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Javier Aguirre trajo esperanza al Valencia y recuperó el orgullo de un equipo alicaído que volvía a transitar por la zona oscura de la clasificación. Pero el Valencia necesita más para sacar la cabeza del fondo de la tabla y solo da pequeños pasos hacia la salvación que se antojan insuficientes. El Villarreal, mental y físicamente mermado tras su duro duelo con el Liverpool, se rehizo con el marcador en contra y acabó llevándose el triunfo (1-2) gracias a un tanto de Mikautadze en el minuto 96.
Centenares de jóvenes se han concentrado este sábado en Barcelona y han destrozado el mobiliario urbano, han provocado daños en bicicletas y motos y han saqueado una quincena de comercios. Los Mossos d’Esquadra y la Guàrdia Urbana han organizado un gran despliegue con más de 220 agentes para frenar los actos vandálicos, haciendo conatos de cargas contra los encapuchados que se ha saldado de momento con un centenar de detenidos, un 25% de ellos menores. Muchos comercios y restaurantes han cerrado para evitar daños y saqueos en la plaza Catalunya, la Rambla, en la avenida del Portal de l’Àngel las calles adyacentes. Los jóvenes han acudido al centro convocados a través de las redes en una manifestación no comunicada. El Ayuntamiento ha blindado la plaza y las calles del entorno para que no accediera nadie más a la zona que va de Rambla a Gran Vía y de plaza de Urquinaona a Universitat. El president Salvador Illa ha condenado los actos violentos: “La violencia no tiene cabida en Cataluña. Nunca. Protestar es un derecho democrático. Agreder, intimidar y causar destrozos no lo es”.
Faltaban apenas unas horas el viernes pasado para la presentación en el Espacio Telefónica de Madrid de Donde el agua trabaja, la novela ganadora del I premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. El libro había llegado hace unos meses a las tiendas de México, Colombia y Argentina y desembarcaba ahora en España. El autor premiado con 20.000 euros, David Silva Rojas, peruano de 46 años que ha vivido dos décadas en Japón y es abogado, se había desplazado a Madrid y tenía previsto seguir la gira de presentación este mes de octubre por Barcelona, Sevilla y Cádiz. Pero el plan se truncó abruptamente cuando EL PAÍS dio la noticia de que su libro está escrito por IA al 99%, según el detector Pangram, como pudo comprobar este periódico.

La carta al director que envió Carolina Alguacil a EL PAÍS el 21 de agosto de 2005 sirvió para acuñar el término mileurista, muy utilizado a partir de ahí como etiqueta de un colectivo con muchas dificultades para tener una vida plena con ese salario. Esa misiva podría ser firmada hoy por cientos de miles de jóvenes. Y no tan jóvenes. Lo único que cambiaría sería el origen numérico del concepto, que con la inflación acumulada (60%) en estos 20 años los convierte en milquinientoseuristas o su variante más fotogénica en redes, milquini. El salario mediano —el más ilustrativo porque, a diferencia de la media, que mezcla cifras muy altas y muy bajas, este indicador divide en dos la distribución de los salarios y fija el umbral con la mitad por debajo y la otra mitad por encima— se situó en 2.001,4 euros en 2024, el último dato publicado. Dependiendo de la retención fiscal, supone entre unos 1.500-1.600 euros netos al mes.

“El momento es crucial y más peligroso que nunca. Hay que votar”. La consigna se repite, de forma más o menos idéntica, en boca de varios candidatos, ante la mirada atenta de decenas de habitantes del pueblo árabe de Abu Gosh, que escuchan sus propuestas mientras toman café y dulces al caer la tarde.


El futuro nunca es obvio, aunque vivamos durante décadas como si lo fuese, pero hay personas que lo tienen muy presente. Después de un diagnóstico, un paciente con cáncer puede ver cómo el tiempo se espesa y empieza a comportarse de manera paradójica. Pueden parecer meses los días a la espera de resultados o cuando el cuerpo duele, aun así, el tiempo se vuelve escaso. Las decisiones vitales se revisan con angustia y se empiezan a contemplar posibilidades antes impensables. Esto también sucede a los inversores profesionales, ese gremio de futurólogos en el que unos pocos ganan mucho porque la mayoría no acierta.

