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La Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado este miércoles, por amplia mayoría, la resolución impulsada por Ghana y respaldada por la Unión Africana que declara “la trata de africanos esclavizados y la esclavitud racializada de africanos” como “el crimen más grave contra la humanidad”. A pesar de no ser un texto vinculante, tiene un enorme peso político y se considera un hito histórico en la lucha por el reconocimiento y las reparaciones por los delitos de los que fueron víctimas al menos 12,5 millones de personas a lo largo de 300 años.
Meta y YouTube han sido declaradas culpables de generar adicción entre los menores y de engancharles en sus plataformas. Así lo afirma la decisión del jurado en el caso, pionero en Estados Unidos, que comenzó a finales de enero en Los Ángeles, California, en el que se ha tratado de poner de relieve la implicación de las empresas tecnológicas en la adicción de los niños y adolescentes a las redes sociales. Tras complejas deliberaciones por parte del jurado, que se han extendido durante más días de lo esperado, finalmente han dictaminado que tanto Meta, matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram, como la plataforma YouTube son “negligentes” y que usaron su diseño para causar dependencia en los menores.
Ocurrió el pasado viernes. Durante el concierto de Santiago Auserón (Zaragoza, 71 años) en el Real Teatro de San Fernando (Cádiz), los espectadores observaron que el artista parecía sentirse mal: perdía el hilo de sus comentarios y no remataba los temas. Decidió continuar pero el resultado fue insatisfactorio, tanto para el público como para el protagonista, que se presentaba en solitario.
De un cuento de hadas a la peor de las pesadillas. Así fueron los últimos 30 kilómetros de la etapa para Remco Evenepoel, que, después de que Bora, su equipo, partiera al pelotón en dos tras un abanico, arrancó frenético para enseñar la matrícula al pelotón. Tenía una cita con la gloria. O, al menos, eso pensaba porque su gozo, poco a poco, fue ennegreciéndose. Más que nada porque Vingegaard saltó tras él y le hizo de sombra, único en aguantar esas pedaladas de fuego, conforme con quedarse a rebufo porque sabe que su terreno es cuesta arriba por más que se defienda en las contrarrelojes, que si llegaban bien y si no también, que a él ya le valía con no perder tiempo, que su momento ya llegaría. De nada sirvieron los aspavientos de Remco, molesto porque no compartían objetivo y porque se complicaba su victoria de etapa. Y bien que se le enredó porque con 500 metros para la bandera a cuadros, en la última de las rotondas, parecieron chocar las ruedas de ambos y Evenepoel se dio de bruces con el suelo. “No sabe ni él lo que ha pasado”, concedió Patxi Vila, director deportivo de Bora. Sangre y rechistes, reniegos y torcida de gesto. Adiós a una victoria de galones. Por delante, Vingegaard se dejó ir —“no quería aprovecharme de una situación así”, confesó el danés en meta—, por lo que Dorian Godon, francés de Ineos, ganador de la primera etapa, volvió a demostrar que es el más rápido del pelotón, dos de tres posibles, toda una gesta.
En la iglesia de San Pedro y San Pablo, en la ciudad de Maastricht, se ha descubierto un esqueleto del que un laboratorio alemán está analizando el ADN de la dentadura para saber si se trata de Charles de Batz de Castelmore, conde de D’Artagnan. Era el famoso jefe de mosqueteros al servicio del rey Luis XIII y Luis XIV, que cayó en combate el 25 de junio de 1673 durante el asedio y toma de Maastricht por el ejército de Francia durante la guerra franco-neerlandesa. Convertido en un personaje de leyenda a partir del siglo XIX gracias a la novela Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, nunca se ha aclarado qué ocurrió con su cuerpo. El hundimiento de una parte del suelo del templo ha facilitado ahora el hallazgo de los restos, junto a los que había una moneda francesa y una bala de mosquete en la zona del pecho. D’Artagnan murió de un disparo similar en la garganta.

Una charla con cualquier persona con dermatitis atópica o psoriasis conduce casi siempre a la misma conclusión en los especialistas en dermatología: sus síntomas se perciben en la piel, pero su impacto es mucho más profundo. Dejan huella en la autoestima, generan ansiedad, alteran el sueño, están vinculadas a la enfermedad mental más prevalente -la depresión- y condicionan todos los ámbitos de la vida de las personas que las sufren, desde el laboral al afectivo.
Investigadores de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) han hecho una analogía entre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la basura. Ambas son subproductos de actividades humanas. Ambas están generando serios problemas al planeta. Ambas provocan daños que se pueden cuantificar en dólares. Ambas hay que gestionarlas, pero en ambas hay algunos que no pagan la factura y muchos otros que la sufren. Sobre esta comparación, desarrollada en Nature, la principal referencia de la ciencia, han construido un marco que permite estimar el coste del CO₂ casi a nivel individual. El trabajo también desvela el carácter acumulativo de su impacto: a los daños ya producidos por las emisiones del pasado, habrá que sumar los futuros, que se multiplicarán por 10.