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Es un mito fundacional clásico de la meritocracia: el garaje. Donde empezó todo, el epítome de lo humilde, una fábula del sueño americano. Esta historia es de esas, como los orígenes en cocheras de Microsoft o de Honda. Excepto porque no es un garaje, es un taller, y porque su cabecilla no es un joven emprendedor, tiene 74 años. Él es Avi Gus y es el cofundador de la marca de ropa urbana Salpi.
“Si pasas suficiente tiempo rodeado de gente muy rica hoy en día, la conclusión es evidente, antes la gente no tenía este aspecto porque, por naturaleza, no es posible tenerlo”, escribía hace unos días la periodista y escritora Amy Odell en una columna en The New York Times. En el texto resaltaba un hecho, cómo a los ultrarricos ya no solo no les preocupa esconder la evidencia de sus cirugías y tratamientos, sino que presumen de ellos. Esas intervenciones se han convertido en otra manera de ostentar riqueza: “El atractivo implícito de los tratamientos estéticos radica en que no se trata simplemente de verse ‘mejor’, de ‘arreglar’ algo (...) se trata, más bien, de disfrutar de un tipo particular de autocuidado basado en la experiencia, infinitamente personalizable y accesible únicamente para un grupo selecto”, apuntaba la escritora.
Si aceptamos que todas las islas del Caribe son diferentes, también podremos aceptar con paz que Trinidad es la más diferente de todas. Sus gobernantes han preferido, desde siempre, esnobear el turismo para volcarse en los hidrocarburos. Las playas infinitamente azules de otras islas —Tobago, por ejemplo— no existen aquí. Trinidad no deja de figurar en esa categoría, algo desairada, de las Antillas Menores, a la par con tropezones geográficos como Anguila, Dominica o Montserrat. Más aún: el Imperio español la llamó, con gran belleza, Trinidad de Barlovento, pero se discute si Trinidad pertenece a ese grupo conocido justamente como “islas de Barlovento” o si no es más bien, como pespunte sur del Caribe, una especie de estrambote o prolongación del continente.
Cartier y el museo Victoria & Albert de Londres se fundaron con cinco años de diferencia: 1847 y 1852, respectivamente. En 1861 llegó la National Gallery of Victoria, el museo más importante de Melbourne. Y ahora la joyería parisiense y las dos instituciones mencionadas tienen algo en común: Cartier, una muestra que debutó en Londres hace un año y ahora llega, mejorada y ampliada, a Melbourne. La escala es francamente apabullante. En la exposición del V&A había 250 joyas y ya resultaba impresionante, pero aquí hay más de 400, distribuidas por envolventes salas monocromáticas diseñadas por la creadora holandesa Sabine Marcelis y el estudio de Róterdam CLOUD.

La lechuga no es la hortaliza más alabada de la huerta, a la pobre se le suele dar un papel de extra en ensaladas, bocadillos y hamburguesas, y en el peor de los casos, de “decoración” en platos combinados. Se la asocia injustamente a dietas y alimentos insípidos, pero poco se sabe que los egipcios la consideraban un alimento afrodisíaco –te invito a buscar “lechuga + Horus” en Google– o que España es un importante exportador de este alimento en la Unión Europea.




Una visita a la barbería era suficiente para comprobar que la masculinidad se había puesto de acuerdo. El ritual comenzaba siempre igual: degradado alto, laterales perfectamente rasurados y una visita obligatoria cada tres semanas para que el dibujo no perdiera definición. Durante más de una década, el fade se convirtió en el uniforme capilar del éxito masculino. Lo llevaban futbolistas, actores, músicos, ejecutivos, opositores y adolescentes. Era el equivalente estético a una camisa blanca: correcto, limpio, eficaz. La versión capilar de la productividad a la que Patrick Bateman nos había enseñado a idolatrar.
En plena polémica por las cifras de absentismo laboral, los expertos tratan de clarificar cómo debe actuar la empresa ante la baja médica de un trabajador. Los intereses bordean una delgada línea en la que confluyen tanto el derecho a la intimidad del empleado como el legítimo interés del empresario para defender la productividad.
La profesora Ana Belén Muñoz opina que el aumento del absentismo obedece a muchos factores: patologías de salud mental difíciles de diagnosticar y tratar, listas de espera en los sistemas de salud, conflictividad laboral no resuelta... Muñoz propone combatir estos problemas a través de “un plan de medidas a cargo de los diferentes agentes implicados: empresas, trabajadores, INSS, mutuas y servicios de salud”. En cualquier caso, cree que no existe una solución única: la pensión de incapacidad temporal se ha convertido en una auténtica “prestación-refugio” que exige un análisis concienzudo.
En el Edificio Pirámide, situado en el paseo de la Castellana de Madrid, se diseñan algunas de las operaciones empresariales más importantes de España y las grandes fortunas acuden en busca de alternativas de inversión para su dinero. Es la sede de JPMorgan, el mayor banco del mundo (sin contar las firmas chinas con control estatal), y el pasado 10 de julio se respiraba el ambiente de las grandes ocasiones. Todo estaba dispuesto, centros de rosas con los colores de las banderas de España y de Estados Unidos incluidos, para recibir al “jefe”. Nada menos que Jamie Dimon, el último banquero previo a la crisis financiera que sobrevive en el puesto. Nacido en Nueva York hace 70 años, ejerce como presidente y consejero delegado desde 2006.