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Hay una generación de jóvenes, nacida alrededor del cambio de siglo, que prácticamente solo ha vivido de crisis en crisis, lanzada por el destino a una sacudida tan violenta como una catarata. Esa generación empieza a levantar la voz. El canario en la mina fueron los abucheos de los universitarios estadounidenses a los discursos triunfalistas sobre la IA. La rabia de los estudiantes franceses ha puesto el país patas arriba; en Italia hay miles de jóvenes movilizados; Bélgica prepara una huelga por los recortes en sanidad y educación. La ola de contestación juvenil golpea por las más diversas causas: al Sur de los Pirineos la razón es lo que el escritor Manuel Rivas ha bautizado como “violencia catastral”. Una profunda crisis inmobiliaria espoleada por el desahucio de una octogenaria, el caso Maricarmen, ha acabado provocando una convocatoria de huelga general y un adelanto electoral. La solución va para largo, pero las recetas se han colado en campaña y son fáciles de resumir. Las izquierdas proponen regular ante un fallo de mercado clamoroso, y ocho de cada 10 españoles quieren que el Estado intervenga. Las derechas plantean construir más: laissez faire. Regular no va a arreglarlo todo de un día para otro, pero construir lo suficiente para desatascar el problema es, simple y llanamente, imposible a corto plazo.
Mucho ha llovido en la prestigiosa Universidad de Brown (Estados Unidos) desde que su catedrático Roberto Serrano denunciase en este diario en junio un fraude masivo con inteligencia artificial (IA) en uno de sus exámenes, sin que el decanato reaccionase. La noticia fue replicada por los principales medios ―hasta la revista Nature le pidió un artículo―, Serrano ha recibido “cientos” de cartas de apoyo y la persona que estaba al frente del Comité del Código Académico ha sido cesada. Pero lo que más conmueve al eminente economista español es que cree que sus alumnos han aprendido la lección.

El profesorado de la Comunidad de Madrid ha empezado esta semana una huelga indefinida para exigir mejoras en la enseñanza pública de la región y en sus condiciones laborales y salariales. En las tres primeras jornadas, el seguimiento ha oscilado, dependiendo del día, entre el 70% y el 60%, según los sindicatos, y entre el 45% y el 26,7%, según la consejería. La convocatoria de Madrid se anunció en mayo, inspirada en los paros que estaba habiendo en la Comunidad Valenciana y Cataluña. Las tres movilizaciones comparten el grueso de las reclamaciones −que son comunes, además, a lo que piden los docentes en casi toda España−. Entre ellas, la bajada de ratios, y la mejora de los sueldos y de las instalaciones educativas. Cada huelga también tiene, a su vez, elementos que la hacen distintas.

Septiembre. Playa, humedad, muchísimo calor. En un requiebro del paseo marítimo de Torremolinos (Málaga) hay una multitud que se acerca a una pareja que, a pesar de todo, camina, tranquila, del brazo. Tras alcanzarlos, les piden autógrafos, les dan las gracias, los celebran. Hasta que una voz grita: “¡Cortamos! La tenemos”. Las cámaras dejan de grabar, los extras se retiran y el perfil de los dos protagonistas emerge bajo un paraguas que les protege del sol. Es imposible confundirlos. Camino del set de rodaje van Chiquito de la Calzada y su inseparable Pepita, su mujer, su compañera, su amor de toda la vida. Lo hacen en la piel de Alfonso Sánchez e Inma Cuevas, actor y actriz principal de Chiquito el Grande, serie que rodaron durante ocho semanas de este verano entre Málaga y Sevilla. Se estrenará a lo largo de 2027 en RTVE.




Estos días me he acordado del escritor, periodista y muchas cosas más Leo Longanesi, todo un personaje italiano, por algunas frases suyas. Escribió en 1938, en pleno fascismo: “Dentro de veinte años nadie imaginará los tiempos en los que vivimos. Los historiadores futuros leerán periódicos, libros, consultarán documentos, pero ninguno sabrá comprender lo que ha pasado. ¿Cómo transmitir a la posteridad la cara de F. cuando está de uniforme de jerarca y baja del coche?”.
París, 10 de junio de 2001. Un tenista entra furioso en el vestuario en mitad de la final que está jugando en Roland Garros. Ha enviado un revés ganador fuera por un “puto centímetro” que hubiera roto el servicio de su rival y, de ganar su saque, ponerse dos sets arriba en el partido. Pero el set ha volado y ahora la final está en lo mejor: uno a uno. El tenista es Álex Corretja, que perdió la final del año anterior ante Carlos Moyá. Ha llegado de nuevo, esta vez contra el brasileño Guga Kuerten. La preparación ha sido absoluta. En lugar de hacer la pretemporada en diciembre, la hizo en enero. Se fue a Sierra Nevada para correr en altura y aumentar glóbulos rojos; se llevó un sparring, un colega para correr con él de liebre, preparador físico, entrenador, médicos, nutricionista. Todo enfocado a Roland Garros. Y ahora, con empate en el marcador, se mira al espejo y dice: “No vas a conseguir ganar nunca este puto torneo”. Sale a la pista y Kuerten le mete 6-2 / 6-0 en los dos siguientes sets.
Ángela Esteban-Librero
David López (Another Artists Agency)
Cristina Serrano
Miguel Sancho
Lidia Lara
Marina Marco
Alrededor de las enormes fortificaciones que Israel ha levantado en Gaza no queda nada. Algunas de ellas se remontan a 2023, tras los atentados de Hamás aquel 7 de octubre y la posterior invasión de la Franja por parte de Israel. Pero la construcción de nuevos puestos se ha acelerado a partir del alto el fuego del 10 de octubre de 2025: al menos 15 de ellos aparecen por primera vez en imágenes de satélite en diciembre del año pasado. “Estos puestos sirven como bases a través de las cuales Israel mantiene y ejerce control territorial sobre Gaza”, asegura Sarah Sanbar, investigadora de la ONG Human Rights Watch (HRW).

Para localizar las fortificaciones militares israelíes en Gaza, hemos desarrollado un sistema de búsqueda visual basado en inteligencia artificial que nos ha permitido identificar estructuras similares entre cientos de imágenes de satélite. Después, hemos revisado y contrastado los resultados para distinguir las posiciones fortificadas de otras construcciones o movimientos de tierra.
En total, hemos analizado más de 600 imágenes de la Franja de Gaza, tomadas entre enero de 2023 y octubre de 2026, que suman más de 400 GB de información. La mayoría proceden de Planet Labs y tienen una resolución aproximada de medio metro por píxel. También hemos utilizado una imagen aérea del norte de Gaza, publicada en la plataforma GovMap del Gobierno de Israel, con una resolución aproximada de 15 centímetros por píxel.
La investigación se ha desarrollado en cinco fases, con sucesivas rondas de búsqueda y revisión:
1. Selección de ejemplos. Escogimos 15 imágenes de fortificaciones con características reconocibles: grandes muros de tierra, accesos protegidos, zanjas y estructuras interiores como barracones, vehículos o antenas. Añadimos otros 15 ejemplos de caminos, excavaciones y terrenos arrasados que podían confundirse con ellas.
2. Búsqueda mediante inteligencia artificial. Dividimos las imágenes en 1.550.108 fragmentos, procedentes de 602 escenas de Planet Labs y de la imagen aérea de GovMap. Desarrollamos una herramienta que comparó estos fragmentos con los ejemplos seleccionados y los ordenó según su similitud. Repetimos las búsquedas incorporando los resultados ya revisados para identificar nuevos candidatos. La inteligencia artificial nos ayudó a localizar posibles fortificaciones, pero no decidió cuáles lo eran.
3. Revisión y evolución temporal. Examinamos las propuestas, descartamos las coincidencias incorrectas y reunimos imágenes de distintas fechas para cada ubicación. Así pudimos reconstruir los cambios visibles en el terreno y observar cuándo aparecían las primeras modificaciones.
4. Comprobación de uso militar. Para distinguir las fortificaciones de otros recintos, buscamos indicios adicionales, especialmente estructuras compatibles con barracones o módulos prefabricados. Revisamos distintas fechas para comprobar si estas instalaciones habían estado presentes, incluso cuando el recinto aparecía posteriormente vacío. Estos elementos, junto con la configuración del terreno, reforzaron la identificación de las posiciones militares.
5. Recuento final. Tras descartar falsos positivos y agrupar las imágenes correspondientes a una misma ubicación, identificamos 50 posiciones fortificadas. Para documentar su evolución, elaboramos 50 series temporales con 4.382 imágenes, accesibles para los lectores de EL PAÍS, después de excluir los recortes sin cobertura suficiente.
Limitaciones de la investigación. La cobertura de las imágenes no es uniforme: no disponemos de todos los lugares en todas las fechas. Por eso, la primera imagen en la que aparece una construcción no indica necesariamente cuándo fue levantada.
Las 50 posiciones identificadas representan las fortificaciones que hemos podido verificar en el material disponible, no un censo exhaustivo de todas las existentes en Gaza. Aunque hemos revisado miles de candidatos, no podemos descartar que haya otras posiciones que nuestra herramienta no haya detectado.
Las imágenes nos permiten documentar las estructuras y su evolución, pero no determinar por sí solas la función exacta de cada instalación ni si estuvo ocupada de manera continua. Para ello necesitamos contrastar nuestras observaciones con otras fuentes.

Cuando Hulk Hogan demandó al medio sensacionalista Gawker en 2016 por la publicación sin su consentimiento de un vídeo de contenido sexual, nadie daba un duro por él. Pero Hogan ganó el juicio y consiguió una indemnización de 140 millones de dólares que acabó con la publicación online. Peter Thiel, uno de los personajes más siniestros de Silicon Valley, decantó la batalla judicial: financió en secreto a los abogados de Hogan. Quería vengarse de Gawker porque lo había ridiculizado durante años y desvelado su homosexualidad.