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La erección matutina es el patrón oro para calibrar la testosterona, según varios foros masculinos de Reddit, donde toda una subcategoría se dedica a esta hormona, una variable que en internet solo se nombra con la letra T. En esos grupos, algunos en la órbita de la manosfera pero otros no, se intercambian y comparan analíticas cada seis meses. Ser señalado en este universo como low T (bajo en testosterona) es un estigma que apela a varios miedos masculinos: pulsión sexual débil, baja energía, cierta actitud pusilánime ante la vida y una cuenta corriente precaria.
El tomate con feta al horno para acompañar pasta que arrasó en las redes sociales en 2021 ya podría ser considerado comida viejuna viral, porque cinco años en Internet son como 50 en la vida real. Sin embargo, viene a cuento recordar aquel hit porque el plato de hoy se le parece bastante, si es que no fue su inspiración. Se llama buyiurdi (o bouyourdi, si transcribimos literalmente del griego escrito), viene de Grecia y, en su preparación, el queso y el tomate fresco también pasan por el horno con resultados igualmente lujuriosos.
Suelen identificarse solo a toro pasado: aquel momento me cambió la vida. Hay oportunidades, sin embargo, cuyo brillo se deja ver desde el principio. Esta es una de esas. Faro Santander lanza su II Convocatoria de Ayudas a la Creación, un programa que ofrece a los proyectos seleccionados una dotación económica de 10.000 euros, seminarios y mentorías con profesionales, la ocasión de compartir proceso creativo con otros artistas y, como remate, una muestra pública en un espacio tan espectacular como el Edificio Pereda, convertido desde su reciente rehabilitación y apertura en Santander en uno de los grandes focos culturales de todo el norte de España.
David Shrier no siempre ha sido dueño de su imagen. Cuando este profesor universitario abandonó la antigua institución académica donde impartía clases, esta siguió usando su rostro para promocionar un curso de emprendimiento en línea, con vídeos que él había grabado y sin pagarle nada a cambio. Tuvo que contratar a un abogado para que los retirasen de internet. Pero la idea no se desvaneció tras el pleito. Hoy Shrier enseña en Imperial Business School, en Londres, y cuenta con una réplica digital que responde a sus alumnos a cualquier hora. La conocen como Davatar. “Lo que sé es que ahora mi nombre, mi imagen y mi apariencia me pertenecen”, afirma.

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La Estatua de la Libertad es mucho más que un monumento: es el símbolo más reconocible de EE UU y un reclamo turístico que cada año atrae a millones de visitantes de todo el mundo. Sin embargo, ni siquiera esta condición de ícono nacional la ha librado de las consecuencias del bloqueo presupuestario, el temido government shutdown estadounidense. Miss Liberty, como se conoce popularmente el monumento entre los locales, tuvo que cerrar sus puertas en más de una ocasión porque el Congreso no logró ponerse de acuerdo para desbloquear a tiempo la financiación de la administración federal. El cese reciente más largo del monumento fue en 2013 y duró 12 días. A casi 6.000 kilómetros de distancia, en España, la legislación no contempla escenarios tan drásticos. Prueba de ello son los últimos años, en los que ni la Alhambra ni el Museo del Prado han dejado de recibir visitantes, ni mucho menos se ha paralizado el gasto público, aunque el país acumula ya más de 1.000 días sin que el Gobierno haya puesto sobre la mesa unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.
La parálisis presupuestaria que vive España desde hace unos años supone una anomalía en toda regla y deja en evidencia el vacío de la normativa al respecto. Las disposiciones legales relativas a la prórroga son muy escuetas y no prevén cómo proceder si el impasse perdura en el tiempo. “Nadie puede forzar a redactar un proyecto de ley. Antes era casi automático que, si el Parlamento no apoyaba los Presupuestos, el Gobierno convocaba elecciones. Ya no es así, y está ocurriendo también a nivel autonómico”, subraya Violeta Ruiz Almendral, catedrática de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Carlos III de Madrid.
Hay quien, sin embargo, ha movido ficha ante el bloqueo: el Senado —dominado por el PP— ha presentado un conflicto de atribuciones ante el Tribunal Constitucional contra el Gobierno por llevar años sin presentar un nuevo proyecto de Presupuestos. El organismo ha admitido a trámite el recurso y se espera una resolución para finales de año. La argumentación de los senadores es que el Gobierno está incumpliendo su mandato constitucional, recogido en el artículo 134 de la Carta Magna, de elaborar y presentar las cuentas, privando así al Parlamento de ejercer su función legislativa.
Mientras tanto, no hay ningún precedente que ofrezca pistas sobre cómo puede dirimirse la cuestión. El caso que más se asemeja a este conflicto se refiere a la declaración de inconstitucionalidad de una ley aprobada por el País Vasco para adaptar la prórroga del presupuesto autonómico en 2002. El Gobierno central impugnó la norma, alegando que pretendía crear un doble régimen presupuestario, y el Constitucional terminó anulándola por vulnerar los principios de unidad y universalidad presupuestaria.
Ruiz Almendral —quien fue letrada del Constitucional entre 2011 y 2020— explica que una manera para forzar un Gobierno a presentar los Presupuestos pasaría, por ejemplo, por endurecer el mismo artículo 134 de la Constitución. “¿Pero cuál serían las consecuencias? Puede que el resultado sea peor”, reflexiona la jurista. La idea de un bloqueo total como el estadounidense le parece impensable no solo en España, sino en Europa, un continente donde el sector público ocupa un gran espacio y el Estado del bienestar está asentado. “No sería asumible”, zanja.
Radden Keefe está preocupado con el futuro de la prensa libre en Estados Unidos. Reputado periodista de investigación, es uno de los escritores de no ficción más brillantes de su generación. La primera vez que salió de su país durante el primer mandato trumpista, cuenta, no se atrevió a llevarse su ordenador portátil por miedo a que se lo requisaran al volver en el aeropuerto de Nueva York, la ciudad donde vive. “Que yo, como estadounidense que no ha cometido ningún delito, esté asustado al pasar por mi propio aeropuerto, por una policía secreta, un equivalente moderno de la Stasi, es muy preocupante”, apunta, café en mano, el jueves pasado, en un restaurante de Barcelona. Relata que en The New Yorker, la prestigiosa revista para la que trabaja desde hace 20 años, ya están pensando qué hacer el día en que el Departamento de Justicia pueda entrar por la puerta con una orden de registro.