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La Comunidad de Madrid saca pecho de su nueva consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, en una semana en la que le arrecian las críticas por la nula experiencia en el sector del equipo saliente, conformado por un grupo de treintañeros conocidos como Los Pocholos. Sin embargo, la nota de prensa enviada a los periodistas el lunes, día de su nombramiento, adorna su currículum para enfatizar una sólida carrera académica que no es tal, pues ha dedicado mucha parte de su vida a la política. Aun así, los rectores de las universidades madrileñas se sienten más cómodos con la exalcaldesa de San Martín de Valdeiglesias que con Emilio Viciana, su antecesor, porque ella conoce los conceptos básicos de la gestión universitaria en su calidad de doctora y eventual profesora.


Las universidades públicas madrileñas no tienen tiempo que perder, no. En un año en el que hay más estudiantes de Medicina matriculados en universidades privadas, pagando una media de 20.000 euros anuales, que en universidades públicas, el tiempo se agotó. Cuando Madrid sigue siendo la comunidad con el profesorado peor pagado, con tasas de temporalidad que doblan las del maltrecho sector hostelero, con las matrículas más altas, con menos becas por estudiante, que menos invierte en ciencia, que más talento expulsa, cuando todo eso ocurre en la comunidad más rica de España y en una de las más ricas de Europa, y cuando pese a esa asfixia una única universidad madrileña, la Complutense, produce más tesis doctorales que 46 universidades privadas, todas las de España, juntas, entonces se puede decir, sí, que el tiempo se ha acabado. Se acabó en realidad hace mucho tiempo, pero cristaliza hoy con la caída de una consejería casi al completo.
A la lingüista Emily M. Bender (Washington, 52 años) y la ingeniera, matemática y socióloga Alex Hanna (California del Sur, 40 años) les une un sentimiento mutuo: su “deseo de desinflar el bombo que se le está dando a la inteligencia artificial (IA)”. Así lo declaran en las primeras páginas de La estafa de la IA, que Paidós publica en España esta semana. El libro surgió como una respuesta a la continua exaltación de las capacidades y virtudes de la IA, a la que las autoras prefieren llamar “máquinas generadoras de contenidos sintéticos”.