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“Dame la dureza de la verdad, pero no me engañes con una mentira”. Así de tajante demuestra María del Monte (Sevilla, 64 años) lo importante que es para ella la transparencia y la sinceridad. Por eso, en el segundo párrafo del libro que acaba de publicar, Si el corazón se equivoca, se le perdona (HarperCollins), advierte de que su contenido “no va de su vida”, o al menos, de esa vida que ha asomado en la prensa y los programas del corazón más allá de su trayectoria profesional. “Eso no me interesa, la vida tiene más profundidad como para quedarse en esa capa de superficie”, zanja durante una mañana soleada que desafía los malos augurios de lluvia. La primera incursión de la sevillana en el mundo editorial es una generosa inmersión en sus inquietudes, sus motivaciones, sus zozobras y sus anhelos, que destapa describiendo de una manera franca y natural cómo se ha ido guiando en los ámbitos que para ella son más importantes: su familia, amigos, parejas, seres queridos y ausentes, sus orígenes y tradiciones, y ella misma. “Lo más bonito que me han dicho del libro, y que era mi único objetivo, es que leerlo era como charlar conmigo”, explica sonriente.

Hace años, cuando la gente preguntaba a Geoffrey Hinton por qué trabajaba con la inteligencia artificial, él repetía una frase de Oppenheimer, uno de los creadores de la bomba atómica: “Cuando ves algo grandioso, sigues adelante y lo llevas a cabo”. Ya no lo dice. Ahora se dedica a alertar sobre los peligros de continuar la carrera que él mismo empezó. Confiesa que, en parte, se arrepiente del trabajo al que ha dedicado una vida. Su reconversión de padrino de la IA a profeta de la catástrofe marcó un punto de inflexión en la industria. Sucedió en 2023, cuando abandonó su puesto como vicepresidente de Google entre advertencias funestas. Entonces, algunos vieron su reacción exagerada. Tres años después, muchos han seguido sus pasos.

Los Recuerdos de un enamorado envueltos en documentos inéditos; el documental de una voz quebrada; una película que domina la taquilla, basada en una obra inacabada de Federico García Lorca sobre la represión de la homosexualidad; un rodaje en Granada sobre los días que precedieron a su asesinato y hasta la biografía de Agustín Penón, pionero en investigar la muerte del autor de Romancero gitano, coinciden en el tiempo. Noventa años después de su muerte, investigación y creación confluyen en un momento en el que conviven el Lorca queer, la nostalgia del pasado y la polarización de la sociedad.




La erección matutina es el patrón oro para calibrar la testosterona, según varios foros masculinos de Reddit, donde toda una subcategoría se dedica a esta hormona, una variable que en internet solo se nombra con la letra T. En esos grupos, algunos en la órbita de la manosfera pero otros no, se intercambian y comparan analíticas cada seis meses. Ser señalado en este universo como low T (bajo en testosterona) es un estigma que apela a varios miedos masculinos: pulsión sexual débil, baja energía, cierta actitud pusilánime ante la vida y una cuenta corriente precaria.
El tomate con feta al horno para acompañar pasta que arrasó en las redes sociales en 2021 ya podría ser considerado comida viejuna viral, porque cinco años en Internet son como 50 en la vida real. Sin embargo, viene a cuento recordar aquel hit porque el plato de hoy se le parece bastante, si es que no fue su inspiración. Se llama buyiurdi (o bouyourdi, si transcribimos literalmente del griego escrito), viene de Grecia y, en su preparación, el queso y el tomate fresco también pasan por el horno con resultados igualmente lujuriosos.