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El Ayuntamiento de Madrid aprobó este verano la recalificación de los terrenos de la ciudad deportiva del Real Madrid, una parcela de 1,2 millones de metros cuadrados en el barrio de Valdebebas, al norte de la ciudad, que el club blanco explotará: oficinas, un hospital y un centro educativo privados, residencias de estudiantes, auditorio, hoteles y comercios. Para dar luz verde al proyecto, el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida (PP) encargó a una consultora un estudio económico, un trámite clave para determinar si la operación es viable y, además, que no será una carga para el Consistorio madrileño. El documento se publicó y la recalificación pasó el primer corte, pero el informe contiene un error de cálculo que infla el ingreso público de 1,46 millones de euros al año a 98,6 millones. Esto altera sustancialmente una de las conclusiones del estudio: que la transformación de los suelos del club dejará un amplio beneficio a las arcas municipales.


A la una y media de la madrugada, un hombre llamado Rubén circula por la carretera en dirección a su vivienda en Arroyomolinos (Madrid). Es 22 de febrero de 2023, apenas hay tráfico, pero una patrulla de la policía le da el alto. Él para el vehículo pensando que es un control rutinario, cuando, de repente, se ve envuelto en una maraña de golpes e insultos y esos supuestos agentes lo meten a trompicones en su coche. Al mismo tiempo, en su casa, cuatro encapuchados, también vestidos como policías, sacan a su mujer y sus hijos de la cama y los meten en otro coche. Es el inicio de una noche de terror y brutalidad a manos de una banda a la que no le temblaba el pulso para conseguir todo el dinero y las joyas que pudiera. ¿Su límite? Una anotación en un papel en la mesilla de noche de uno de los criminales da una idea de sus expectativas: “Riqueza Éxito - un millón de euros”.


A principios de octubre empezó la campaña de vacunación de la gripe en la Comunidad de Madrid. Alejandra García, de 40 años, lleva desde entonces queriendo vacunar a su hijo, Martín, de 16 meses. Pero no ha podido. Lleva malo desde entonces. “Mira, el año pasado cogió una gripe al mes y este, pues desde septiembre con mocos, llevamos el mismo camino. No puedo más”. Martín no es un niño especialmente enfermizo. La situación que comenta su madre es tan desesperante como común. Entrar en la escuela infantil supone subirse a un carrusel vírico imparable. “Es normal que durante los dos primeros años de vida un niño pueda presentar hasta seis u ocho episodios de infección respiratoria viral leve al año”, explica Carmen Muñoz-Almagro, médica especialista en microbiología del Hospital Sant Joan de Déu. “Los niños pequeños tienen un sistema inmunitario todavía en desarrollo y están entrando en contacto por primera vez con muchos virus”, argumenta. Y esto se junta con un contacto estrecho y prolongado con otros niños, con hábitos propios de la infancia como el juego intenso y la necesidad de morder y tocar todo. Y se lía.
Los materiales marcan la evolución del ser humano: de la edad de Piedra a la del Bronce, y después el hierro, el acero, el vapor. Ahora es el silicio el compuesto omnipresente en los chips que alimentan la computación y la inteligencia artificial (IA). Y esta era se acerca al colapso sin que esté nada claro qué será lo siguiente.

La primera vez que Mónica Marchante (Roma, 58 años) entró en un estadio fue para asistir a una final del Mundial, la de 1982. Vio a aficionados brasileños revendiendo sus entradas y corrió a aquella casa en la que no se hablaba de fútbol a romper la hucha y convencer a sus padres para que la dejaran ir. Unos cuantos años después ya no hubo forma de convencerla para que estudiara derecho en lugar de periodismo y hace no tanto tiempo (2016) , el personal de seguridad de aquel mismo estadio, el Santiago Bernabéu, estuvo a punto de echarla porque al ver a una mujer con un micrófono en la grada —solía cubrir los partidos desde el palco, pero salía para escuchar a quién se pitaba—entendió que lo había robado. Además de entrevistas a presidentes, futbolistas y entrenadores, ha realizado para la plataforma Movistar Plus documentales sobre figuras del deporte como Unzué, Javier Clemente, Luis Aragonés o Perico Delgado.
A juzgar por los parámetros que ahora mismo se estilan en el consumo de la música popular, el álbum en estudio número 18 de Stevie Wonder lo tendría hoy muy difícil para conseguir un contrato discográfico en condiciones. Frente al criterio de que las canciones han de explotar y agitarse desde los primeros segundos para que el oyente no salte de pista (o de vídeo en TikTok), Songs in the Key Of Life subía el telón con una pieza lentísima de siete minutos, Love’s in Need of Love Today, que se asemeja más a una oración absorta que a una mera balada sobre el amor y la empatía. Y a diferencia de tantos discos fugacísimos que apenas superan la media hora, porque ahora nadie tiene tiempo para nada, tomaba cuerpo como un orondo elepé doble de 104 minutos que involucró a 130 músicos en el estudio durante dos años de trabajo.
Tenía una nariz digna de un catálogo de cirujano; ojos brillantes como el cristal de roca; una voz limpia y luminosa; una simpatía y un glamur innatos; y tremenda fama de pachanguera en ciertos ambientes sociales y culturales. Ahora se trata de saber si los marcos que separan la cultura popular de los gustos de la élite son indelebles, o están cada vez más borrosos y hay hueco para la diva de las verbenas en el Olimpo. Un documental estrenado y premiado por el público en el Ourense Film Festival y que (antes de llegar a las salas el 11 de diciembre) visitará Barcelona, rescata, explora y reivindica la figura de la cantante que conmovió a más gallegos en todo el planeta y vendió más cintas y álbumes que nadie entonando en la lengua de Galicia. Kiro, el largometraje dirigido por la lucense María Yáñez, revisa la importancia de una artista que en tres décadas lanzó casi 40 álbumes y despachó cientos de miles de copias, compaginando sus conciertos en palcos de pueblo con galas de televisión y actuaciones en Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza o cualquier destino emigrante de Latinoamérica.

He añadido El furor del dragón (esa película en la que Bruce Lee mata a Chuck Norris) a mi pequeña lista de filmes sobre la lucha vecinal, con Nuestros maravillosos aliados a la cabeza. Dotada de ese desopilante a la par que inextricable humor chino, la película puede leerse como una oda a las leyes antitrust entonada a tortazos por la torpe masa trabajadora (los del restaurante) y un campesino fibrado al que interpreta Bruce Lee. ¿Pasaría un filtro de censura por causas ideológicas de haberse presentado a las subvenciones para largometrajes en Castilla y León? Llevo días dándole vueltas a la cuestión. Si yo fuera el señor funcionario, sin duda le daba un “no” tan grande como las 12 catedrales de la comunidad. Te buscas las castañas, Bruce Lee. A pedirle dinero a les vecines.
Enfrentarse periódicamente al escrutinio de decenas de miles de personas puede parecer una terapia de choque para la ansiedad social, pero el cantante Mora (Bayamón, Puerto Rico, 30 años) admite que hacerse fotos con seguidores aún se le hace cuesta arriba. “Lo hago porque sé que lo merecen, pero no lo disfruto”, confiesa. “Puedo estar cantando frente a 50.000 personas y no hay problema, porque no interfiere en mi espacio personal. Pero si estoy caminando por la calle y se me acercan dos, ya empiezo a sudar. Hay gente que quizás puede decir: ‘Este cabrón es un huelebicho’, pero no es que yo no quiera compartir, es que no tengo unas destrezas sociales muy buenas, que digamos”. Por eso, antes de convertirse en uno de los claros protagonistas de la escena reguetón moderna, Mora se situaba cómodamente en la sombra, como arquitecto de algunos de los éxitos que catapultaron a grandes nombres de hoy, como Bad Bunny (Dákiti o La difícil llevan su rúbrica), Karol G (la omnipresente El makinón), Eladio Carrión o Anuel AA.
Realización: Agustina Piriz. Asistente de fotografía: Diego Pérez. Asistente de realización: Lidia Lara. Maquillaje: Fidel Fernández (Another Artists Agency). Coche: Vintage Cars.