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No hay que fiarse mucho cuando una gran empresa cárnica o de lácteos afirma que va a alcanzar la neutralidad climática en 2050 o va a ahorrar miles de millones de litros de agua para 2030: un estudio publicado este miércoles en Plos Climate estima que el 98% de las declaraciones y compromisos ambientales recientes de las mayores compañías del mundo de este sector pueden catalogarse como greenwashing (ecopostureo). Las investigadoras que han puesto la lupa sobre los anuncios verdes de estas compañías, pertenecientes a las universidades de Miami y Nueva York (EE UU), aseguran que son muchas las promesas, pero pocas las pruebas científicas que las sostienen. De hecho, como especifica por correo electrónico Maya Bach, dietista especializada en sostenibilidad ambiental y autora principal del trabajo, el otro 2% tampoco son compromisos más creíbles, sino afirmaciones neutras que no están vinculadas a anuncios de ninguna compañía.
Los deportes están resultando de gran utilidad para entrenar a robots que funcionan mediante inteligencia artificial. Es el caso de este brazo mecánico llamado Ace que ha desarrollado la empresa Sony AI, que planta cara a una jugadora profesional de ping-pong, como puede verse en este vídeo publicado por la revista científica Nature. El tenis de mesa es especialmente desafiante para este tipo de sistemas tecnológicos porque requiere una respuesta muy rápida, una predicción extremadamente precisa de la trayectoria de la pelota y disminuir al máximo la latencia ―el retraso a la hora de procesar la información―. Los creadores de Ace sugieren que los resultados de este experimento se podrán utilizar en otras facetas y superar a los humanos en tareas complejas más allá del deporte.
Para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la concentración de poder en torno a la inteligencia artificial (IA) es un hecho. El Ejecutivo que dirige quiere situar a España en la primera línea del desarrollo de esta tecnología, al tiempo que alerta de los riesgos que entraña su despliegue sin control: puede potenciar las brechas sociales, concentrar la riqueza, erosionar las democracias e influir en el cambio climático. Su regulación y quienes guían su dirección se han puesto en la parte central del desafío. “Defendemos que la gobernanza de la IA debe estar en el pueblo, y no en las manos de un reducido grupo de personas”, ha dicho este miércoles en la primera reunión del Panel de Expertos en Inteligencia Artificial de la ONU, celebrada en el Congreso de los Diputados.