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La avispa se aproxima a la colmena. Es rojiza, con bandas amarillas en el abdomen, y un tamaño que duplica al de las abejas melíferas, que apenas tienen posibilidad de escapar. Atrapa a una sin gran esfuerzo para alimentar a sus larvas con proteínas. Se trata de un ejemplar de Vespa orientalis, especie invasora que llegó a Andalucía en 2018 y que en la actualidad se ha detectado en gran parte de la comunidad autónoma, sobre todo en entornos urbanos y periurbanos costeros, indica una investigación de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), publicada en la revista científica Biological Invasions.
El año comenzó con un crash para el equipo español de SailGP cuando el F50 Victoria capitaneado por Diego Botín rompió la cajuela de la orza y se quedó fuera, y cero puntos, del primer GP del año, en la Perth de Australia de la que todo el mundo está saliendo, pero continúa con un boom de futuro y optimismo al anunciar Toni Alquézar, CEO de Los Gallos, la continuidad del Gran Premio que se celebra en España. Del Atlántico al Mediterráneo. Del Cádiz anfitrión cuatro temporadas que se quedó pequeño a la Valencia ya veterana en grandes competiciones de vela, y anfitriona de la Copa del América de 2007 y 2010. De las tapas del Manteca, lomo de orza, chopitos, gambas, que le robaron el corazón y el estómago al CEO de SailGP, el neozelandés Russell Coutts, a la paella con cosas. O, en palabras de Diego Botín, que estrena bigotito, “de las olas largas, grandes, y la ausencia de marea de la bahía, a las olas de viento típicas del Mediterráneo, más cortas y más altas, y los vientos no son muy fuertes, ideales para los nuevos foils”.
Tres cuestiones para empezar: ¿Puede haber alguien en televisión más irritante que Eduardo Casanova? ¿Son capaces los Gemeliers de decir más de dos frases sin arrancarse a cantar? ¿Por qué en los realities de reformas únicamente decoran lujosos casoplones cuando el mérito sería darle alegría de vivir al semisótano de un piso de protección oficial?
Estados Unidos, el primer responsable histórico del cambio climático, consuma este 27 de enero su salida de la lucha climática internacional. A partir de este martes ya no forma parte del Acuerdo de París, el pacto firmado en 2015 en la capital francesa que marca la hoja de ruta contra el calentamiento global.
“Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Este parte firmado por Francisco Franco ponía fin a la Guerra Civil el 1 de abril de 1939. Franco, como Generalísimo, permanecería en el poder hasta 1975 y las diferentes familias de la derecha coparían todas las capas del Estado. Eran los vencedores. Los perdedores, en cambio, sufrirían la represión y el exilio.

Cada cierto tiempo, a Netflix le gusta escenificar su poderío. Lo hace en grandes puestas en escena ante los medios en las que recopila y adelanta sus próximos estrenos. Son eventos que sirven para mostrar músculo, reivindicarse y empezar a crear expectación de cara al futuro. El jueves pasado en Madrid tuvo lugar su última gran presentación con contenido español, que reunió a un buen puñado de rostros de sus series y películas más destacadas previstas para los próximos meses. Por el escenario pasaron Luis Tosar, Tristán Ulloa, Mario Casas, Maribel Verdú, Carmen Machi o Karra Elejalde, entre otros muchos. Sin embargo, llamó la atención la escasez de contenido novedoso en esta ocasión, quizá consecuencia del frenazo generalizado a nivel internacional en la producción televisiva por parte de las plataformas.

“Es como si no existieras. No puedes ni comprarte una tarjeta SIM para el teléfono. Cuando un Estado decide quitarte la nacionalidad, te está matando civilmente”. Así habla Franklin Dinol, coordinador nacional del movimiento Reconoci.do, que reclama la plena ciudadanía de la población de origen haitiano nacida en República Dominicana. El 23 de septiembre de 2013, Franklin y otras 200.000 personas dejaron de ser dominicanas. De nada sirvió que hubieran crecido en la isla caribeña, que hablaran español, ni que todos sus vínculos humanos y profesionales estuvieran allí. Su ciudadanía fue anulada.
Cuando el mundo se tambalea, hay algo que une a millones de personas más allá del miedo, la inseguridad y la ansiedad: los trapos sucios de las celebridades. Tras años en los que los escándalos en el universo VIP primaban por su escasez a causa del poder de las redes sociales, con las que las figuras conocidas se habían apropiado de la narrativa, parece que el chismorreo de antaño ha regresado. Blake Lively fue indudablemente la encargada de asentar las bases con la investigación por el caso de Romper el círculo, que acaba de dar un nuevo giro al haber salido a la luz una espinosa conversación entre la actriz y Taylor Swift que ha mostrado las grietas de su amistad. Después llegó Ashley Tisdale y su ensayo publicado en The Cut en el que cuenta por qué abandonó el grupo “tóxico” de madres famosas en el que también estaban Hilary Duff y Meghan Trainor. En este convulso contexto, Brooklyn Beckham ha publicado mediante stories de Instagram un comunicado que tiene titular propio: “No quiero reconciliarme con mi familia”. “He guardado silencio durante años y he hecho todo lo posible por mantener estos asuntos en privado. Por desgracia, mis padres y su equipo han seguido acudiendo a la prensa, lo que me ha dejado sin otra opción que hablar por mí mismo y contar la verdad sobre algunas de las mentiras que se han publicado”, dice el hijo de Victoria y David Beckham. “Mi madre interceptó el primer baile con mi esposa, que llevaba planeado desde hacía semanas con una canción romántica. En frente de nuestros 500 invitados, Marc Anthony me llamó al escenario, donde según el plan iba a tener lugar nuestro baile romántico, pero, en cambio, ahí estaba mi madre esperando para bailar conmigo. Bailó de manera muy inapropiada conmigo enfrente de todo el mundo”, dice en una de las partes más delicadas y por ende, jugosas, del texto.
La cara más visible del cambio climático son los desastres naturales, como las olas de calor, las sequías, los grandes incendios o las lluvias torrenciales. Después llegan las consecuencias silenciosas: hambrunas, subidas de precios, incremento de conflictos o movimientos de personas. Todos estos problemas afectan a la cohesión y estabilidad de los sistemas democráticos. Por un lado, esa inestabilidad social puede ser un perfecto caldo de cultivo para la desafección democrática, la desinformación y los mensajes demagógicos. Lo vimos en la dana de 2024. Por otro, puede cuajar la idea de que sólo un estado autoritario será capaz de tomar las medidas adecuadas para enfrentarse al problema en los plazos necesarios.

En una realidad paralela, el especial del pasado fin de año en la televisión pública no lo protagonizaba José Mota, sino su excompañero de Cruz y Raya, Juan Muñoz (Barcelona, 60 años). Así como Mota planteó una parodia de El juego de calamar (2021) con políticos, retitulada El juego del camelar, Muñoz tenía otra idea basada en la serie de Netflix, que le hubiera gustado rodar en Argés, el bonito pueblo toledano de apenas 7.000 habitantes donde reside desde hace año y medio. “Tengo un amigo aquí que se parece al coreano protagonista”, explica. “La historia era que lo venían a buscar, pero se alargaban, se ponían pesados y, al final, no se lo llevaban ni nada. Acababan yéndose a comer unas migas”.