Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
El arranque del Open de Tenis de Madrid vuelve a poner sobre la mesa una de las estrategias más tentadoras —y más delicadas— del marketing contemporáneo: subirse al ruido de un gran evento sin pagar el peaje del patrocinio oficial. La proximidad de otros eventos internacionales de masas, como la Copa del Mundo de la FIFA o las giras de artistas y bandas que congregan multitudes en espacios reducidos son elementos de atracción. La gira Lux Tour 26 de Rosalía en Madrid ha sumado 70.000 espectadores presenciales; la final de la Copa del Mundo de Futbol fue vista por 1.420 millones de personas, según los datos de la FIFA.
Pilar Sánchez-Bleda, socia directora de Auren Legal, subraya que los contratos de patrocinio internacional son complejos porque deben respetar “los límites publicitarios de los diferentes territorios en los cuales se vaya a desarrollar el evento”. La experta da una idea clave: “conductas como el ambush marketing, claramente atentatorias contra el patrocinio, deberían ser perseguidas de una manera contundente”. La frontera entre aprovechar la actualidad y apropiarse del evento nunca ha sido tan estrecha, ni los medios disponibles tan amplios y asequibles. Una tentación que puede salir cara.
La Kings League en España se ha estancado. Hay signos de fatiga: ha perdido espectadores e impacto. Nació para convertir el fútbol en un show y lo ha logrado, pero solo un poco. La revolución que supuso la primera temporada española auguraba un futuro espléndido que ahora se ha estancado. “Ha perdido mucha audiencia, obviamente no tiene nada que ver con lo que era al principio”, dijo el célebre influencer Ibai Llanos en marzo. La mayoría de vídeos más vistos de los canales de YouTube o TikTok de la Kings League España tienen dos años o más. Las búsquedas de Kings League en Google han ido cayendo, excepto por dos picos puntuales en los mundiales de clubes y selecciones.
En tiempos de guerra asoma el dios de la destrucción. Una divinidad difícil de creer, que aparece también en el homicidio, el envejecimiento o la desesperación del suicida. De ahí que las personas razonables, al constatar la insidiosa presencia del sufrimiento y la muerte, la nieguen. Hay una sensibilidad en el ateo, que se traduce en el rechazo de este embajador de la muerte, que no puede existir y, si lo hiciera, mejor sería renegar de él. Una actitud inherente al candoroso dualismo occidental: Dios puede crear, pero no destruir. Nos cuesta admitir que la destrucción sea algo divino. No ocurre eso en la India, que asume con naturalidad que todo lo que nace tiene que morir. La fuerza que mueve el cosmos asume tanto la creación como la destrucción, que es un trabajo tan divino como la generación espontánea de la vida y la luz.
No debemos destriparlo, pero sí podemos decir que el final de este espectáculo es redondo. El montaje entero es redondo. Coherente, sustancioso y sofisticado. Hablamos de Lexikon, la nueva obra de El Conde de Torrefiel, compañía con base en Barcelona y puntera en los circuitos europeos de vanguardia, dirigida mano a mano por Tanya Beyeler y Pablo Gisbert. Coproducido por el Centro Dramático Nacional, su estreno este viernes en el teatro María Guerrero, con cuatro semanas por delante frente a las dos o tres funciones que suelen reservarse para este tipo de trabajos, supone un hito y una verdadera apuesta por una línea de trabajo más abierta a la experimentación en el ámbito institucional. Más dinero, pero también más tiempo para la creación y para llegar a oídos del público.
Texto y dirección Tanya Beyeler y Pablo Gisbert. Reparto: Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina. Teatro María Guerrero. Madrid. Hasta el 24 de mayo.

Juan Evaristo Valls Boix (Elche, 1990) se ha convertido en una de las voces más reconocibles del pensamiento crítico sobre la cultura del trabajo y el rendimiento permanente. Pensador y profesor de Filosofía de la Cultura en la Universidad Complutense de Madrid, sus investigaciones giran en torno a los imaginarios de la pereza y el descanso. Su escritura rehúye la jerga académica: por su filosofía transitan con naturalidad Kierkegaard y Britney Spears, la teoría crítica pero también los memes. En Metafísica de la pereza (2022) indagó en las tradiciones que han convertido el aburrimiento o el tiempo muerto en formas de resistencia. En El derecho a las cosas bellas (2025) amplió esa reflexión con un alegato a favor de una vida no sujeta a la productividad.
