Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
“Estamos a punto de perder una información única que no podremos recuperar de ningún otro sitio”, lamenta María Leunda, paleoecóloga guipuzcoana. Se refiere a lo que está sucediendo en uno de los entornos más desconocidos y únicos del mundo: las cuevas heladas de alta montaña, donde aún queda hielo fósil de hace miles de años. Algunas de las mejor estudiadas están en la cordillera de los Pirineos, una de las más castigadas por el deshielo y la subida de las temperaturas.




He de reconocer que, hasta ahora, creía que la postura escorada de los gobiernos autonómicos en favor de los centros de datos se debía a la misma injusta mezcla que nos afecta a buena parte de los españoles: la falta de información por parte de las grandes corporaciones promotoras y la diseminación por estas de algunos datos confusos y sobredimensionados en empleo e inversión. La labor que he tratado de desempeñar estos últimos meses, como investigador predoctoral del CSIC y de la UC3M, ha sido precisamente tratar de poner la información a disposición de los vecinos y las administraciones afectadas por estas instalaciones. Es por ello que recibí con ilusión la invitación de Unidas por Extremadura para comparecer en la Comisión de Economía, Empleo y Transformación Digital de la Asamblea de Extremadura con el objeto de ofrecer un análisis científico de los beneficios y riesgos asociados a los proyectos de instalación de grandes centros de datos en esta tierra. La misma tierra que cultivaron mis abuelos y de la que emigraron con la intención de que sus nietos pudieran estudiar en las instituciones en las que a día de hoy trabajo.
Dafne Fernández (Madrid, 41 años) acapara las miradas desde un rincón. La actriz y bailarina ha entrado sigilosa en el Salón Carlos III del Teatro Real de Madrid, donde una veintena de periodistas e influencers esperan a que imparta un breve taller de danza clásica con motivo del 25º aniversario de la película Barbie en El Cascanueces (2001), del que es la embajadora en España. Ya en el centro de la sala, después de agradecer su nombramiento y de dar las primeras indicaciones, parece tan cercana que apetece seguirla. Plié, demi-plié, relevé; las presentes intentan imitar sus movimientos hasta que, de pronto, rompe la disciplina y se sienta en el suelo, animando al resto a hacer lo mismo mientras suena el emocionante Pas de Deux compuesto por Chaikovski para el ballet estrenado en 1892: “Así supe lo que era el síndrome de Stendhal. Es la música que me pongo cuando paso por un momento difícil y quiero escapar a otro lugar”, dice. Mientras, en el suelo, escucha con los ojos cerrados.
Convertirse en madre sigue siendo una de las experiencias más desiguales del planeta. El mismo parto que en Europa suele resolverse como un procedimiento rutinario, respaldado por ecografías, matronas y hospitales a pocos minutos de distancia, puede convertirse en una prueba de supervivencia en amplias zonas de África. A pesar de que los avances médicos, tecnológicos y de atención sanitaria han elevado como nunca las posibilidades de vivir de madres y recién nacidos, cada día mueren más de 700 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, cada año alrededor de 2,3 millones de bebés (6.200 cada día) fallecen antes de cumplir su primer mes de vida, casi la mitad de todas las muertes infantiles, de acuerdo con Unicef. La inmensa mayoría de estos fallecimientos podrían evitarse. Sin embargo, el riesgo está repartido de forma profundamente desigual: la mortalidad neonatal en África subsahariana multiplica por 11 la registrada en Australia y Nueva Zelanda y siete de cada 10 mujeres que fallecen por causas relacionadas con el embarazo o el parto viven en el continente africano.
Malta es un país tan maravilloso que, quizá para compensar, solo podía ser pequeño. Desde el avión, sus tres grandes islas caben en una mirada: Malta, Gozo y el roquedo de Comino. Y ya en tierra, el paisaje es tan breve que, allá donde se mire, se termina. Las palabras “Malta” y “grande” solo aparecen juntas en algunas estadísticas: las que hablan de densidad de población, de turistas per capita o de atracción de millonarios en busca de ese delicioso eufemismo llamado optimización fiscal. Sí, Malta es pequeña, pero ya dijo la filósofa Simone Weil que una condición de la belleza es estar casi ausente. Como estas islas, que antes llamaban Calipseas y que siempre parecieron, sobre el azul de los mapas, unos granos de sal caídos en el mar que une —que separa— Libia y Sicilia.
En esta época posterior a todo y anterior a nada, la politóloga Wendy Brown va a lo fundamental. Habla de la transcendencia de las próximas elecciones, de la espiral nihilista del neoliberalismo, del problemón de la lógica masculinista naturalizada, de las demandas que comparten los votantes de izquierda y derecha, y de los movimientos sociales que buscan salida a un mundo en combustión, víctima de un fuego alimentado por demagogos oportunistas.
Antes de disfrutar de la juerga electoral recuerde que detrás de cada adversario hay un ser humano que ha sufrido lo mismo que usted. Y por lo mismo que usted. Y sepa que si aún no lo ha hecho, lo hará. Es importante por eso que se abstenga de llamar a sus rivales políticos como si fueran tribus en vez de personas. No diga zurdo, no diga facha, no diga fascista en estos días. Su lenguaje no modificará los votos y empobrecerá el diálogo. Un adversario agresivo no es más que un adversario que tiene miedo. Si usted es agresivo con él, tendrá aún más miedo.
Este verano, un restaurante gallego denunciaba que unos clientes intentaron no pagar la cuenta apoyándose en un vídeo en el que aparecían insectos sobre el mantel. El local sospechó que las imágenes estaban manipuladas con inteligencia artificial, amenazó con llamar a la policía y los comensales acabaron pagando. El caso se hizo viral cuando Jesús Soriano, creador de la cuenta Soy Camarero, difundió lo sucedido en redes sociales tras recibirlo directamente del establecimiento. “Me llegó por Instagram, por mensaje privado, y estuve hablando con los dueños porque era la primera vez que veía algo así”, explica. No cree que vaya a ser la última: “Cuanto más avance esta tecnología, seguro que comienzan a llover los casos”. La picaresca española lleva perfeccionándose desde el siglo XVI, y del Lazarillo de Tormes al simpa con IA han cambiado las herramientas, pero no tanto el impulso.







