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Héctor Gómez, 17 años, alto, delgado, 1,80 metros, viste una camiseta del equipo de fútbol del Paris Saint-Germain (más por imagen que por convicción). Tiene el pelo negro, con un corte que semeja al que llevaba hace tiempo el delantero del Barcelona Lamine Yamal; a su lado, descansa una mochila oscura de una marca que fue una diosa en la mitología. Es un gran estudiante, llegará a la EBAU —del 1 al 4 de junio— con una media de nueve sobre 10. Quiere ser ingeniero industrial P.A.R.S —grado de corte en la Universidad Politécnica de Madrid 2025/2026: 13,525, está vinculado con el máster—. Se ha formado en el colegio privado madrileño Ramón y Cajal. Desde luego, maneja la física básica. El tiempo es la relación entre la distancia y la velocidad. Quizá esa variable es la más importante para miles de chicos que se examinan en pocas semanas de la Selectividad (oficialmente, Prueba de Acceso a la Universidad, PAU) que quieren obtener el mayor partido al tic-tac del reloj. ¿Cómo hacerlo? Alumnos, profesores, neurocientíficos, psicólogos, expertos relatan la forma de apurar con éxito esas horas cada vez más finitas.
Es Europa, es Asia. Es Estambul, bulliciosa y ecléctica, ciudad turca que huele a café, especias y humo. Por sus calles aún perdura el sabor de lo que fue el imperio bizantino, Constantinopla y todas las capas de sus 2.600 años de historia, que se mezclan con las propuestas de arte contemporáneo que aparecen en los rincones más insospechados de la ciudad del Bósforo. Este es un recorrido más allá de sus atractivos turísticos clásicos.

Los rollitos de primavera parecen sofisticados, cuestan más de lo que deberían –sobre todo si son congelados, algo dolorosamente habitual– y a veces vienen acompañados de un poco de lechuga iceberg con una vinagreta misteriosa. En realidad son simplemente verduras salteadas envueltas en una lámina de harina frita, y para hacerlos en casa no necesitas siete apellidos chinos ni tres woks de importación.

El director de EL PAÍS, Jan Martínez Ahrens, ha nombrado como nuevo subdirector de Opinión de este periódico a Marc Bassets. Hasta ahora corresponsal en Berlín, Bassets (Barcelona, 1974) ha trabajado durante 26 años en diversos destinos internacionales. Desde 2014 lo hace para EL PAÍS, donde también ha sido delegado en Washington y después corresponsal en París. Anteriormente, trabajó durante más de una década en el diario La Vanguardia desde varias ciudades europeas y de Estados Unidos. En su nuevo cometido al frente de la sección de Opinión en EL PAÍS, también será responsable del suplemento Ideas, que coordina Joseba Elola.
En Chernóbil la tragedia se toma la molestia de avisar. Lo hace por teléfono y a las cuatro de la madrugada.
Lisa Kudrow (Los Ángeles, 62 años) será siempre Phoebe, pero para muchos también Valerie Cherish, la protagonista de The Comeback (HBO Max), una serie creada y protagonizada por ella misma en la que da vida a una actriz madura que intenta volver a la rueda de la industria del entretenimiento poniendo buena cara a todo tipo de humillaciones. Su primera temporada, en 2005, no consiguió un éxito masivo, pero aquella mujer ligeramente patética aunque entrañable, con un pasado glorioso que intentaba resucitar su carrera en un reality show, se ganó a los paladares más exquisitos. En la vida real, la serie se canceló, pero 10 años después resucitó, con una segunda temporada en la que la perspectiva tragicómica de lo que el show business representa para una “señora de una cierta edad” dio grandes momentos humorísticos. De nuevo una década después, Valerie regresa, por tercera y última vez: en esta ocasión se embarca en una producción televisiva guionizada por una inteligencia artificial en plena huelga de guionistas. “Antes solo había ciertas personas que lo pillaban y les encantaba. Ahora tengo la sensación de que la mayoría de las personas con las que hablo entienden de qué va”, explica con su característica y desconcertante risa Lisa Kudrow por videollamada desde el salón de su casa en Los Ángeles.