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Las herramientas de masaje facial se han convertido en un imprescindible en nuestra rutina de belleza. Desde los rodillos de jade hasta las conocidas piedras Gua Sha, disponibles en diferentes versiones y materiales, todas prometen mejorar el aspecto de la piel con tan solo dedicar unos minutos al día a realizar un masaje. Ahora se suma a la lista un nuevo gadget: el cepillo facial de drenaje linfático, que se ha hecho viral en redes sociales por su supuesto efecto para desinflamar el rostro.




Un hombre de más de 50 años estaba realizando trabajos de desbroce en una pista forestal del municipio ourensano de Larouco cuando se topó, este miércoles al mediodía, con un nido de avispas velutinas. Los insectos lo atacaron masivamente y falleció casi en el acto, sin que los servicios de emergencias llegasen a tiempo para suministrarle el antídoto y salvar su vida. Al lugar de los hechos se desplazaron una ambulancia medicalizada y un helicóptero, además del médico del ayuntamiento de Larouco y un equipo de emergencias. La víctima, José E.A., natural del municipio pontevedrés de O Porriño, al sur de Vigo, llevaba muchos años residiendo en el ayuntamiento ourensano de Manzaneda. Actualmente trabajaba como alumno en un taller de empleo que daba servicio a varios consistorios de la zona: Larouco, Manzaneda, O Bolo y San Xoán de Río, en Ourense.
Un nutrido equipo de arqueólogos y genetistas ha encontrado algo que no entienden, pero saben que es único. Son dos muertos, un hombre y una mujer, enterrados alrededor del siglo V con honores junto a joyas casi idénticas. Lo extraordinario es que entre las tumbas de ambos hay 725 kilómetros. Una estaba en Augusta Emerita, la actual Mérida, capital regional de la Hispania romana. La otra yacía cerca de la cuneta de una de las grandes calzadas romanas, en una diminuta localidad llamada Ildum, en la costa mediterránea. Lo que les rompe la cabeza a los científicos es que el análisis de ADN muestra que eran hermanos. Es la mayor distancia jamás registrada entre dos personas tan emparentadas en un estudio de este tipo. ¿Quiénes eran y por qué fueron enterrados a una distancia así, de casi un mes a pie o quince días a caballo?


“Dame la dureza de la verdad, pero no me engañes con una mentira”. Así de tajante demuestra María del Monte (Sevilla, 64 años) lo importante que es para ella la transparencia y la sinceridad. Por eso, en el segundo párrafo del libro que acaba de publicar, Si el corazón se equivoca, se le perdona (HarperCollins), advierte de que su contenido “no va de su vida”, o al menos, de esa vida que ha asomado en la prensa y los programas del corazón más allá de su trayectoria profesional. “Eso no me interesa, la vida tiene más profundidad como para quedarse en esa capa de superficie”, zanja durante una mañana soleada que desafía los malos augurios de lluvia. La primera incursión de la sevillana en el mundo editorial es una generosa inmersión en sus inquietudes, sus motivaciones, sus zozobras y sus anhelos, que destapa describiendo de una manera franca y natural cómo se ha ido guiando en los ámbitos que para ella son más importantes: su familia, amigos, parejas, seres queridos y ausentes, sus orígenes y tradiciones, y ella misma. “Lo más bonito que me han dicho del libro, y que era mi único objetivo, es que leerlo era como charlar conmigo”, explica sonriente.

Hace años, cuando la gente preguntaba a Geoffrey Hinton por qué trabajaba con la inteligencia artificial, él repetía una frase de Oppenheimer, uno de los creadores de la bomba atómica: “Cuando ves algo grandioso, sigues adelante y lo llevas a cabo”. Ya no lo dice. Ahora se dedica a alertar sobre los peligros de continuar la carrera que él mismo empezó. Confiesa que, en parte, se arrepiente del trabajo al que ha dedicado una vida. Su reconversión de padrino de la IA a profeta de la catástrofe marcó un punto de inflexión en la industria. Sucedió en 2023, cuando abandonó su puesto como vicepresidente de Google entre advertencias funestas. Entonces, algunos vieron su reacción exagerada. Tres años después, muchos han seguido sus pasos.