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El debate sobre la inmigración vuelve cíclicamente al centro de la escena política europea, con especial intensidad en cada ciclo electoral. Sin embargo, mientras discutimos la inmigración en términos defensivos, España y Europa avanzan —no sin dificultades— hacia una transición ecológica que transformará profundamente nuestra economía y nuestro mercado laboral. Lo que rara vez entra en el debate público es que ambos procesos están íntimamente conectados.
Hay gente que no ve el mar hasta que tiene la edad justa para recordarlo toda la vida. ¿Qué debe sentir una persona al descubrir un azul tan infinito? Igual es algo similar a ver el cielo por primera vez. Hay gente que vive lejos del mar, pero nadie vive lejos del cielo, así que lo damos un poco por descontado. Somos como los peces del cuento de David Foster Wallace que se preguntaban el uno al otro qué demonios es el agua. Y así, hemos normalizado algo tan alucinante como la cúpula celestial, el trozo de universo que atisbamos desde nuestro rinconcito galáctico, por el simple hecho de verlo todas las noches.
En 2021, la murciana Miriam González, de 35 años, fue al médico por el sangrado de una mama. Le dijeron que tranquila, que todo era normal. Pero en 2024 le diagnosticaron cáncer de mama y, poco después, comprobó que era metastásico en estadio cuatro. “Al principio pensé que el diagnóstico era una sentencia inmediata, que me quedaban días o semanas”, explica González en un intercambio de mensajes con EL PAÍS. Pero no fue así, tenía algo de margen: “Empecé a oír cronicidad y calidad de vida, y vi que el panorama hoy es distinto. Esa transición mental, del ‘me muero ya’ al ‘voy a convivir con esto’, fue dura y necesitaba entender en qué terreno me movía”, explica.
Jess Michaels, superviviente de agresiones sexuales de Jeffrey Epstein desde 1991 hacía hincapié en ese año la semana pasada, durante una intervención en el festival de periodismo internacional de Perugia. “Esto llevaba pasando mucho más tiempo de lo que se habla en la prensa”, explicó Michaels. “Durante 30 años pensé que yo era la única persona a la que había violado y que era mi culpa”. Ella, como otras supervivientes, pide que no se deje de hablar ni de escribir sobre la violencia de género. Además, reclama que se haga desde la perspectiva de las mujeres, que se las escuche y que se explique que hay un sistema de desigualdad que permite que estos crímenes sucedan.
Sus experiencias personales fueron la base de su proyecto. Marta Loza (Gijón, 44 años) y Marta Bassols (Barcelona, 45 años) se conocieron por amigos comunes, ambas llevan años realizando distintas funciones en el mundo audiovisual, desde continuidad y dirección de arte (Loza) a guiones e interpretación (Bassols), y hace siete años pensaron en contar la historia de una madre que se enfrenta a la crianza en solitario de su hijo. Sus ideas han cristalizado en Yo siempre a veces (desde el 23 de abril en Movistar Plus+). “Las cosas han cambiado, mi abuela tuvo un hijo soltera en la Guerra Civil y prácticamente lo crio sola y en vergüenza. Mi madre se separó en los noventa y había algo de ‘No lo digas, qué van a pensar en el colegio’, se vivía como un fracaso. Hoy no es un estigma; el problema ya no es que sea una vergüenza estar sola, sino que la sociedad te lo pone muy difícil”, analiza Loza. Por eso en su serie Laura, la protagonista, aborda temas que van desde la crianza colectiva a los alimentos procesados, la conciliación o las ganas de ir de rave en Barcelona.
Hoy se celebra Sant Jordi, pero no estaré firmando allí. Si usted se pregunta por qué debería estar firmando y quién soy yo, lo cual sería una duda de lo más natural, la respuesta es: soy el autor de esta novela, de esta otra, esta colección de relatos o de esta otra novela, además de un ensayo sobre Michael Jackson con preciosas ilustraciones (no eran mías) que hizo que un admirador gritase a una dependienta de El Corte Inglés “¡no sé cómo pueden vender esta basura!“. Lo cual me hizo gracia, en el fondo.
Jenin Refugee Camp es una imagen panorámica de gran formato realizada en el campo de refugiados de Cisjordania por Luc Delahaye (Tours, Francia, 1962). Los restos de la destrucción, en primer plano y en la sombra, se imponen al espectador. Detrás y bañados por la luz, se encontrarán los testigos, figuras lo suficientemente lejanas como para que uno pueda advertir sus gestos. Sobre ellos, el cielo, como un remanso de paz surcado por las nubes. La violencia, la vida cotidiana y la calma conviven en la toma, remitiendo a la fotografía no solo cómo un registro de lo que ocurre, sino como un espacio donde conviven múltiples niveles de realidad, emociones y significados, donde nuestra interpretación depende tanto de lo que vemos como de lo que ya sabemos.
De aquí a 2028, 775 hoteles se sumarán a los más de 16.600 hoteles que tiene España abiertos en la actualidad, una cifra surgida de un estudio de la consultora EY-Parthenon que da vértigo y que convive con la de las viviendas turísticas, en plena expansión desde hace años. Sin embargo, frente a la abrumadora oferta de hospedajes, en los últimos años ha cobrado peso otra manera de viajar, una opción para disfrutar del destino más allá de las zonas masificadas por el turista. El intercambio de casas gana adeptos año tras año y se posiciona como una alternativa a los alojamientos tradicionales idónea para conectar con la vida local. Aunque la idea de compartir no se limita solo al sector turístico, sino también al intercambio de libros o ropa.
La arquitectura de vanguardia no es solo patrimonio de las ciudades. Al recorrer la España rural, surgen edificios que no se esperan: no son iglesias románicas ni conventos barrocos, ni castillos en ruinas dominando el horizonte. A veces, es una cúpula blanca en medio de una ría industrial; otras, es una bodega escondida bajo tierra como queriendo desaparecer, un museo contemporáneo en medio de una dehesa extremeña o un hotel que dialoga con los olivos y la piedra seca.
Más información en la web lonelyplanet.es.
“Hace treinta años se delinquía más que ahora. Me avergonzaba la manera en la que se destrozaba la pasta carbonara”. Quien habla, por supuesto, es un italiano, nacido en Cerdeña: Angelo Loi, propietario del restaurante La Tavernetta, en Madrid. Opina de forma parecida Enrico Bosco, fundador y responsable del grupo Pulcinella, que agrupa nueve restaurantes —entre ellos el mítico Pulcinella, fundado por su padre hace 32 años— en Madrid. “He visto hacer auténticas animaladas, incluso ponerle cebolla”.