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El imaginario colectivo dibuja la etapa del embarazo y el posparto como un momento idílico, impregnado de alegría sí o sí, en todas las circunstancias. No se contempla otro escenario. Pero la realidad, aunque invisibilizada en muchas ocasiones, es más compleja que todo eso: puede haber felicidad e ilusión, pero también en esas etapas se cuelan llantos sin motivo aparente, tristeza, ansiedad o sensación de vacío que, en ocasiones, pueden abocar a graves problemas de salud mental. Un estudio publicado este jueves en la revista The Lancet Psychiatry ha puesto cifras a la depresión grave en el período del periparto —durante la gestación y hasta un año después del alumbramiento— y ha concluido que al menos una de cada 16 mujeres sufre trastorno depresivo mayor en estas etapas. Las dos semanas después del nacimiento son la fase más crítica, donde más riesgo hay de experimentar este trastorno mental.
Hay un momento que muchas mujeres reconocen, aunque pocas lo nombran. Puede ser al peinarse por la mañana, al ver el cepillo, o al notar que la raya parece más ancha que hace un año. El cabello no cae de golpe. Cambia. Menos volumen, mechones más finos, raíz más visible. Y la pregunta que sigue es siempre la misma: ¿Qué está pasando?