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Cuando Hulk Hogan demandó al medio sensacionalista Gawker en 2016 por la publicación sin su consentimiento de un vídeo de contenido sexual, nadie daba un duro por él. Pero Hogan ganó el juicio y consiguió una indemnización de 140 millones de dólares que acabó con la publicación online. Peter Thiel, uno de los personajes más siniestros de Silicon Valley, decantó la batalla judicial: financió en secreto a los abogados de Hogan. Quería vengarse de Gawker porque lo había ridiculizado durante años y desvelado su homosexualidad.

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La Estatua de la Libertad es mucho más que un monumento: es el símbolo más reconocible de EE UU y un reclamo turístico que cada año atrae a millones de visitantes de todo el mundo. Sin embargo, ni siquiera esta condición de ícono nacional la ha librado de las consecuencias del bloqueo presupuestario, el temido government shutdown estadounidense. Miss Liberty, como se conoce popularmente el monumento entre los locales, tuvo que cerrar sus puertas en más de una ocasión porque el Congreso no logró ponerse de acuerdo para desbloquear a tiempo la financiación de la administración federal. El cese reciente más largo del monumento fue en 2013 y duró 12 días. A casi 6.000 kilómetros de distancia, en España, la legislación no contempla escenarios tan drásticos. Prueba de ello son los últimos años, en los que ni la Alhambra ni el Museo del Prado han dejado de recibir visitantes, ni mucho menos se ha paralizado el gasto público, aunque el país acumula ya más de 1.000 días sin que el Gobierno haya puesto sobre la mesa unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.
La parálisis presupuestaria que vive España desde hace unos años supone una anomalía en toda regla y deja en evidencia el vacío de la normativa al respecto. Las disposiciones legales relativas a la prórroga son muy escuetas y no prevén cómo proceder si el impasse perdura en el tiempo. “Nadie puede forzar a redactar un proyecto de ley. Antes era casi automático que, si el Parlamento no apoyaba los Presupuestos, el Gobierno convocaba elecciones. Ya no es así, y está ocurriendo también a nivel autonómico”, subraya Violeta Ruiz Almendral, catedrática de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Carlos III de Madrid.
Hay quien, sin embargo, ha movido ficha ante el bloqueo: el Senado —dominado por el PP— ha presentado un conflicto de atribuciones ante el Tribunal Constitucional contra el Gobierno por llevar años sin presentar un nuevo proyecto de Presupuestos. El organismo ha admitido a trámite el recurso y se espera una resolución para finales de año. La argumentación de los senadores es que el Gobierno está incumpliendo su mandato constitucional, recogido en el artículo 134 de la Carta Magna, de elaborar y presentar las cuentas, privando así al Parlamento de ejercer su función legislativa.
Mientras tanto, no hay ningún precedente que ofrezca pistas sobre cómo puede dirimirse la cuestión. El caso que más se asemeja a este conflicto se refiere a la declaración de inconstitucionalidad de una ley aprobada por el País Vasco para adaptar la prórroga del presupuesto autonómico en 2002. El Gobierno central impugnó la norma, alegando que pretendía crear un doble régimen presupuestario, y el Constitucional terminó anulándola por vulnerar los principios de unidad y universalidad presupuestaria.
Ruiz Almendral —quien fue letrada del Constitucional entre 2011 y 2020— explica que una manera para forzar un Gobierno a presentar los Presupuestos pasaría, por ejemplo, por endurecer el mismo artículo 134 de la Constitución. “¿Pero cuál serían las consecuencias? Puede que el resultado sea peor”, reflexiona la jurista. La idea de un bloqueo total como el estadounidense le parece impensable no solo en España, sino en Europa, un continente donde el sector público ocupa un gran espacio y el Estado del bienestar está asentado. “No sería asumible”, zanja.

El camino a las urnas se abre en España con un elefante atravesado en medio: la migración. Si se trata de vivienda, se tratará de migración; si de sanidad y educación, de migrantes; y jalonando todo el trayecto estará la crisis de Ceuta, que a buen seguro impedirá cualquier debate propositivo. Es improbable que la derecha suelte ese hueso que tanto rédito electoral le proporciona en todo el mundo, la clave está en el modo que elija la izquierda para encarar el asunto. Sobre todo ello habla Gonzalo Fanjul (Oviedo, 55 años), director de Investigaciones de la Fundación Por Causa, que busca un nuevo tratamiento para el desplazamiento de las poblaciones. Este economista opina que la mejor fórmula para abordar la migración es el orden, pero no solo mediante controles fronterizos, sino un sistema de gobierno que ordene el empleo y el bienestar de los migrantes, porque de lo que no le cabe duda es de que son fundamentales en las sociedades que les acogen: la demografía manda. El libro que acaba de publicar tiene un titular elocuente, Contra las fronteras, editado en los Cuadernos Anagrama, donde disecciona con brevedad y claridad expositiva el momento y las soluciones al elefante que se ha cruzado en la política, la economía y la sociedad.

Llevar una virgen colgada del cuello es de ser moderna y de ser joven. El catholic-core, la estética de lo sagrado, está de moda y es la razón por la que las adolescentes se adornan la pechera con vírgenes, rosarios e imágenes de santos. Una feminidad que a las mayores nos parece antigua pero que se ha vuelto rebelde. ¿Y de dónde sacan tanta virgen? Pues de los cajones de sus madres y abuelas, de los regalos de primera comunión (las que la hicieron) y ahora también de los centros comerciales que venden rosarios como si fueran Sonny Angels. No hace falta ser católica para colgarse una virgen pero sí un poco rebelde.
Los ochenta fueron una hipérbole. Después de décadas de vivir en el ascetismo de las costumbres y la represión de los deseos del franquismo, toda una generación se dedicó a derribar lo aburrido, lo normativo, lo prohibido, lo de antes. Los jóvenes rompieron con el pasado sin anestesia y sin saber que algunos acabarían rotos en el empeño. Carlos Caballé fue un destacado representante de aquella hornada sensible, inconformista y rebelde que se quedó por el camino. Cada uno había accedido a la rebelión por su propia puerta. La suya fue la necesidad de sedar el sufrimiento que le provocaba crecer en una casa zarandeada a todas horas por la tormenta. Esta historia arranca en una familia catalana, numerosa, burguesa e infeliz, y concluye en una escritora que ha dedicado lo mejor de su vida a escudriñar con afán de entomóloga las vidas de los otros. Así que comienza en Carlos y acaba en Anna, los hermanos Caballé que protagonizan El soñador de refugios (Galaxia Gutenberg), uno de esos libros caleidoscópicos donde se pueden encontrar múltiples paisajes: los vaivenes de un poeta politoxicómano, la memoria de una biógrafa que rehuía su propio pasado y, también, las pinceladas sociológicas de la hipérbole de los ochenta.