Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Al inicio de la ola de incendios en la Comunidad de Madrid que derivó en la declaración de emergencia de interés nacional, un grupo de bomberos forestales denunció el miércoles, en un llamativo vídeo colgado en X, que el Gobierno regional los tenía mano sobre mano sin hacer nada, sin vehículos, sin herramientas, sin órdenes. Bomberos forestales parados en medio de la mayor catástrofe medioambiental a la que se ha enfrentado la región. “Hemos pedido activación al incendio de Almorox porque nos tienen paralizados durante nuestra jornada, estamos en conflicto, pero no estamos realizando huelga, estamos viniendo a trabajar”, señala un portavoz en la grabación. En respuesta, el Gobierno regional lanzó un duro comunicado en el que denuncia la actitud “inadmisible” de estos efectivos, en total 60, a los que acusa de hacer “chantaje” a la organización operativa en los incendios.
La evolución del fuego que mantiene en emergencia a Ávila, Madrid y Toledo ha quedado registrada por los satélites del programa europeo Copernicus de dos formas complementarias. Por un lado, el Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales (EFFIS) traza casi en tiempo real los polígonos del área quemada, lo que permite seguir el tamaño del fuego día a día. Por otro, los satélites Sentinel-2 —de la misma familia Copernicus— fotografían el terreno con imágenes que muestran con nitidez la cicatriz del incendio sobre el paisaje.
Que los incendios no son como eran, lo sabemos. Que las temperaturas no son las mismas, lo sufrimos a diario. Que España brillaba y atraía por su clima, lo recordamos; de que España es el país europeo más vulnerable ante los desafíos del clima, estamos advertidos. Que las olas de calor comienzan antes, lo estamos experimentando. Que una ola se funde con la siguiente, lo padecemos. Que el paisaje es el corazón del patriotismo es algo que se entiende de veras cuando se pierde. Que algo tan aparentemente cerebral como los impuestos está directamente relacionado con ese patrimonio del corazón es una evidencia que solo pueden negar los embusteros negacionistas o los que solo se codean con ellos. Que hasta este año la culpa de todo la tenían esos malvados medioambientalistas que impedían limpiar el monte y los ríos de hierbajos es un bulo propagado por quienes quieren eximir de responsabilidad a quienes manejan los presupuestos. Que construir cortafuegos para apagar esa mentira que, sobre todo en el mundo rural se convierte en un lugar común, es urgente. Que este año esa estúpida frase, “siempre ha hecho calor”, que brota de tantas bocas está muriendo por achicharramiento es algo que va percibiéndose. Que los ancianos saben que el calor de este mes no ha sido el calor que ellos padecieron en su juventud es una verdad que su cuerpo experimenta. Que España es un país diverso constituido en comunidades autónomas es algo ya natural en nuestras vidas, como comienza a serlo que no somos nadie si no sabemos colaborar, que las rencillas o las separaciones no responden a la realidad cuando esta se impone con furia.

El cielo de Boadilla del Monte se había despejado de ceniza este sábado por la mañana, casi nadie llevaba mascarilla y la gente había vuelto a las terrazas. Nada que ver con el día anterior, cuando el alcalde, Javier Úbeda, reconoce que pasaron un mal rato hasta que el viento cambió de dirección. El fuego del gran incendio que arrasa el suroeste de la Comunidad de Madrid ha afectado a pequeños pueblos rurales de la zona más periférica de la región. De haber penetrado hacia la capital, las llamas hubieran afectado a los municipios acomodados y mucho más poblados como Villanueva de la Cañada, Villaviciosa de Odón o Boadilla, donde se asientan lo que algunos llaman urbanizaciones bosque, entornos privilegiados pero expuestos al peligro de los incendios.


Spiderman siempre está presente. El filósofo Grafton Tanner ha acuñado el término del porsiemprismo (foreverism, en inglés) para referirse a fenómenos como el del hombre araña, la saga de Star Wars —que no cesa de explorar sus recovecos— o esas bandas de rock veteranas que nunca dejan de reunirse y nunca acaban de disolverse. Son expresiones culturales que han trascendido su tiempo y no se quedan atrás, generación tras generación, con las que es imposible la nostalgia y siempre posible el negocio. Así es Spiderman, cuya industria ofrece continuamente productos para personas de toda edad y condición. Sigue hecho, literalmente, un chaval. Prueba de su eternidad: el próximo 29 de julio estrena una nueva película, Spider-man: Brand New Day.
En 2003, en una oscura lista de correo, un grupo de profetas del apocalipsis tecnológico se mandaba mensajes sobre cuánto les importaba “si la humanidad desaparecía”. Uno consideró que prefería estar con criaturas más listas y creativas, aunque no fueran humanos. Otro respondió que le parecería bien si no fuera porque esas máquinas no tendrían ninguna cualidad humana: “Serían solo pura inteligencia computacional dedicada a fabricar una cantidad infinita de clips”.
La advertencia llega en forma de correo electrónico un par de días antes de la entrevista. Helen DeWitt, autora de El último samurái, una de las novelas más aclamadas del siglo, ha pedido, como preliminar a la charla, que se lea la última entrada de su blog, donde “habla un poco”, dice el mediador de su editorial en España, Random House, “de cómo a veces la promoción que le imponen las editoriales o los premios le impide hacer aquello a lo que se dedica: escribir libros”. El texto en cuestión es un manifiesto bastante extenso en contra de las entrevistas obligadas, la ineptitud de los distintos agentes editoriales para entender a los escritores y los motivos de su reciente rechazo al premio Windham-Campbell, que le otorgaba 175.000 dólares (casi 154.000 euros), por no poder cumplir con sus obligaciones promocionales.

No hay que pensar, una pareja de cormoranes se aleja volando sobre el mar, por la bocana del puerto se ven los barcos zarpar, no te preguntes adónde irán, no hay que pensar, un pez dorado se ha enganchado en el curricán, viene hacia el velero dando saltos a flor de agua tirado por el sedal, unas pardelas vuelan el círculo sobre un banco de caballas, el pez dorado se ha librado del anzuelo y ha regresado feliz al fondo del mar, cruza el cielo una avioneta que tal vez presagia un incendio, pero por fortuna solo anuncia una crema solar, llega desde un cercano jardín el olor a carne asada de una barbacoa entre las voces de una alegría familiar, no hay que pensar, baja por el esófago el sorbo del granizado de limón con hierbabuena, el hibisco ha dado su flor roja del día, la de ayer ha muerto ya, tras las cortinas entornadas cae un sol de fuego sobre una charca donde abrevan rabiosas las avispas, se oyen truenos lejanos de una tormenta que se avecina, no hay que pensar, canta el jilguero en la rama del granado, una salamanquesa se arrastra por la pared y se engulle otro mosquito, uno más, los pies desnudos apoyados en la barandilla de la terraza se perfilan sobre el horizonte del mar y ahora una hormiga exploradora escala hasta el dedo gordo, se detiene en lo alto y desde allí parece avistar el panorama, la hormiga duda y por fin se decide a bajar por el empeine y desaparece para dar cuenta a la reina del hormiguero de lo que ha visto, son cosas que se traen las hormigas entre ellas, la arena de la playa está toda cubierta de carne humana ensayando el fin del mundo, no hay que pensar, qué puede depararte el futuro, qué va a pasar, nada que no haya pasado un millón de veces, todo irá bien, una ensalada con hinojo marino para la cenar, la almohada es como una tierna y fresca mejilla de niño para soñar, de noche por la ventana abierta a las estrellas se ven las constelaciones del Cisne, la Lira y Sagitario y aquí abajo cantan los grillos, llega agosto, no hay que pensar.
La presidenta de la Comunidad de Madrid disparó al aire el viernes 24 de julio la palabra “mamarracho”, y el proyectil alcanzó en su trayectoria de caída al delegado del Gobierno y al ministro de Transportes.

La semana que ahora acaba tenía señalada una fecha importante en el calendario del caso Plus Ultra, en el que está investigado José Luis Rodríguez Zapatero por, supuestamente, liderar una red de influencias ilícitas que, entre otras operaciones, favoreció el rescate público en 2021 de la aerolínea que da nombre a la causa. El juez José Luis Calama había citado para el martes como investigado a Julio Martínez Martínez, amigo del expresidente del Gobierno y administrador de Análisis Relevante, la empresa en el epicentro de la trama. La cita se presumía determinante ante la duda de si el empresario respaldaría la versión de Zapatero, que declaró en junio y aseguró que era ajeno a la creación y administración de esa sociedad y solo trabajó y cobró de ella como consultor externo, o si, por el contrario, desmentiría ese relato y corroboraría el de los investigadores, que sitúan al expresidente a los mandos del entramado. Martínez Martínez no esperó a estar ante el juez y, en la víspera de su citación, entregó en la Audiencia Nacional un documento en el que se ofrecía a colaborar con la justicia y señalaba a Zapatero. Comenzó así un movimiento en cadena al que se sumaron Julio Martínez Sola y Roberto Roselli, también imputados y hasta entonces máximos directivos de la aerolínea Plus Ultra (dimitieron este viernes tras ser citados por el juez), que endosa al exlíder socialista la máxima responsabilidad en los hechos que se investigan.