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Con el paso del tiempo, los faros del coche van perdiendo el aspecto transparente y brillante que tenían cuando eran nuevos. Los factores meteorológicos como la lluvia y la propia exposición al sol, además de la suciedad acumulada y el polvo, hacen que el plástico pueda verse más apagado, amarillento y, en el peor de los casos, opaco. Y aunque a veces pensamos que para recuperarlos la única solución es acudir a un taller, existen productos que tratan de devolverles parte de su aspecto original en casa.



Ammar Yassir (Omdurmán, Sudán, 21 años) ha hecho de su exilio un diario fotográfico. Se marchó de Sudán en diciembre de 2023 poco después de que estallara la guerra que, pronto, desembocó en la mayor crisis humanitaria del mundo. Yassir no ha regresado desde entonces, pero, a través del proyecto fotográfico Nunca encontraré un hogar, combina imágenes de su familia y su país y la experiencia del desarraigo. “Comenzó como un diario personal. Más adelante empecé a añadirle más y más capas, preguntando a las personas de mi entorno qué significaba para ellos el hogar y qué implica llegar a un punto en el que ya no tienes un hogar al que volver”, afirma, en entrevista con EL PAÍS en Madrid. Yassir ha visitado España para participar en el festival We Are Photo en El Campillo, Huelva.
2026 no está siendo el mejor año para Meta. Un juez de Nuevo México, EE UU, ordenó este miércoles a la empresa matriz de Facebook, Instagram o WhatsApp el pago de una multa de unos 22.000 millones de euros al considerarla culpable de engañar a los usuarios de Facebook sobre su política de privacidad de datos.

Comencé mi relación con El País Semanal con un orgasmo. Sucedió el 6 de febrero de 1994. No se repitió en los siguientes 12 años.


La paradoja es notable. Despreciados por el pueblo, vigilados por la Inquisición y sometidos a las exigencias de una sociedad obsesionada por la limpieza de sangre, los judeoconversos lograron pese a todo alcanzar enorme poder en la España de los siglos XVI al XVIII, emparentando además con la nobleza. Durante generaciones se vieron obligados a afrontar condenas, sospechas y oprobios, pero las necesidades del imperio, tanto financieras como de servidores competentes, acabaron por encumbrarlos. La monarquía hispánica alentó esa integración convirtiendo a la sociedad española, contra lo que se cree, en una de las más dinámicas de Europa. Este es en parte El gran secreto al que alude desde su título el libro del historiador Enrique Soria Mesa, que destapa también otra realidad escondida: la del origen judío de lo más granado de la nobleza española.

En los últimos años, la forma más contemporánea del ensayo literario ha sido una mezcla reconocible de memoir y erudición que la autora Noelia Romero sintetiza muy bien en su reciente La manera: “Ensayar, confesar, conversar [con otras lecturas y obras]. Estas son las tres acciones que hago mientras escribo este libro”, dice, una aritmética que vale para toda una corriente que quizá no sea nueva, pero sí ha adquirido matices, capas y posibilidades renovadas a medida que se iba convirtiendo en modelo consolidado por el mercado de la alta cultura y las becas de creación. El peligro de un proceso semejante, ya se sabe, es alcanzar un punto colectivo de anquilosamiento o saturación. No sé cuándo ocurrirá eso. De momento, el género sigue ofreciendo muestras estupendas.


Sentado en la suite de un precioso hotel, con un iced latte en la mano, a Paul Banks (Essex, 48 años) se le aprecian pocas secuelas de aquella vida intoxicada que llevó y que casi lo manda al otro barrio. Al cantante de Interpol se le ve feliz en su madurez. Su banda, que brilló en el Nueva York de principios de los dosmiles al calor del revival post-punk, disfruta ahora de una segunda juventud, aupado por una generación que vuelve a venerar el arquetipo del indie atormentado a lo Ian Curtis, con quien siempre se comparó a Banks.
Los surcoreanos tienen fama de hacer las cosas bien. Coches, motos, lavadoras, aires acondicionados, barcos, series de televisión… el reto que le pongas a su industria lo supera siempre cum laude. Lo que no sabía es que esta pasión por la excelencia se prolongaba a todo tipo de tareas; incluso, por ejemplo, a los sets de rodaje para sus afamadas series televisivas.