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Llega la hora de la entrevista y Jim Sheridan (Dublín, 77 años) no está. No cunde el pánico en el equipo de prensa porque ha avisado. Esa mañana, en el hotel madrileño donde se aloja, no había tortilla de patatas. Y tras preguntar en recepción, se ha lanzado a las calles a comer un pincho junto a su esposa. “Ha dicho que le encanta y que quería probar una buena”, advierten. Por los ventanales del salón se ve al cineasta irlandés, el responsable de poderosas películas como Mi pie izquierdo, El prado, En el nombre del padre, The Boxer o En América, regresar con un paso calmo, que será el mismo ritmo en el que mantenga la conversación tras las fotos: le gusta hablar mucho; eso sí, de manera tranquila.
Revisé con interés renovado y placer la excelente película Doce hombres sin piedad, dirigida por el sobrestimado y tantas veces excelente Sidney Lumet, alguien que retrató mejor que nadie las calles de Nueva York y las angustias que florecen en ellas. Era modélico el guion y la forma de narrar la compleja historia de un jurado popular que debe decidir la culpabilidad o la inocencia de un chaval acusado de haberse cargado a su padre. Las pruebas parecen ser evidentes y la condena es unánime. Excepto para un miembro de ese jurado, individuo que plantea la duda y la complejidad, encarnado por el inmenso Henry Fonda, actor que personificaba la elegancia estética y moral, siempre creíble. Aquí conseguía sembrar la incertidumbre en los que antes tenían tan clara la culpabilidad del acusado. Y la racionalidad terminaba venciendo al dogma. Esa apasionante temática era terreno abonado para inspirar a películas futuras. O para plagiar aquel inquietante argumento. Con mejor o peor fortuna, por supuesto.
Dirección: Jim Sheridan, David Merriman.
Intérpretes: Vicky Krieps, Jim Sheridan, Colm Meaney, Aidan Gillen.
Género: drama. Irlanda, 2025.
Duración: 89 minutos.
Estreno: 8 de mayo.
El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla. ¿Te animas a resolverlo?
El caso es que, si lo pienso, no he disfrutado nunca de un yo estable. Digamos que he fabricado uno para cada situación. Erijo yoes a cien por hora. Mi yo es un fijo discontinuo, un eventual, un becario sin sueldo, un falso autónomo… Cuando pienso en mi vida, veo un archipiélago de yoes que no se comunican entre sí. Un yo fragmentado, si lo prefieren, hecho pedazos como un espejo roto en mil pedazos. Estoy en todos esos trozos del espejo y en ninguno. Por eso necesito tanto amor, porque el amor funciona a modo de aglomerante de esa naturaleza atomizada. Está el yo que come, el yo que duerme, el yo que mea (con dificultades, por una próstata insurrecta), el yo que va al cine, el que sale del cine, el que lee y deslee, el que es padre, el que fue hijo… Ya no soy hijo porque mis padres murieron, así que dispongo también de un yo huérfano, que vive en la cafetería del tanatorio, y al que acompaño en el sentimiento.
Para una generación entera, el fundador de Podemos, Pablo Iglesias, fue quien popularizó el oficio de politólogo: eran aquellos años posteriores a que nuestro país protestara, desde abajo, de la mano de los indignados. Para otra generación, en cambio, será la princesa de Asturias, Leonor de Borbón, quien simbolice el estudio de la ciencia política: una joven que ha pasado tres años aprendiendo en una institución jerárquica como son las Fuerzas Armadas a servir a los ciudadanos. La metáfora describe bien la evolución de España en estos 12 años. Hoy son las instituciones tradicionales del Estado las que parecen tener más capacidad de transmitir confianza, mientras que aquel populismo de las plazas ha mutado en cierta desafección democrática.
El doble bloqueo de Ormuz es un choque de época, con infinitas derivadas. De sufrimiento para los países importadores de petróleo y gas, en especial para los más pobres. De penuria, también, para los exportadores del golfo Pérsico, acostumbrados a nadar en la abundancia y que ahora ven cortocircuitados sus canales de venta. Y de dinero caído del cielo para las potencias fósiles de fuera de esa región, que están pudiendo vender ―y a precios mucho más altos― todo lo que sacan del subsuelo. Con un nombre destacado: el de Estados Unidos, que en poco más de una década ha pasado de una gran dependencia energética a una hegemonía ahora reforzada por la guerra ―su guerra― contra Irán.
Una semana antes del cónclave que empezó el 7 de mayo de 2025 se reunieron en un lujoso hotel del centro de Roma, el St. Regis,120 grandes donantes católicos de Estados Unidos, llamados por la Papal Foundation. Es una organización creada en 1988 por Juan Pablo II, en sintonía con Ronald Reagan en la Guerra Fría y tras el establecimiento de relaciones entre ambos estados en 1984. Nació para dejar atrás el escándalo de las finanzas vaticanas y canalizar hacia la Santa Sede el dinero de EE UU, el país que es el mayor benefactor de la Iglesia católica: se calcula que esta fundación ha donado 250 millones de dólares hasta 2024. Pero eso fue hasta el pontificado de Francisco, cuando ese flujo cayó drásticamente, pues Jorge Bergoglio era visto por el mundo más conservador como un papa comunista que odiaba EE UU.
Estados Unidos llega a la Bienal de Venecia dando un nuevo ejemplo de la ofensiva cultural de Donald Trump: con un artista inesperado, escogido tras una selección opaca, y con el pabellón en manos de una figura sin experiencia en el arte, pero bien conectada con el entorno del presidente. El pabellón del país en los Giardini, una de las dos sedes de la gran cita del arte contemporáneo, también llega precedido de controversia en una edición marcada por las tensiones políticas desatadas por la participación de Rusia e Israel.

A la dirección del Congreso se le agota la paciencia con los agitadores ultras Vito Zoppellari Quiles y Bertrand Ndongo. Los dos, amparados en las credenciales de prensa que les fueron concedidas, campan por la Cámara hostigando a políticos de izquierda, reventando ruedas de prensa y enfrentándose a periodistas de diversos medios. Quiles y Ndongo han protagonizado esta semana nuevos incidentes, que han derivado en tres denuncias más ante los servicios del Congreso, basadas en las disposiciones introducidas el pasado año en el Reglamento para ponerle coto a ese tipo de actitudes. Quiles ya acumulaba ocho expedientes tras diversas denuncias presentadas por grupos políticos o por la propia Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP). Ndongo, otros dos. La Mesa, en la reunión del próximo miércoles, se dispone a aprobar las primeras sanciones contra ellos, que con toda probabilidad derivarán en la retirada temporal de sus acreditaciones.