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Christophe Galfard (París, 1976) es un destacado divulgador científico. Tras investigar junto a Stephen Hawking los agujeros negros y el origen del universo, hoy está entregado a compartir sus conocimientos sobre el cosmos. Es autor de seis libros, imparte conferencias y tiene un programa en un canal de radio francés, Radio Inter. El autor de El universo en tu mano: Un viaje extraordinario a los límites del tiempo (Blackie Books, 2020), convertido en un superventas, es un científico exigente en la precisión de sus respuestas, pero también de las preguntas. Finalmente no pudo quedar con el periodista y la entrevista se realizó a través de videollamada. Acostumbrado a relacionarse con objetos a millones de años luz, el kilómetro de distancia que mediaba entre la vida en París del periodista y la del discípulo más brillante del científico más famoso del mundo, como reza la faja de su libro, era demasiado poco. Todo es relativo. Y eso es algo de lo que hablará también Galfard la semana que viene en su visita a España: es uno de los participantes del Foro de la Cultura de Valladolid, y estará presente en el Espacio Fundación Telefónica, en Madrid.
Arroutado es una palabra gallega que significa “arrebatado”: se llama así a quien es muy impulsivo y pierde fácilmente el control. Con ella se identifica Oliver Laxe (París, 43 años): “Hay en mí algo salvaje, no domesticado. Dionisiaco, dicho de manera fina. En la modernidad, lo traduciríamos como que soy un punki”. Estamos en Casa Quindós, su vivienda de Vilela, entre Navia de Suarna y Cervantes, en la comarca de Os Ancares Lucenses. Un entorno natural sublime que forma valles verdes entre montañas de pendientes muy pronunciadas y que en 2006 fue declarado reserva de la biosfera por la Unesco. Laxe rodó aquí una de sus películas, O que arde (2019). Originalmente, Casa Quindós era una palloza —antigua construcción circular de piedra, bajo cuyo techo de centeno convivían animales y humanos— sobre la que en los años setenta se levantó una vivienda. Perteneció a sus abuelos, y en ella nació su madre. Ya en los años 70, se levantó sobre ella la casa rural de pizarra. La familia iba los fines de semana cuando él era pequeño. Después, él la compró a sus tíos con el dinero que ganó gracias a sus primeras películas, para restaurarla durante la pandemia de la covid: “Dentro de Lugo, Os Ancares es una región remota, pero dentro de lo remoto esto lo es más aún. Aquí he escrito todos mis guiones. Mi sensibilidad es muy de estas montañas. Mis valores y cultura del trabajo, y también cierto nervio, cierto pulso”. Arroutado.
Pasan las ocho de una tarde lluviosa y desapacible en Madrid (como la mayoría en las últimas semanas). Daniel (28 años), Cristina (23) y Pablo (24) están apostados a la salida de su universidad comentando los últimos detalles del máster de Diseño de Producto que estudian. Un curso que cuesta 14.000 euros en la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT), que hace tan solo unos meses estrenó campus en la capital. Los tres jóvenes comparten sus motivaciones al elegir este centro privado en lugar de uno público: las mayores salidas laborales que proporciona al contar con numerosos acuerdos con empresas, los recursos tecnológicos que despliega y un profesorado bregado en el día a día del mundo corporativo. “Dinero llama a dinero”, dice Pablo, que ha venido a cursarlo desde Vitoria, como Daniel, llegado de Colombia con el objetivo de desarrollar su profesión en España, donde los salarios son superiores. Unos metros más allá, Carlos, alumno de grado de 22 años, suma a los argumentos la restringida oferta en su carrera y las elevadas notas de corte de la universidad pública para haberse decantado por la privada, donde cada uno de los cuatro cursos que recibirá sale por 12.000 euros.