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Desde julio pasado, la Administración de Donald Trump envía a todas las menores migrantes no acompañadas que llegan embarazadas a Estados Unidos a un único centro ubicado en San Benito, una pequeña ciudad fronteriza del sur de Texas, el Estado que tiene una de las prohibiciones del aborto más estrictas del país. En los últimos meses, más de una docena de niñas han sido trasladadas a esta instalación. Al menos la mitad de ellas quedaron embarazadas como resultado de una violación. Algunas tienen 13 años.
La cazadora de cuero de Santiago Abascal está descascarillada a la altura de las cervicales, donde le palmean miles de seguidores por los pueblos de Castilla y León en la campaña electoral autonómica. Acabado el mitin, el presidente de Vox salta del pequeño escenario y centenares de personas en las plazas se arremolinan para saludarlo, hacerse fotos y pedirle autógrafos. Uno a uno, con paciencia tenaz, el líder de la ultraderecha española complace a todos con su mejor sonrisa, abrazos, besos y carantoñas a los bebés. Entre el gentío, alcanza finalmente su furgoneta, se alza sobre el estribo del vehículo y se despide: un último gesto que enloquece a la multitud como ya quisieran muchos cantantes. “¡Lo he visto, lo he visto! ¡Me ha tocado!”, se obnubilan chicos y grandes. La emoción que se respira en algunos pueblos tiene su reflejo en las encuestas, que auguran para ellos el mejor resultado de las convocatorias recientes, con una estimación de voto del 20,8%, 3,2 puntos más que en 2022, según la empresa de sondeos 40dB. Abascal ha acompañado por más de 60 pueblos al candidato regional, Carlos Pollán, ganándose las simpatías de los chavales de secundaria, los agricultores y ganaderos, pequeños comerciantes, camioneros o autónomos, a quienes cita constantemente. A unas pocas horas de que se abran las urnas, ya tiene la voz afectada. Y la cazadora de cuero, para tirarla.





La analista política Sarah Santaolalla ha recibido en las últimas semanas escolta policial tras un incidente con el agitador ultra Vito Quiles a la salida de un acto en el Senado. La tertuliana informó poco después a sus seguidores de que estaba en el hospital y subió una fotografía en la que llevaba un cabestrillo en el brazo. Acto seguido, denunció a Quiles por acoso y lesiones a raíz de que, según relató, sufriese una “agresión física” de él y sus “matones”. Tanto el PSOE, como Santaolalla, denunciaron en una comisaría de Madrid al agitador. Por su parte, él también hizo lo propio contra la comentarista acusándola de haber emitido una denuncia falsa. El incidente llegó hasta el ministerio del Interior, cuyo titular, Fernando Grande-Marlaska, expresó en los pasillos del Senado su “preocupación máxima” por Santaolalla y sostuvo que tomaría “las medidas precisas” y emplearía “toda la fuerza de la ley” para que no se repitiese un hecho similar. Tras abrir el procedimiento contra Quiles y escuchar a las partes, la jueza Sonia Agudo denegó la orden de alejamiento que solicitaba la tertuliana.
Jueves, 11.30 de la mañana. A la sombra hace frío, pero en el banco del parque en el que se sienta Karla Sofía Gascón (Alcobendas, Madrid, 53 años) en su ciudad natal da el sol. Hoy viernes viajará a Málaga, donde, como el año pasado, entregará un premio en la gala de clausura del sábado. Donde no estará será en la ceremonia de los Oscar del domingo. Ha pasado un año desde que la alcobedense fuera candidata al galardón por su labor en Emilia Pérez, de Jacques Audiard, una nominación que no logró disfrutar porque fue arrasada por un huracán mediático propulsado por unos viejos tuits volcánicos. “No la veré”, cuenta la actriz. “Duermo mucho. Yo a las diez de la noche ya estoy dormida, y tengo muchísimo trabajo”. Anuncia que se va a Italia a promocionar Scuola di seduzione, de Carlo Verdone, comedia que huele a taquillazo, y luego unos meses al extranjero, “a rodar con un ganador del Oscar”. ¿No será Las malas, la novela de Camila Sosa que adaptará Armando Bo y en cuyo reparto su nombre ya se había anunciado? “No te puedo decir cuál”.
Sentir hambre puede modular nuestro estado de ánimo. Diversas investigaciones han demostrado que el hambre puede volvernos más negativos, más irritables e, incluso, más agresivos. El impacto emocional del hambre puede tener, incluso, un efecto sobre nuestras decisiones. Así lo demostró un estudio israelí de 2011 que dio nombre al conocido como “efecto del juez hambriento”. Lo que vieron los autores del estudio es que la severidad de las sentencias dictadas por los jueces se endurecía a medida que se acercaba la hora del almuerzo, para luego volverse significativamente más indulgentes después de la pausa para la comida y el descanso. Esta relación tan estrecha llevó incluso a la invención de un término en inglés para hacer referencia a este fenómeno, hangry —una combinación de hungry (hambriento) y angry (enfadado) —, que se coló en enero de 2018 en el Diccionario de Oxford.

El Estado de bienestar en España hoy son los padres. Los bajos salarios y el precio desbocado de la vivienda hacen que los jóvenes actuales sean extremadamente dependientes de la familia para alcanzar unos mínimos de dignidad cotidiana. Y sin embargo, hay interés en acallar a quienes denuncian esta situación, acusándoles de querer incentivar una supuesta guerra generacional. La realidad es que asistimos a una tragedia silenciosa que nos estallará políticamente más pronto que tarde, por más que se pretenda ignorarla.

En mi primer día de instituto, me dieron un carné de estudiante. Era un cartoncito rectangular de color azul claro con el logotipo del colegio encima de mi foto, mi nombre y mi número de identidad nacional. En el reverso del carné había una cita anónima (que más tarde descubrí que se atribuye erróneamente a Albert Camus), que decía: “No camines delante de mí, quizá no te siga. No camines detrás de mí, quizá no te guíe. Camina a mi lado, sé mi amigo, nada más”.
Entre los grandes hitos de la campaña de Castilla y León no se contará nada de esas cosas que entretienen la disputa política nacional, de las novias enchufadas de José Luis Ábalos a los denostados pactos del PSOE. Uno de los principales hitos de la carrera hacia los comicios del próximo domingo en la comunidad más grande de España será algo mucho más prosaico: el plato de ducha.
Castilla y León, comunidad gobernada desde hace casi 40 años por el PP, es la única región de España que carece de normativa LGTBI+ específica. Asturias, donde gobierna el PSOE y que era la otra que no había aprobado este tipo de legislación, ha sacado adelante esta semana su anteproyecto de ley LGTBI+. Así, se corrige una “anomalía democrática histórica”, en palabras del consejero asturiano de Derechos ciudadanos, Ovidio Zapico. Esta ley “nace del corazón de las entidades LGTBI, de sus familias y del compromiso del Gobierno de coalición progresista”, añadía Zapico. Aunque en Castilla y León también se había iniciado la tramitación de legislación específica, el adelanto electoral la ha dejado congelada. Las elecciones se celebran el 15 de marzo y, si se cumple el pronóstico de las encuestas ―que auguran el refuerzo de Vox y la incapacidad del PP de gobernar en solitario―, la normativa LGTBI+ de la región quedará aparcada en un cajón.
Estimado señor Feijóo, nos dirigimos a usted públicamente como supervivientes de abusos sexuales en la Iglesia católica. Aunque nuestros agresores fueron depredadores sexuales que abusaron de multitud de menores durante décadas, no se les pudo juzgar porque, cuando tuvimos la fortaleza de denunciar los hechos, estos habían prescrito.