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Si la escritora Vicki Baum estaba en lo cierto al decir que uno de los atajos hacia la felicidad es el baile, muchos hombres agradecerán saber que no es necesario que esa danza sea especialmente memorable. De ser así, ese trayecto se volvería mucho más complicado. ¿Por qué hay tantos hombres que temen bailar? ¿Y por qué a tantas mujeres a las que un mal baile les genera verdadero rechazo? En Sorry I Don’t Dance: Why Men Refuse to Move (Perdona, pero yo no bailo: por qué los hombres se niegan a mover el esqueleto) (Oxford University Press), Maxine Leeds Craig se pregunta precisamente cómo, tras haber estado asociada la masculinidad durante un tiempo con la gracia, la danza y el movimiento, en la actualidad se considera el baile y la masculinidad se han vuelto incompatibles. “La razón por la que tantos hombres evitan bailar tiene que ver con cómo se percibe su sexualidad. Evitar parecer gay es central a la hora de representar la masculinidad normativa. El miedo a parecer homosexuales les limita a la hora de andar y de gesticular. Determina cómo bailan y evita que algunos bailen jamás”, asegura. En muchísimas películas estadounidenses, especialmente adolescentes, hay una escena primordial en la que el protagonista es pillado en su habitación haciendo algo que considera humillante e íntimo: bailar al ritmo de su canción favorita.
El comité de huelga de la educación pública madrileña ha pedido a la Delegación del Gobierno en Madrid que investigue las “violentas y desproporcionadas” cargas policiales de este lunes. La reclamación llega después de que la policía cargara contra los profesores que se habían concentrado a las puertas de un acto de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, en el centro de Madrid. Desde Delegación han confirmado a EL PAÍS que se va a investigar el asunto.