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Corre el año 2000. Emilio Delgado, por entonces un luchador de taekwondo de 24 años, campeón nacional júnior en varias ocasiones y con la vista puesta en los Juegos Olímpicos de Sídney de ese verano, ve que su mundo entero se desmorona: su puesto en el equipo olímpico de España, que él creía seguro, es adjudicado al final a otro compañero de la selección. Delgado se queda fuera. Con tanta rabia como amargura, decide renunciar en ese momento y olvidarse para siempre de ese deporte al que ha consagrado los últimos años de su vida. Su padre, un oficial de albañilería, de Móstoles, sindicalista de CC OO, le aconseja que se lo piense un poco. “Estás en un buen momento. Habrá otras Olimpiadas”. Pero Emilio le replica que no, que todo está decidido y que no hay marcha atrás: “Yo me bajo. Uno tiene su dignidad”. El padre le responde: “Muy bien: pues ponte a trabajar”. El joven lo hace. Como no tenía más estudios que el bachillerato y no sabía otra cosa que combatir en un tatami de taekwondo, acabó de animador en una feria, vestido de conejo. El día en que su padre lo vio en el salón de casa probándose el disfraz le soltó: “Ya veo que has recuperado la dignidad”.
La actuación de Bad Bunny en el intermedio de la Super Bowl estuvo marcada por la reivindicación de lo latino en un contexto de creciente xenofobia trumpista, un gesto épico y, como afirma el editorial de EL PAÍS de hoy, “una intervención política en el centro mismo del relato estadounidense“. Por ello, debatir la elección indumentaria del puertorriqueño podría parecer algo frívolo, de no ser porque la moda, como la música, también permite entender el presente a través de sus cambios. Bad Bunny eligió vestir de Zara, el gigante español de la moda accesible, y las reacciones —eufóricas, por tratarse de una firma popular en el espectáculo más grande del mundo, o desilusionadas, precisamente por eso— no tardaron en aparecer.
Javier Ambrossi es director, guionista y productor, ha sido actor, y de vez en cuando ejerce de jurado, profesor de interpretación y presentador (lo volverá a demostrar en el inminente Benidorm Fest 2026). Ahora también es columnista. Aquí, en ICON, desde este mes de febrero. Su columna lleva el nombre de Un hombre soltero y coge por los cuernos la parte más pública de su ruptura con Javier Calvo, su expareja sentimental: la primera entrega, titulada Ciudades encima de ciudades/Ciudades debajo de ciudades, reflexiona sobre la vida después de una separación. Está en la página 8, en el caso de que decida leerlo en papel desde este mismo sábado, fecha de publicación del nuevo número, y siempre que quiera aquí, si decide hacerlo en nuestra edición digital.