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Los 23 minutos de fallos en el sistema de seguridad ferroviaria LZB y decisiones inexplicables tomadas en el centro de control de la circulación de Adif, que desembocaron este miércoles en una nueva tragedia ferroviaria en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, dejan cabos sueltos que tendrán que atarse en la doble investigación abierta: la policial que lidera el juzgado de instrucción número 2 de Orgaz (Toledo) y la técnica que recae en la Autoridad Administrativa Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes e Incidentes ferroviarios, marítimos y de aviación civil. Una de las cuestiones que requiere respuesta es si el LZB alemán de los años 90 está obsoleto o funciona con las mismas prestaciones que el más moderno ERTMS.


La campaña ha dado un vuelco. La tragedia ferroviaria de Toledo ha irrumpido como un cisne negro en la precampaña electoral cambiándolo todo. El accidente, que dejó al menos 68 fallecidos y 77 heridos, el segundo mortal en la alta velocidad española en apenas nueve meses, ha dado una sacudida al tablero cuando faltan solo 31 días para las elecciones generales del 29 de noviembre. Nada será igual ya después del siniestro, admiten en las cúpulas de todos los partidos políticos, obligados a recalcular sus estrategias y sus agendas para adaptarse a la catástrofe. El Gobierno, el principal responsable de la red ferroviaria, está en shock por una tragedia que se le sitúa en el peor escenario político posible en plena contienda electoral y que pone en el punto de mira al ministro de Transportes, aunque Pedro Sánchez mantiene de momento el apoyo a Óscar Puente. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, mantuvo ayer un tono institucional y evitó pedir dimisiones por respeto a las víctimas, pero la presión irá en aumento. Vox se lanzó al ataque señalando a Sánchez como responsable y hasta Frente Amplio endureció el tono pidiendo responsabilidades políticas.
Se acabó el colegueo de Broncano y sus coleguitas con los candidatos más afines. Y los chascarrillos cómplices de Motos y sus hormigas con los suyos. Se terminaron las piruetas con la IA de los malotes de los partidos ensalzando a sus propios líderes y humillando a los rivales. Se acabaron los bailes arrítmicos de Sánchez en sus mítines. Y los juegos de palabras autoboicoteados por Feijóo en los suyos. Podría seguir pasando revista a todas las siglas, pero aquí lo dejo, porque, por supuesto, nada de eso ha terminado ni va a terminar ni siquiera estando aún caliente el ADN de las víctimas de los trenes de Toledo en las vías. Abascal y sus esbirros ni se han molestado en disimular y ya le han echado los muertos a la cara al Gobierno antes siquiera de ser identificados por sus deudos. Y al resto, les falta cinco minutos para usarlos como munición partidista y enzarzarse a hostias con ellos. Todo lo más, dejarán pasar el puente de Todos los Santos y Difuntos, macabro capricho del calendario, para volver a los zascas, al jijí-jajá y a las consabidas gamberradas de la IA insultando la inteligencia del votante, no sea que los tachen de boomers trasnochados, el nuevo sambenito para todo.
El 14 de mayo de 2016, el Ayuntamiento de Madrid programó en Las Vistillas a un colectivo de rap al que buena parte de su propia escena llamaba “pijo”. Agorazein, que formaban C. Tangana, Sticky M.A., Jerv.AGZ, I-Ace y DJ Fabianni, planteó aquel concierto como una fiesta familiar, “AGZ Familia”: en el cartel, dibujado a mano, había una cena con Antón Álvarez (Pucho para los suyos, C. Tangana para el público) en el centro, un cocodrilo en la mesa y, alrededor, amigos como el rapero Elio Toffana y el productor Alizzz. Ese mismo día, en HHGroups, el foro del rap español, alguien escribía: “En fin, que [C. Tangana] molaba más cuando era Crema”. Crema era el nombre con el que Álvarez empezó a rapear, sobre 2005. Seis meses después, el 15 de noviembre de 2016, Agorazein publicó Siempre, quince canciones que resultaron ser el último disco del grupo.



Hay días en que uno apaga la televisión y también salen tertulianos. El doctor Cabrera es uno de ellos. Es un personaje televisivo que lleva más de una década opinando sobre sucesos y casos mediáticos. Pero —siempre hay alguno que otro cuando se opina— desde que Horizonte se ha metido en la batalla política de las tertulias nocturnas, sus intervenciones se han vuelto cada vez más polémicas y virales que nunca.
Susi Sánchez (Chirivella, Valencia, 71 años) espera en la puerta del hotel Capitol de Madrid. Es curioso que admita no saber representar el papel de estrella, porque su figura de estrella clásica de otro tiempo detiene la mirada de las personas que a estas horas, media tarde, cruzan la Gran Vía. Ha trabajado con Pedro Almodóvar en La piel que habito, Julieta y Dolor y gloria. Ganó el Goya a la mejor actriz protagonista en 2019 por La enfermedad del domingo, de Ramón Salazar, y el de reparto en 2023 por Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa. Tiene un premio Max a la mejor actriz de reparto por Cuando deje de llover, en 2014. Sube a la terraza, busca sombra, pide agua. Las miradas de los demás no dejan de llover sobre ella, pero se hace la distraída. Ha dado vida a Pascuala, la abuela de un niño de once años que se va a vivir con ella tras la desaparición de su padre, en El mal hijo, la ópera prima de Jaime Lorente.
Hay pocas figuras en España reconocidas únicamente por su nombre –Raphael, Chenoa, Amaia, Rosalía, Ramoncín–, muchas menos reconocidas únicamente por su primer apellido y puede que solo una reconocida por el segundo. Todo el mundo sabe quién es Palomo, el personaje, pero no tantos que su nombre completo es Alejandro Gómez Palomo. Alejandro nació en Posadas, Córdoba, y tiene 34 años. Palomo ha cumplido diez como firma y también como gran personaje de la moda española del siglo XXI. Ha conseguido que una propuesta revolucionaria y desafiante llegue al gran público, a las pasarelas internacionales, a acuerdos con todo tipo de marcas y a los famosos más absolutamente famosos del mundo. Y el hombre detrás de Palomo, gracias a su presencia constante en medios, se ha convertido en una figura en sí mismo, uno de esos modistas que consiguen llegar a una audiencia que tal vez no sepa de patrones o costuras, pero reconoce el impacto cultural y las hechuras que definen a una estrella. En ICON hemos pedido a Palomo y a Alejandro Gómez Palomo, a los dos a la vez, que repasen los cinco momentos que han definido esta década que ha pasado desde el nacimiento de su marca.
El domingo, dos días antes de la apertura de las urnas en Israel, Benjamín Netanyahu compartió una imagen creada por inteligencia artificial que simulaba la caída de una bomba nuclear (por supuesto, iraní) sobre Tel Aviv. La publicó en sus redes sociales citando a un activista de ultraderecha que advertía del riesgo de un “segundo Holocausto”. Esos días, los autobuses públicos llevaban en los laterales un anuncio electoral con aviones de combate junto a los rostros de Netanyahu y del presidente de EE UU, Donald Trump, y la frase: “Tenemos una sola oportunidad de ganar”. El mensaje estaba claro: votar al Likud es garantía de vida y de victoria; hacerlo a la oposición, riesgo de muerte y derrota, aunque sea Israel (y no Irán) quien tiene armamento atómico y Netanyahu quien diese meses antes por “devastado” el programa nuclear de Teherán.

―He visto que te vas a gastar 25 o 35 millones de euros... Viene en el periódico. Menos mal que tenéis dinero, qué suerte tenéis. Nosotros no tenemos ni un puto duro.