vez, pone en funcionamiento un brazo robótico real. En resumen: tenemos a un mono manejando una máquina con la mente.
Su nombre inspira prestigio. Israel Elejalde posee una de las carreras más sólidas sobre las tablas de las últimas décadas, donde se ha puesto al frente de más de cincuenta obras en una trayectoria que ya rebasa las tres décadas. Lleva casi el mismo tiempo apareciendo en pantallas grandes y pequeñas, y aunque no quiere verse como un hombre de teatro que de vez en cuando hace cine y series, lo cierto es que su presencia sigue teniendo algo de ese aroma a telón y bambalinas que podemos emparentar con intérpretes como Josep Maria Pou.