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Hay un momento que muchas mujeres reconocen, aunque pocas lo nombran. Puede ser al peinarse por la mañana, al ver el cepillo, o al notar que la raya parece más ancha que hace un año. El cabello no cae de golpe. Cambia. Menos volumen, mechones más finos, raíz más visible. Y la pregunta que sigue es siempre la misma: ¿Qué está pasando?
Elon Musk ha vuelto al estrado del juzgado de Oakland, en California, en su cruzada judicial contra OpenAI, la empresa de inteligencia artificial que cofundó junto a Sam Altman. Un día después de contar cómo fueron sus inicios en la tecnológica y de alertar de los peligros de esta —en su primera intervención aseguró que tenía una “preocupación extrema” con la IA” y que “podría matarnos a todos”—, este miércoles se ha centrado en explicar por qué salió de la empresa y en responder, en no muy buen tono, a las preguntas de los abogados de OpenAI. Esta vez Altman sí ha estado presente en la sala, sin mover un músculo, con una pequeña libreta en la mano. También ha salido a relucir la estrecha relación de Musk con el presidente de EE UU, Donald Trump. El jueves se retomará la declaración.

Son las 5.30 de la mañana y un grupo de hombres vestidos con jalabias blancas sale de una mezquita de El Haj Yousif, un barrio ubicado en la periferia de Jartum. Hace un año, estas calles estaban totalmente ocupadas por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), el grupo paramilitar que hace tres años atacó la capital de Sudán y a las fuerzas gubernamentales y dio inicio a una cruenta guerra civil que ha sumido al país en la peor crisis humanitaria del planeta. Rami oye nuestras voces y sale al portal, apoya su espalda contra el muro exterior de su casa y dice: “Hace un año, esto no podríamos estar haciéndolo”. Miro a izquierda y derecha, y le pregunto qué estamos haciendo exactamente. “Esto, estar aquí, charlando en la calle”, responde.

Al planificar un viaje por los lagos canadienses, lo difícil no es el itinerario, sino asumir una escala difícil de comprender: solo en la provincia de Ontario, fronteriza con Estados Unidos, hay más de 250.000 lagos. Aquí, en la región de los Grandes Lagos —donde se concentra una quinta parte del agua dulce del planeta—, las distancias dejan de medirse en kilómetros. Enlazando viajes desde el lago Ontario al Superior, pasando por Muskoka, la bahía Georgiana o el remoto norte, aquí todo es inmenso, silencioso. Todo un privilegio para viajar de otra manera.
Más información en la guía Canadá de Lonely Planet y en en la web lonelyplanet.es.

Durante tres décadas de negociaciones en la ONU, ha sido prácticamente imposible llevar a los acuerdos que salen de las cumbres climáticas la realidad de lo que le ocurre al planeta: el ser humano lo está sobrecalentando hasta unos peligrosos niveles con la quema continuada de los combustibles fósiles (el petróleo, el gas y el carbón). Trasladar esta evidencia científica a los textos de las cumbres ha sido imposible por el veto firme de los principales países productores a cualquier mención a los combustibles. “Hemos estado tratando los síntomas y nunca hemos dicho que los combustibles son la causa principal de este cáncer y es lo que tenemos que atacar”, ha resumido Juan Carlos Monterrey, enviado especial de Cambio Climático de Panamá.