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Alain de Botton (Zúrich, 56 años) cita a El País Semanal en una casa en obras. Da meticulosas instrucciones a los obreros con una sonrisa. Explica que su exmujer vive cuatro edificios más arriba. Ambas viviendas sobresalen entre las casas victorianas del barrio londinense de Camden. Cuenta que está terminando otra casa en Mallorca. Se enamoró de la isla hace 15 años. “Será extraño vivir allí. Nunca he pasado tiempo al lado de un árbol. Pero estoy preparado para el viaje”. En el recibidor hay jarrones con flores. Y, labrada en piedra, una cita de Séneca: “Para qué llorar por cosas de la vida si la vida entera exige lágrimas”. Me ve leyéndola y la interpreta: “Si tus expectativas son certeras no necesitarás llorar”.
Si alguna vez al trinchar una pieza de pollo se le ocurre preguntarse por el tipo de vida que habrá tenido el ser que está a punto de deglutir, esa duda tiene un origen: Peter Singer. Hace ya más de medio siglo que el filósofo australiano abrió la puerta a nuestra consideración por los animales en Liberación animal (1975). Singer no ha dejado de señalar las atrocidades a las que sometemos a millones de animales y ha ido nutriendo de cuerpo teórico a los animalistas. Sin embargo, la cifra no deja de aumentar: unos 70.000 millones de animales terrestres nacen y mueren cada año en la ganadería industrial. A Singer le atormentan además otros asuntos: la emergencia climática que ignoramos con descaro —como abordó en Un solo mundo. La ética de la globalización (Paidós, 2003), Ética para el mundo real (Antoni Bosch, 2018)— o la miseria en la que vive buena parte de la población mundial —Salvar una vida: cómo terminar con la pobreza (Katz, 2009)—, lo que le ha llevado a fundar una alianza que otorga un sello a las empresas que donan parte de sus beneficios a buenas causas. Singer es, en definitiva, un referente en ética que se define como consecuencialista: cree que las acciones deben juzgarse por sus consecuencias. No sueña con utopías ni hace propuestas revolucionarias. Parte del sistema en el que vivimos, y aporta propuestas que mejoran vidas.
Trabajar mientras se estudia suele presentarse como una buena idea: permite ganar experiencia, desarrollar competencias y, en el mejor de los casos, empezar a construir un currículo antes incluso de terminar la carrera. Pero esa fotografía solo cuenta una parte de la historia, porque dos estudiantes pueden compatibilizar universidad y empleo durante cuatro años y llegar a lugares completamente distintos. Mientras uno convierte esa experiencia en un trampolín hacia el mercado laboral, otro tarda más en graduarse, encadena contratos precarios poco o nada relacionados con su formación y acaba atrapado en un empleo del que le costará salir. Muchas veces, la diferencia no está en el esfuerzo que haga cada uno, sino en las condiciones que le haya tocado vivir.
EL PAÍS cumple 50 años de un proyecto compartido con sus lectores. Medio siglo de vida dedicado a descubrir la verdad y publicarla. Dentro de las celebraciones y actos conmemorativos, el diario ha lanzado Amigos de EL PAÍS, una modalidad de suscripción para quienes quieren ir más allá de la lectura y acercarse al periódico desde dentro. El corresponsal de Asuntos Globales, Andrea Rizzi, ha protagonizado el primer encuentro celebrado para este grupo de suscriptores, que busca una relación más directa con el periódico. El evento tuvo lugar el pasado jueves 2 de julio en la sede de Miguel Yuste, en Madrid, y estuvo moderado por la periodista Ana Alonso de Blas.
Formar parte de Amigos de EL PAÍS es acceder a experiencias, contenidos y propuestas pensadas solo para ti. Estas son las ventajas de hacerte Amigo:
Pot la rehabilitació d’habitatges convertir-se en una eina per combatre les desigualtats sociales? És posible que la transformació de carrers, parcs o places ajudin a mejorar la salut dels veïns que les habiten? L’urbanisme i l’arquitectura son mitjans eficaços per combatre l’augment de les temperatures a les ciutats? L’exposició Futur immediat: transformar l’espai públic metropolità, que es pot ver fins el 25 d’octubre a Barcelona, a l’Antiga Terminal de Drassanes del Port de la capital catalana, busca donar una respuesta a estos interrogants: no tan sols des d’un pla teòric, sinó también a través d’una enorme profusió d’exemples actuals d’actuacions en matèria d’habitatge, d’espai público i d’infraestructures que recullen la visión que l’Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB) ha consolidat durant els últims 40 anys.
Conducir es mucho más que desplazarse. En un coche, lo que queda en la memoria son las sensaciones: la tensión de las manos sobre el volante, la cadencia del movimiento, el diálogo entre la presión en los pedales y la respuesta del vehículo... Durante años se ha asumido que esa experiencia era patrimonio del motor de combustión y que electrificarla implicaba, en parte, perderla.
La gama IONIQ se apoya en una plataforma 100% eléctrica que combina baterías recargables, frenada regenerativa y motorizaciones capaces de ofrecer eficiencia y altas prestaciones sin emisiones. El Distintivo 0 de la DGT facilita el acceso a las zonas de bajas emisiones, y los cinco años de garantía ‒ocho en el caso de la batería‒ aportan la seguridad que muchos conductores buscan al plantearse abandonar los motores de combustión.
Para facilitar esa transición, Hyundai incorpora servicios pensados para simplificar el día a día. El plan Siempre enchufados, ofrecido de forma gratuita a todos los compradores de modelos eléctricos e híbridos enchufables de la marca, reúne soluciones de carga, mantenimiento y asistencia que hacen más sencillo dar el paso a la movilidad eléctrica.
Hyundai es el primer fabricante del mercado en desarrollar cinco tecnologías de electrificación: híbrida de 48V, híbrida eléctrica, híbrida enchufable, 100% eléctrica y pila de combustible de hidrógeno. Una diversidad que responde a una idea clara: avanzar hacia una movilidad más eficiente sin imponer un único camino y adaptándose a las necesidades de cada conductor.

Una de las pocas cosas que tengo claras en esta vida es que no soy lo que se dice una morning person. Es más, puestos a identificarme con algo, me siento más representada por un koala. ¿Sabías que duermen entre dieciocho y veintidós horas al día? Y, a diferencia de mí cuando suena la alarma del móvil, no parece que estas encantadoras y dormilonas criaturillas empiecen el día sobresaltadas. Todo lo contrario. Pasan buena parte de su vida adormecidas entre las ramas de los árboles, mecidas por los sonidos de la naturaleza y el ritmo de la luz solar.


