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En tiempos de guerra asoma el dios de la destrucción. Una divinidad difícil de creer, que aparece también en el homicidio, el envejecimiento o la desesperación del suicida. De ahí que las personas razonables, al constatar la insidiosa presencia del sufrimiento y la muerte, la nieguen. Hay una sensibilidad en el ateo, que se traduce en el rechazo de este embajador de la muerte, que no puede existir y, si lo hiciera, mejor sería renegar de él. Una actitud inherente al candoroso dualismo occidental: Dios puede crear, pero no destruir. Nos cuesta admitir que la destrucción sea algo divino. No ocurre eso en la India, que asume con naturalidad que todo lo que nace tiene que morir. La fuerza que mueve el cosmos asume tanto la creación como la destrucción, que es un trabajo tan divino como la generación espontánea de la vida y la luz.
No debemos destriparlo, pero sí podemos decir que el final de este espectáculo es redondo. El montaje entero es redondo. Coherente, sustancioso y sofisticado. Hablamos de Lexikon, la nueva obra de El Conde de Torrefiel, compañía con base en Barcelona y puntera en los circuitos europeos de vanguardia, dirigida mano a mano por Tanya Beyeler y Pablo Gisbert. Coproducida por el Centro Dramático Nacional, su estreno este viernes en el teatro María Guerrero, con cuatro semanas por delante frente a las dos o tres funciones que suelen reservarse para este tipo de trabajos, supone un hito y una verdadera apuesta por una línea de trabajo más abierta a la experimentación en el ámbito institucional. Más dinero, pero también más tiempo para la creación y para llegar a oídos del público.
Texto y dirección Tanya Beyeler y Pablo Gisbert. Reparto: Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina. Teatro María Guerrero. Madrid. Hasta el 24 de mayo.
Bogotá es un caos. Un caos delicioso y apasionante, pero caos, al fin y al cabo. Para empezar, hablamos de 1.776 kilómetros cuadrados de megalópolis (Madrid tiene 604 y Barcelona, 102), parcelada en 20 localidades (una especie de distritos), que se subdividen en 1.922 barrios. Tantos que ni siquiera los taxistas más avezados han oído hablar de algunos. En cuanto a población, las cifras oficiales suman casi ocho millones de habitantes. Las extraoficiales hablan de más de 12 millones.

Hay libros que enseñan a preparar platos y otros que te acompañan en la vida. El gran libro de Angelita Alfaro (Libros Cúpula, 2026) pertenece a la segunda categoría: además de un recetario, es una forma de entender la cocina como un acto cotidiano cargado de memoria, amor y una cierta resistencia al paso del tiempo. Un archivo doméstico de sabores reconocibles como resultado de toda una vida dedicada a transmitir un conocimiento que aspira a ser tan útil como emocional. “La responsable de esto fue mi tía Virginia, que en paz descanse”, cuenta Angelita Alfaro (Cervera del Río Alhama, 1941). “Me dijo que con lo que yo sabía, por qué no hacía un libro… mi madre dijo ‘no, calla, calla’, pero yo le hice caso y mira, ¡ya llevo 26!”, ríe desde el otro lado del teléfono.


