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La desigualdad actual es peor que la que Estados Unidos vivió durante la Gilded Age de finales del siglo XIX, dice Joseph Stiglitz. “La persona más rica de aquella época era John Rockefeller, pero su fortuna no era comparable a la de Elon Musk, Larry Ellison o Jeff Bezos”, explica por teléfono el economista, laureado en 2001 con el Nobel de Economía. “Su influencia política bajo el mandato de Donald Trump tampoco tiene precedentes, con Musk como el ejemplo más claro”.
El 5 de mayo de 1789, el rey Luis XVI de Francia inauguró los Estados Generales. La institución se reunía ese año con el objetivo de abordar el problema de una inflación galopante y una bancarrota en las cuentas de la monarquía, endeudada hasta las cejas por la falta de ingresos. Y es que ni la nobleza ni el clero pagaban impuestos. No porque les faltara el dinero. Si no pagaban era por algo más sencillo y absurdo: ese era su privilegio.
Hay imágenes que nunca desaparecen de la retina de un país, de su memoria política y popular. Una de ellas es la de Joschka Fischer (Gerabronn, Alemania, 78 años) con zapatillas deportivas jurando el cargo de ministro en el Estado federado de Hesse, en 1985. Por primera vez Los Verdes, movimiento asambleario nacido unos años antes, entraba en un Gobierno regional. Era un cambio de época. Trece años después, Fischer se convertiría en vicecanciller y ministro de Exteriores del primer Gobierno federal con Los Verdes, aliados con el Partido Socialdemócrata del canciller Gerhard Schröder.

La revolución digital, en el quinto puesto de revoluciones en la historia de la humanidad, va tan rápida que ha pillado a la mayoría de personas, organizaciones, gobiernos e instituciones con el paso cambiado. También a la Unión Europea. El resultado es que ahora mismo muchas de las infraestructuras tecnológicas de la UE están en manos de unos pocos consejeros delegados estadounidenses y chinos, lo que vendría a ser como si un puñado de fontaneros pusieran todas las tuberías en Europa, siendo además los propietarios de estas, del agua que fluye por ellas, y pudieran decidir el precio, la cantidad, la presión o cortar su suministro si así les conviene.