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Estamos ante un tecnofeudalismo que ha acelerado las políticas neoliberales de los últimos 50 años: nuestros empleos corren el riesgo de precarizarse aún más por culpa de la economía de plataformas, y eso si sobreviven al asalto de la inteligencia artificial. Las redes sociales, antes vistas como herramientas al servicio de la libertad, ahora se perciben como una amenaza para la democracia. Y los dueños de las grandes empresas tecnológicas, como Elon Musk y Peter Thiel, apoyan el autoritarismo populista de Donald Trump y de la ultraderecha europea.
En la abogacía de los negocios soplan vientos favorables que se traducen en nóminas más dulces. El último informe de Signium sobre salarios cristaliza una tendencia alcista que, por ahora, no tiene techo. 2025 fue un año de subidas generalizadas en todas las categorías profesionales, sin excepción: desde becarios hasta directores. Pero hay un perfil que ha sentido con más fuerza esa brisa: el asociado sénior. Sus retribuciones crecieron un 6,75%, hasta alcanzar una media de 104.465 euros anuales, consolidándose como uno de los profesionales mejor pagados del sector.
Los abogados de empresa suelen cobrar menos que en los bufetes, aunque no se puede generalizar. “El director de una asesoría jurídica de una compañía del Ibex 35 estará mejor pagado que el de una empresa pequeña”, ejemplifica Miguel Ángel Pérez de la Manga, socio de black.swan. El mercado corporativo, además, vive un frenazo y muchas nóminas permanecen congeladas. “Son profesionales de primerísima línea, pero tienen un freno en los salarios”, advierte Carlos Nieto, experto de W Executive. A cambio, suelen disfrutar de mayor conciliación, aunque la exigencia sigue siendo alta.
Para mantener mi ánimo sosegado, estoy tentado de dejar de leer durante un tiempo más cosas sobre inteligencia artificial (IA). Algunas de las predicciones acerca de los efectos esperados de la IA son como profecías apocalípticas de Nostradamus sobre el fin de la humanidad. Son especialmente abrumadores algunos de los pronósticos de directivos y expertos implicados en la inversión, desarrollo y aplicaciones de la IA generativa. Intento contener el pánico que producen estos presagios pensando que no será para tanto. Pero esta actitud pragmática parece aceptable para las primeras aplicaciones de la IA, pero no para la IA generativa reciente, que avanza de forma exponencial y es ya capaz de mejorarse a sí misma utilizando no sólo datos históricos sino generando datos sintéticos que permitan explorar lo desconocido y acelerar la innovación, retando a los humanos en este función.

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